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martes, 17 de enero de 2012

¿Solo el señor Dios nos puede dar la alegría?

Una Alegría Permanente
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“Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos” (Salmo 19:8)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 19:1-14; Juan 15:11

Todos los especialistas de la salud y el comportamiento humano coinciden en la profunda necesidad que tiene el hombre de hoy de cultivar una vida rica interior, una dinámica vida espiritual. Concluyen que aún después de lograr el éxito a todo nivel profesional, económica y familiarmente, existe un vacío que nada ni nadie puede llenar. La gran necesidad del hombre se resume entonces en encontrarle a su vida un sentido y un propósito de carácter trascendental y eterno.

Muchos en esta búsqueda corren de aquí para allá sin saber a dónde van, como barcos a la deriva llevados por todo viento en medio de la oscuridad. Pero lo que es aún peor, muchos hoy en día han perdido la alegría de vivir. Por alguna razón han sido afectados por el virus de la congoja y el desaliento. La falta de entusiasmo se ha apoderado de ellos y cada día buscan soluciones pasajeras, respuestas temporales que dejan como en un círculo vicioso, mayor vacío, tristeza y soledad. Dios ha diseñado al hombre de tal manera que tuviera compañerismo con Él, y que su vida fuera dirigida desde su área espiritual, y desde ésta, todas sus necesidades emocionales y psicológicas fueran abundantemente suplidas. El método sería cultivar la comunión con Dios y su Palabra, una obediencia real a sus preceptos e instrucciones.

Estos preceptos actúan como un poderoso haz de luz que ilumina el navío naufragado y lo lleva de regreso a puerto; son infalibles parámetros muestran un camino seguro y esto genera confianza para decidir y actuar. Somos libres de la incertidumbre y del temor y por el contrario experimentamos tranquilidad y paz. Además, estar lleno de la palabra de Dios, es recuperar la alegría y el “entusiasmo”, es decir, “ser lleno de Dios”. En fin, es encontrar incontables recursos para prevenir y enfrentar las tensiones propias de la vida y del ambiente, y ser feliz.

HABLEMOS CON DIOS

“Papá Dios, gracias te doy por tu Palabra, porque en ella encuentro la guía y la luz que necesito para caminar en la vida; gracias porque tus mandatos son íntegros y así mismo quieres que sea mi corazón. Señor, hoy te ruego que me enseñes a amar más tu Palabra y que yo haga de ella mi verdadero manual de vida; que mi alegría sea poder disfrutarla y obedecerla, así como lo expresaba el rey David: Tus testimonios son mis delicias y mis consejeros” (Salmo 119:24).
Lolita Cruz de Chamorro.

lunes, 16 de enero de 2012

¿Debemos ocuparnos primero por las cosas de Dios?

Nada nos hará falta
“Temed a Jehová, vosotros sus santos, pues nada falta a los que le temen. Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien” (Salmo 34:9-10)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Mateo 6:25-34

Dios ha prometido suplir nuestras necesidades y recompensar la obra de nuestras manos. La palabra de Dios nos enseña que no debemos afanarnos por las añadiduras, pues es tarea suya proveer a aquellos que confían y se acogen a su amor, y a los que buscan como máxima prioridad su bendición. Temer a Dios es amarle y reverenciarle, dándole el primer lugar en nuestra vida; es buscar hacer su voluntad y no la nuestra, utilizar sus métodos y no los nuestros. Dios ha establecido principios de prosperidad para todos los hombres. Si tenemos la suficiente fe para acercarnos a Él y aplicar esos principios a nuestra vida, haciéndolos parte de nuestro ser, de nuestro actuar diario, entonces no tendremos falta de ningún bien. Veamos algunos de estos principios:

-La comunión con Dios a través de la oración y una vida de estudio diario de la Biblia y obediencia a sus principios, nos asegura prosperidad

-Vida de limpieza y santidad, pues Dios ama y recompensa la rectitud

-Vida de amor y honra a los padres para ver largos y buenos días

-Vida de administración y fructificación, pues al que sabe ser fiel en lo poco, sobre mucho lo pondrá el Señor

-Vida de generosidad y amor por los demás, pues la mano que se extiende para dar, Dios la llena para que pueda dar más

-Vida familiar armoniosa y productiva, pues Dios bendice al que sabe mantener en paz su propia casa y al que provee primeramente para los suyos

-Vida de amor por Jerusalén, identificándonos con lo que Dios tanto ama, la tierra que Él ha hecho el sitio de su morada

-Tener una visión adecuada del trabajo como la honrosa responsabilidad que Dios ha dado al hombre para que se desarrolle, genere recursos para su sostenimiento y el de su familia, y tenga la oportunidad de colocar sus habilidades al servicio de otros.

HABLEMOS CON DIOS

“Señor, te doy muchas gracias por esta maravillosa palabra de confianza y de consuelo que me das. Gracias porque entiendo tu preciosa bendición que me provee de todo lo necesario, a tal punto que puedo afirmar: “Nada me hará falta”, te ruego que siempre ande en temor reverente delante de ti y viva para agradarte, y de esta manera disfrutar siempre de tu provisión”.
Lolita Cruz de Chamorro.

viernes, 13 de enero de 2012

¿Sabemos orar?

Una correcta actitud al orar
“Más tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6:6)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 63:1-11

Orar es hablar con Dios, esto quiere decir que es un dialogo íntimo entre Dios y la persona que ora; por consiguiente, debo tener la seguridad que al único que le interesa oír mi oración es a Dios. Este es un tiempo para disfrutar con la persona que más me ama, que es Dios; así mismo recibo su ayuda en mis necesidades, su fortaleza en mis momentos de lucha y su paz en medio de la tormenta. Es mi actitud y motivación, la clave que define la respuesta a mi oración.

La actitud con la que Dios quiere que vayamos a Él, es la de un hijo que anhela ardientemente encontrarse con su padre a quien sabe amoroso y lleno de poder; ante cuya benignidad y santidad se siente impresionado y conmovido, y ante cuya sabiduría no puede más que sentir respeto y temor reverente. Cualquier otra actitud o motivación es equivocada y nos impide llegar hasta la misma presencia de Dios, ser escuchados y obtener respuesta.

El Señor Jesús nos ilustra esta enseñanza, revelando lo que sucedió en la intimidad del corazón de dos hombres que subieron al templo a orar. El primero, un fariseo que se creía justo, permaneció en pie dando gracias a Dios por no ser como los otros hombres: ladrones, injustos, adúlteros. El segundo, un publicano arrepentido, permanecía de lejos sin atreverse a levantar los ojos al cielo y golpeándose el pecho clamaba: “Dios, sé propicio a mí, pecador” (Lucas 18:13).

Todo lo que sucede en la intimidad de nuestra oración, sale a la luz pública en forma de un resultado notorio y evidenciable. No necesitamos publicar que hemos orado, los demás lo notarán en nuestra manera de ser, de comportarnos y en el trato que le damos a los otros. La arrogancia del fariseo impidió que se encontrara con Dios aunque estaba en el lugar más indicado, y por eso nada pasó en su vida. Siguió siendo exactamente el mismo. Por su parte, el publicano obtuvo su perdón y comenzó a disfrutar de un cambio real en su vida.

HABLEMOS CON DIOS

“Amado Dios, qué privilegio el que Tú me das al poder tener un encuentro íntimo contigo cada día a través de la oración. Te pido que siempre haya en mi corazón una correcta actitud de amor y gratitud. Que los demás puedan reconocer el valor de la oración por la obra que Tú estás haciendo en mí, transformándome en una persona humilde y llena de amor”.
Lolita Cruz de Chamorro.

jueves, 12 de enero de 2012

¿Jesús es el camino, la verdad y la vida?

El nombre que hace maravillas

“Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido” (Juan 16:24)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Juan 14:1-14

No hay nada más alentador que entender por revelación del Espíritu Santo que Dios es nuestro Padre, y que como tal, su mayor deleite es ver felices a sus hijos, saber que disfrutan de bienestar, paz, gozo, seguridad y que nada les falta. ¡Qué maravilloso es entender el amor de Dios manifestado de tantas y tantas formas! Por ejemplo, su firme intención de bendecirnos, la buena y perfecta voluntad que tiene para con nosotros, las santas motivaciones y puras intenciones que tiene para con cada uno, sus pensamientos de bien y de paz para todos los hombres y mujeres sobre la tierra. El rey David resume lo que Dios está dispuesto a hacer por nosotros en esta hermosa declaración: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, el Señor me recogerá” (Salmo 27:10).

El problema por el cual el hombre no disfruta del amor de Dios y de su bendición, es el mismo desde la creación: la desconfianza. Esto fue lo que le impidió a Adán percibir el carácter santo de Dios, a través del trato y de las instrucciones que le daba. Se dejó engañar por la serpiente, el enemigo de las almas, quien le hizo pensar que tal vez las intenciones de Dios no eran buenas.

¿Ha permitido que la desconfianza le aleje de Dios y de la bendición que tiene para su vida? Recuerde que Jesús es nuestra garantía de que toda petición será escuchada por el Padre Celestial. Orar en el nombre de Jesús, es reconocer que como hijo de Dios vivió una vida de obediencia perfecta a su Padre, ganando para sí y para nosotros la maravillosa promesa: “Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones” (Salmo 2:7-8).

Así que, creyendo en Jesús como Señor y Salvador, dispóngase a ver la gloria de Dios, pidiendo en su nombre todo aquello que hará notorio su gran poder e infinito amor.

HABLEMOS CON DIOS

“Mi buen Señor, perdóname porque muchas veces permito que la duda se interponga entre los dos llevándome a desconfiar de ti. Desde hoy me acercaré con confianza, con la confianza del Hijo, pediré en su nombre y esperaré lo mejor”.
Lolita Cruz de Chamorro.

miércoles, 11 de enero de 2012

¿Cristo es la verdadera paz.?

La Paz de Cristo.
“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33)

PASAJE COMPLEMENTARIO: 1 Reyes 19:9-18

Muchas personas creen que “paz” significa ausencia de dificultades, o no tener problemas. Esto no es así, más bien es la certeza de la dulce y amorosa presencia de Cristo en aquellos que viven junto a Él. Y precisamente, esto fue lo que les dijo a sus apóstoles antes de irse al cielo: Si ellos permanecían unidos a Él, podrían vivir felices y seguros en todo momento y circunstancia. Allí está el valor que necesitamos para adquirir fe en el espíritu, tranquilidad en el alma y por supuesto, fortaleza y salud en el cuerpo.

Queridos amigos, esa es la verdadera paz. No la que se consigue aislándose del mundo, ensimismándose o cerrando los ojos a la realidad. Tampoco se encuentra en ninguna circunstancia externa. La verdadera paz es Jesús, quien con su amor conquista nuestra vida, nos sana, nos transforma, nos enseña a perdonar, a creer, a confiar, a esperar, a disfrutar, a amar.

Es inevitable pasar por experiencias difíciles, sufrir adversidades o tener aflicciones. La vida en el mundo está sujeta a todas estas cosas. Sin embargo, el propósito de nuestro Padre Dios es que seamos felices, así que nos ha dado una vida que no es de este mundo. Una vida divina, su vida. Al recibir a Cristo, ya no pertenecemos a este mundo aunque estamos en el mundo.

Así que, aunque vivamos todas estas circunstancias, ellas ya no pueden destruirnos ni desanimarnos. Permanecer en Jesús, conociéndolo, oyendo su Palabra, confiando en sus promesas y haciendo como Él nos dice, nos asegura una paz que sobrepasa todo entendimiento, que permanecerá aún en medio de las más terribles tormentas. Así que la invitación en este día es a confiar, sabiendo que ningún problema en nuestra vida será más fuerte que el Señor.

HABLEMOS CON DIOS

“Señor, gracias por asegurarme una paz verdadera, que el mundo no puede entender. Una paz que surge desde el interior, desde mi corazón, cuando aprendo a confiar en ti. No importa lo que suceda a mi alrededor, Tú me das la capacidad de estar en pie, victorioso, aún en medio de la adversidad”.
Lolita Cruz de Chamorro.

martes, 10 de enero de 2012

¿En Cristo ya somos Linaje escogido?

Un nuevo linaje
“Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:29)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Génesis 17:1-7; 1 Pedro 2:9-10

Ser de Cristo, es pertenecerle a Él. Representa la maravillosa experiencia de tener una vida nueva, con sentido y propósito, con felicidad y fruto. La única condición es hacer una entrega genuina, personal, consciente de nuestra vida a Él, aceptándole como Señor y Salvador; invitándole a morar en nuestra vida y disponiéndonos para que haga de nosotros la persona que Él quiere que seamos. Entonces, tiene lugar un milagro extraordinario: somos hechos nuevas criaturas, con una nueva naturaleza, con un nuevo pasado, presente y futuro. Somos hechos parte de una familia espiritual cuyo origen se remonta a un hombre llamado Abraham.

En esa promesa dada al padre Abraham, estamos amparados para igualmente poseer esa herencia, la que nos permite ser benditos para llevar bendición a nuestros hijos y futuras generaciones. La única condición para ello es “estar unidos a Cristo” lo cual no da el derecho a recibir las promesas de nuestro Padre Dios. Al identificarnos con la fe de Abraham y recibir a Cristo en nuestro corazón, pasamos a ser parte de su pueblo. Podemos decir que venimos de los lomos de Abraham, que somos linaje suyo y, por tanto, herederos de la misma promesa de bendición. Esto nos lleva a entender que todo lo que vivimos ahora es por fe y viviendo por fe, disfrutamos de sus enormes bendiciones como:

-Vida libre de paradigmas: La fe caracteriza al que tiene linaje, y como tal aprende a mover montañas de incredulidad, dudas, mediocridad y herencias de maldición

-Vive confiando en Dios porque experimenta su amor paternal que le hace una persona segura, decidida y victoriosa, capaz de romper las barreras del temor, el fracaso y la mediocridad

-Llamados a ser padres de multitudes: Nace en nosotros entonces el deseo de rodearnos de hijos espirituales, a quienes podemos comunicar consejo, dirección y formación, tal como lo hemos recibido de nuestro padre Dios, a través de nuestros líderes espirituales.

HABLEMOS CON DIOS

“Señor Jesús, gracias por haber llegado a mi vida y darme el derecho de ser hijo de Dios. Cuánto significado adquieren hoy tus palabras que me otorgan la dignidad más alta: la de ser bendito en la fe del creyente Abraham y heredero de sus promesas. Ahora sé que vivo para disfrutar esa bendición y comunicarla a otros. ¡Qué hermoso propósito para vivir!”.
Lolita Cruz de Chamorro.

lunes, 9 de enero de 2012

¿En el Espíritu o en la Carne?

Amigo inseparable.
“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.” 1 Corintios 6.19-20

PASAJE COMPLEMENTARIO: Romanos 8: 1-39

La ausencia misma de Dios, su plenitud y su carácter no son para nuestro mero conocimiento intelectual; podemos tener mucho conocimiento de la Palabra de Dios y conocer sus atributos, pero sin la acción del Espíritu Santo; esto no tendrá el efecto que Dios dispuso para nuestra salud total.

La vida cristiana es una vida de fe y no de emociones, pues si dependemos de éstas, sería difícil o más bien imposible apropiarnos de nuestra herencia. Con el Espíritu Santo morando en nuestro ser se abren las puertas a una vida sobrenatural, donde los milagros, señales y prodigios hacen parte del diario vivir, donde la verdadera felicidad y realización se hacen compañeros inseparables de nuestra existencia. Cuando Cristo llegó a nuestra vida, el Espíritu Santo vino a morar en nuestro ser, trayendo orden y armonía a nuestra personalidad y respuesta a nuestros conflictos, en un proceso que se prolonga a lo largo de toda la vida. La base de este tratamiento es la nueva relación de Padre- hijo que se establece entre Dios y todos aquellos que voluntariamente le han aceptado en su vida.

Ahora entendemos como revelación, que el Espíritu Santo está en nosotros, que nuestro cuerpo es su morada y su permanencia en nosotros es eterna e incondicional. Una relación así pone fin al a búsqueda insaciable del hombre: ¡Nunca más estaremos solos! Y este encuentro con nuestro Padre Celestial nos permite reconciliarnos con nosotros mismos y con la familia, la sociedad y el mundo que nos rodea.

Así mismo es necesario entender, que por ser ahora morada de Dios, estamos llamados a vivir una vida de santidad y de integridad; una vida para agradarle, para honrarle, para ser la razón de su felicidad. Nuestro ser ha sido enriquecido con su presencia, y nuestra valía se ha elevado; por esta razón, no vivir para glorificarle con nuestro ser, es despreciar el inmenso privilegio de la misericordia de Dios. Aprópiese por fe de la llenura del Espíritu Santo; entienda que el alto precio pagado por nuestra felicidad, ahora se ve reflejado en esta presencia permanente de Dios en nuestro ser.

HABLEMOS CON DIOS

“Espíritu Santo, llena mi vida de tu poder para ayudarme a vivir de tal manera que te agrade, de tal forma que pueda honrarte y darte la gloria todos los días de mi vida. Amen”.
Lolita Cruz de Chamorro.