La obediencia asegura la bendición
“Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas” (Josué 1:7)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Josué 1:1-11; Filipenses 2:5-11
Cuando Josué fue elegido para suceder a Moisés, Dios le prometió que su presencia estaría con él en esta difícil tarea, y no lo dejaría caer frente a ningún enemigo, siempre y cuando le obedeciera incondicionalmente. Josué así lo hizo y logró una de las hazañas más grandes de toda la historia. La obediencia es esencial para caminar con Dios
La obediencia tiene que ver con el conocimiento que tengamos de la voluntad de Dios y la disposición de nuestro corazón para cumplirla; por eso es necesario que seamos disciplinados y constantes en el estudio de la Palabra de Dios, la cual es nuestra principal fuente del conocimiento de nuestro Padre Dios. Además, que también seamos dóciles para dejar que Él nos guíe por senderos de paz y seguridad; de lo contrario, quedaremos a expensas de nosotros mismos y esto es muy riesgoso, puesto que todos los seres humanos somos finitos y limitados, frágiles y vulnerables, e incapaces de conocer todas las cosas. Ir por nuestros propios caminos, es andar a ciegas, sin saber lo que nos espera más adelante, como el mismo Señor lo advierte: “Pero mi pueblo no oyó mi voz, e Israel no me quiso a mí. Los dejé, por tanto, a la dureza de su corazón; caminaron en sus propios consejos. !Oh, si me hubiera oído mi pueblo, si en mis caminos hubiera andado Israel!” (Salmo 81:11-13)
Queda claro que cuando decidimos andar en nuestros propios consejos, quedamos a merced de la insensatez, y esta es camino que conduce a la ruina. Por el contrario, el interés de Dios es que escuchemos y pongamos por obra sus mandamientos justos, sus preceptos puros y sus consejos sabios; en otras palabras, que obedezcamos, que hagamos su santa voluntad, pues este es nuestro único camino a la verdadera felicidad, la que es perdurable e integral, pues abarca todas las áreas de nuestra vida. Tenemos la responsabilidad de tomar como José, la sabia decisión de obedecer a Dios en todo, así aseguraremos también para nuestra familia y personas a nuestro cargo, la bendición y la prosperidad. Si usted siente que tiene muchas debilidades y limitaciones, no se atemorice, crea a Dios y obedezca, pues Él transformará cada una de ellas en fortalezas y oportunidades. Si por el contrario, usted siente que tiene muchas ventajas, quizá, puede ser el más competente en su campo, no se confíe de esto, pues el Señor puede frustrar todo aquello que nos da seguridad, con el único propósito de que aprendamos a caminar tomados de su mano, pues nadie como Él puede cuidar de nosotros. Tarde o temprano, todo aquello en lo que pudiéramos apoyarnos, va a acabarse o se va a derrumbar y entonces… ¿Qué pasaría con nuestra vida?
HABLEMOS CON DIOS
“Amado Señor, hoy decido esforzarme y ser valiente para buscarte, oír tu voz y obedecer el maravilloso plan de vida que tienes para mí. Me dispongo a seguir cada una de las instrucciones que me des en todas las áreas de mi vida y a no apartarme ni a derecha ni a izquierda de ninguna de ellas. Oro en el nombre de Jesús y bajo la dirección del Espíritu Santo. Amén”.
Lolita Cruz de Chamorro.
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lunes, 12 de marzo de 2012
viernes, 9 de marzo de 2012
¿Desea que Jesús sea ese buen Pastor para tener a su lado todo lo que necesita?
Jésus, el buen Pastor
“Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Juan 10:1-30; Salmo 23:1-4
Si había alguien que podría comprender a profundidad esta tierna comparación entre el amor de Dios y el amor de un pastor por su oveja, fue el rey David. ÉL, que habiendo sido durante muchos años el pastor de las ovejas de su padre, tenía la labor de administrar todo lo concerniente al rebaño de Isaí. Desde muy temprana edad, era el encargado de nutrir a las ovejas y alimentarlas, al igual que cuidarlas cuando se enfermaban. Era el encargado de velar con ello por el alimento para toda su familia. Esto implicaba que David hacía su trabajo con gran cuidado y responsabilidad. Además, la Biblia, en 1 Samuel 17:34-36, relata que en defensa de sus ovejas, estuvo dispuesto a exponer su propia vida enfrentándose a grandes peligros, pero nunca estuvo dispuesto a perder una sola de ellas ni por las manos de ladrones ni por boca de animales salvajes:
“David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba…”
David fue un joven que además de ser inteligente, sabio, y extremadamente fuerte y hábil con sus manos, amaba sus ovejas y las cuidaba con su propia vida y fue esto precisamente lo que lo calificó delante de Dios como el único, en todo Israel, que podía enfrentar al gigante Goliat, dirigir los ejércitos de Israel y más tarde, convertirse en su rey.
Ahora podemos comprender mejor por qué el rey David fue un hombre lleno de amor, gratitud y fidelidad hacia Dios. El sentirse una oveja totalmente guardada en los brazos de su Padre Dios, no sólo le inspiraba a componer dulces melodías de alabanza y gratitud, sino que le llevaba a una vida de total entrega y obediencia a quien tanto le amaba, al punto que Dios mismo le llama el hombre conforme a su corazón. También nosotros somos ovejas del mismo prado y tenemos al mismo Pastor, Jesucristo, cuyo amor sin precedentes hizo que entregara su vida por cada uno de nosotros, siendo su cuerpo molido y su sangre derramada para que tuviésemos vida, para que fuésemos salvos, y que ninguno tuviera que perderse. Jesús es nuestro buen Pastor, nos conoce, nos llama para darnos una vida abundante y desea que estemos en su redil para que nada nos haga falta. ¿Desea acudir usted a este llamado? ¿Desea que Jesús sea ese buen Pastor para tener a su lado todo lo que necesita?
HABLEMOS CON DIOS
“Señor Jesús, no encuentro palabras que expresen mi gratitud, por el infinito amor que me has mostrado al entregar tu vida por la mía, como el buen Pastor que da su vida por las ovejas. Anhelo corresponderte de la única manera posible: Entregándote mi vida y mi corazón para que reines para siempre en él. Amén”
“Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Juan 10:1-30; Salmo 23:1-4
Si había alguien que podría comprender a profundidad esta tierna comparación entre el amor de Dios y el amor de un pastor por su oveja, fue el rey David. ÉL, que habiendo sido durante muchos años el pastor de las ovejas de su padre, tenía la labor de administrar todo lo concerniente al rebaño de Isaí. Desde muy temprana edad, era el encargado de nutrir a las ovejas y alimentarlas, al igual que cuidarlas cuando se enfermaban. Era el encargado de velar con ello por el alimento para toda su familia. Esto implicaba que David hacía su trabajo con gran cuidado y responsabilidad. Además, la Biblia, en 1 Samuel 17:34-36, relata que en defensa de sus ovejas, estuvo dispuesto a exponer su propia vida enfrentándose a grandes peligros, pero nunca estuvo dispuesto a perder una sola de ellas ni por las manos de ladrones ni por boca de animales salvajes:
“David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba…”
David fue un joven que además de ser inteligente, sabio, y extremadamente fuerte y hábil con sus manos, amaba sus ovejas y las cuidaba con su propia vida y fue esto precisamente lo que lo calificó delante de Dios como el único, en todo Israel, que podía enfrentar al gigante Goliat, dirigir los ejércitos de Israel y más tarde, convertirse en su rey.
Ahora podemos comprender mejor por qué el rey David fue un hombre lleno de amor, gratitud y fidelidad hacia Dios. El sentirse una oveja totalmente guardada en los brazos de su Padre Dios, no sólo le inspiraba a componer dulces melodías de alabanza y gratitud, sino que le llevaba a una vida de total entrega y obediencia a quien tanto le amaba, al punto que Dios mismo le llama el hombre conforme a su corazón. También nosotros somos ovejas del mismo prado y tenemos al mismo Pastor, Jesucristo, cuyo amor sin precedentes hizo que entregara su vida por cada uno de nosotros, siendo su cuerpo molido y su sangre derramada para que tuviésemos vida, para que fuésemos salvos, y que ninguno tuviera que perderse. Jesús es nuestro buen Pastor, nos conoce, nos llama para darnos una vida abundante y desea que estemos en su redil para que nada nos haga falta. ¿Desea acudir usted a este llamado? ¿Desea que Jesús sea ese buen Pastor para tener a su lado todo lo que necesita?
HABLEMOS CON DIOS
“Señor Jesús, no encuentro palabras que expresen mi gratitud, por el infinito amor que me has mostrado al entregar tu vida por la mía, como el buen Pastor que da su vida por las ovejas. Anhelo corresponderte de la única manera posible: Entregándote mi vida y mi corazón para que reines para siempre en él. Amén”
jueves, 8 de marzo de 2012
DIOS mi verdadero alimento
Un nutritivo alimento
“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados” (Mateo 5:6)
PASAJE COMPLEMENTARIO: 2 Timoteo 3:14-17
Hambre y sed se refieren a una urgente necesidad vital para el ser humano, una sensación fisiológica de angustia que pone en acción a la persona para la búsqueda del imprescindible alimento. Así mismo sucede con la dimensión espiritual que Dios nos ha dado. Tiene constantes demandas de alimento que la nutran y la sustenten. Ese alimento, como claramente lo expresa el apóstol Pedro, es la palabra de Dios: “Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” (1 Pedro 2:2)
Ahora bien, la palabra de Dios es la más sublime expresión de la justicia, por cuanto proviene del que es el Rey Justo. Veamos lo que nos enseña el rey David: “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos. El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; los juicios de Jehová son verdad, todos justos” (Salmo 19:7-9).
El que con vehemencia clama a Dios, reconociendo su grandeza y su poder para obrar en nuestra vida, y le pide sabiduría y entendimiento para entender su Palabra, fe para guardarla en el corazón, y templanza y dominio propio para ponerla por obra, con toda certeza el Padre Celestial le responde con generosidad.
Dios está interesado en que le conozcamos y ofrece comunicarnos su verdad, y al orar pidiendo conforme a su voluntad, Él nos revela abundancia de paz y de verdad.
Además, el mundo necesita de hombres y mujeres cuya vida, pensamientos, acciones y decisiones, no se rijan por sus variables emociones o su relativo código de justicia, o sus torcidos valores y juicios, sino por la perfecta y limpia palabra de Dios. De esa manera es que como padres, esposos, hijos o hermanos, jefes o empleados, ejercemos el mayor bien a nuestros semejantes, nos convertimos en Agentes de Cambio y contribuimos a traer el reino de los cielos a esta tierra, siendo irreprensibles y sencillos, “hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; asidos de la palabra de vida…” (Filipenses 2:15-16).
HABLEMOS CON DIOS
“Cuán agradecido estoy contigo Padre Celestial, porque prometes saciarme de todo bien y de toda verdad que es tu Palabra. Ella es mi sustento cada día y ante su autoridad se sustenta el universo. Dispón mi corazón para buscarla con avidez y obedecerla con prontitud. Amén”
“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados” (Mateo 5:6)
PASAJE COMPLEMENTARIO: 2 Timoteo 3:14-17
Hambre y sed se refieren a una urgente necesidad vital para el ser humano, una sensación fisiológica de angustia que pone en acción a la persona para la búsqueda del imprescindible alimento. Así mismo sucede con la dimensión espiritual que Dios nos ha dado. Tiene constantes demandas de alimento que la nutran y la sustenten. Ese alimento, como claramente lo expresa el apóstol Pedro, es la palabra de Dios: “Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” (1 Pedro 2:2)
Ahora bien, la palabra de Dios es la más sublime expresión de la justicia, por cuanto proviene del que es el Rey Justo. Veamos lo que nos enseña el rey David: “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos. El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; los juicios de Jehová son verdad, todos justos” (Salmo 19:7-9).
El que con vehemencia clama a Dios, reconociendo su grandeza y su poder para obrar en nuestra vida, y le pide sabiduría y entendimiento para entender su Palabra, fe para guardarla en el corazón, y templanza y dominio propio para ponerla por obra, con toda certeza el Padre Celestial le responde con generosidad.
Dios está interesado en que le conozcamos y ofrece comunicarnos su verdad, y al orar pidiendo conforme a su voluntad, Él nos revela abundancia de paz y de verdad.
Además, el mundo necesita de hombres y mujeres cuya vida, pensamientos, acciones y decisiones, no se rijan por sus variables emociones o su relativo código de justicia, o sus torcidos valores y juicios, sino por la perfecta y limpia palabra de Dios. De esa manera es que como padres, esposos, hijos o hermanos, jefes o empleados, ejercemos el mayor bien a nuestros semejantes, nos convertimos en Agentes de Cambio y contribuimos a traer el reino de los cielos a esta tierra, siendo irreprensibles y sencillos, “hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; asidos de la palabra de vida…” (Filipenses 2:15-16).
HABLEMOS CON DIOS
“Cuán agradecido estoy contigo Padre Celestial, porque prometes saciarme de todo bien y de toda verdad que es tu Palabra. Ella es mi sustento cada día y ante su autoridad se sustenta el universo. Dispón mi corazón para buscarla con avidez y obedecerla con prontitud. Amén”
miércoles, 7 de marzo de 2012
El Señor me protege de todo...!
Un refugio seguro
“Jehová será refugio del pobre, refugio para el tiempo de angustia. En ti confiarán los que conocen tu nombre, por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron,” (Salmo 9:9-10)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 16:1-11
Dos interesantes enseñanzas podemos extraer de esta porción Bíblica:
• La primera tiene que ver con la pobreza, pues el salmista nos declara: Jehová será refugio del pobre. Por lo regular relacionamos pobreza con la carencia de bienes materiales, pero las Escrituras nos hablan de una pobreza mucho más grave, y es la espiritual.
Se refiere a aquellos que desconocen la vida abundante que Dios ha provisto para ellos, y sufren al no tener a quien acudir, pues sólo confían en sí mismos o en lo que tienen. Pero, Dios nos ama tanto que desea que todos lo conozcan, que todos tengan acceso a su salvación y vida de salud total y que ninguno se pierda. Por eso, extiende una generosa y compasiva invitación para que estas ovejitas se acerquen a su redil como su refugio de fortaleza y provisión, y allí puedan descansar y ser sustentadas por su Buen Pastor, de tal forma que nada les haga falta
• La segunda enseñanza se refiere a la necesidad de conocer a Dios para poder confiar en Él. Dios es nuestro Padre y Creador. Nos hizo a su imagen y semejanza, es decir, con un espíritu diseñado para tener amistad con Él y conocer sus planes y propósitos; un alma con intelecto, emociones y voluntad, así como Él la tiene también; y, finalmente, un cuerpo para ejecutar sus designios en esta tierra. Esto quiere decir que toda relación que con Él quiera establecerse, debe ser una relación personal, que incluya todas las áreas de nuestra vida: espíritu, alma y cuerpo. Así como dos personas pueden construir confianza e intimidad en la medida en que se tratan, comparten sus propósitos y se comunican permanentemente, Dios también espera que cada uno de sus hijos se relacione con Él.
Que usted y yo podamos reconocer cada día nuestra profunda necesidad de Dios, y acercarnos para conocerlo, depositando en Él toda nuestra confianza y haciendo de Él nuestra más grande esperanza. Entonces, Él será nuestro amparo, nuestro refugio, nuestra salvación en medio de la angustia.
HABLEMOS CON DIOS
“Bendito Padre, que estás en los Cielos: Hoy te ruego que me reveles a través de tu Santo Espíritu que eres un Padre maravilloso al cual debo acercarme con todo el corazón y con todo mi ser. Así como me das todo de ti, que yo también pueda darte todo de mí, pues sólo tú eres mi esperanza. Gracias por escucharme y responderme. Amén”
“Jehová será refugio del pobre, refugio para el tiempo de angustia. En ti confiarán los que conocen tu nombre, por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron,” (Salmo 9:9-10)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 16:1-11
Dos interesantes enseñanzas podemos extraer de esta porción Bíblica:
• La primera tiene que ver con la pobreza, pues el salmista nos declara: Jehová será refugio del pobre. Por lo regular relacionamos pobreza con la carencia de bienes materiales, pero las Escrituras nos hablan de una pobreza mucho más grave, y es la espiritual.
Se refiere a aquellos que desconocen la vida abundante que Dios ha provisto para ellos, y sufren al no tener a quien acudir, pues sólo confían en sí mismos o en lo que tienen. Pero, Dios nos ama tanto que desea que todos lo conozcan, que todos tengan acceso a su salvación y vida de salud total y que ninguno se pierda. Por eso, extiende una generosa y compasiva invitación para que estas ovejitas se acerquen a su redil como su refugio de fortaleza y provisión, y allí puedan descansar y ser sustentadas por su Buen Pastor, de tal forma que nada les haga falta
• La segunda enseñanza se refiere a la necesidad de conocer a Dios para poder confiar en Él. Dios es nuestro Padre y Creador. Nos hizo a su imagen y semejanza, es decir, con un espíritu diseñado para tener amistad con Él y conocer sus planes y propósitos; un alma con intelecto, emociones y voluntad, así como Él la tiene también; y, finalmente, un cuerpo para ejecutar sus designios en esta tierra. Esto quiere decir que toda relación que con Él quiera establecerse, debe ser una relación personal, que incluya todas las áreas de nuestra vida: espíritu, alma y cuerpo. Así como dos personas pueden construir confianza e intimidad en la medida en que se tratan, comparten sus propósitos y se comunican permanentemente, Dios también espera que cada uno de sus hijos se relacione con Él.
Que usted y yo podamos reconocer cada día nuestra profunda necesidad de Dios, y acercarnos para conocerlo, depositando en Él toda nuestra confianza y haciendo de Él nuestra más grande esperanza. Entonces, Él será nuestro amparo, nuestro refugio, nuestra salvación en medio de la angustia.
HABLEMOS CON DIOS
“Bendito Padre, que estás en los Cielos: Hoy te ruego que me reveles a través de tu Santo Espíritu que eres un Padre maravilloso al cual debo acercarme con todo el corazón y con todo mi ser. Así como me das todo de ti, que yo también pueda darte todo de mí, pues sólo tú eres mi esperanza. Gracias por escucharme y responderme. Amén”
martes, 6 de marzo de 2012
El temor, ¿Es la ausencia de Dios..?, ¡no te lo permitas...!
Valor para vivir
“…No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú… A mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti y naciones por tu vida” (Isaías 43: 1-4)
PASAJE COMPLEMENTARIO: 1 Juan 4:18; Salmo 20:1-9
¡Cuánto amor y profunda estima encierran estas palabras, dirigidas por nuestro Padre celestial a cada uno de sus hijos:
“No temas” El temor es uno de los azotes más grandes del hombre, que le bloquea, le paraliza y le impide avanzar hacia los extraordinarios propósitos que Dios ha trazado para su vida. Sin embargo, Él nos dice: “Yo estoy contigo”. Es entonces cuando comprendemos que la solución que Dios da frente al temor es su presencia. Ella sola nos basta para vencer el miedo y levantarnos a actuar, a proseguir sin desmayar. Ahora bien, es la oración que el hombre dirige a su Creador y Padre, la mejor manera para experimentar su presencia y ser fortalecidos, pues la respuesta no se hace esperar, como lo asegura el profeta cuando escribe: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Isaías 26:3).
“Yo te redimí” Otro de los conflictos que agobian a los seres humanos es la culpa, la cual aparece cuando la conciencia nos acusa por los actos incorrectos que hemos cometido. Sin embargo, la gracia, el amor y el perdón de Dios son suficientes para limpiarnos de todo error, transformando nuestro corazón, liberándonos del egoísmo que nos lleva a pecar, y por tanto, reemplazando la culpa por una hermosa experiencia de genuino arrepentimiento y profunda gratitud. Esto sucedió con la mujer adúltera cuando el Señor pronunció estas palabras, que también a nosotros nos dirige hoy:
“Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Juan 8:11) “Te puse nombre” Cada uno de nosotros es especial para Dios y es el objeto de su amor. Por eso se toma el trabajo de trazar un plan único y particular, de excelencia y amor, para cada uno. “Mío eres tú” ¡Le pertenecemos a Dios! ¡Somos su más preciosa posesión!
“Yo estaré contigo” Es inevitable para el ser humano, por más fuerte, grande o poderoso que parezca, sentirse vulnerable o impotente en muchas circunstancias de la vida. Sin embargo, en Dios, nuestra debilidad se convierte en fortaleza, nuestros imposibles se hacen posibles por su poder.
HABLEMOS CON DIOS
“Amado Señor, gracias por tu presencia en mi vida, porque tus palabras me infunde el valor, la seguridad y la fortaleza que necesito para vivir con tu paz y enfrentar cada día. Señor, ayúdame a buscarte como preferente asunto de mi vida, por medio de la oración. Amén”
“…No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú… A mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti y naciones por tu vida” (Isaías 43: 1-4)
PASAJE COMPLEMENTARIO: 1 Juan 4:18; Salmo 20:1-9
¡Cuánto amor y profunda estima encierran estas palabras, dirigidas por nuestro Padre celestial a cada uno de sus hijos:
“No temas” El temor es uno de los azotes más grandes del hombre, que le bloquea, le paraliza y le impide avanzar hacia los extraordinarios propósitos que Dios ha trazado para su vida. Sin embargo, Él nos dice: “Yo estoy contigo”. Es entonces cuando comprendemos que la solución que Dios da frente al temor es su presencia. Ella sola nos basta para vencer el miedo y levantarnos a actuar, a proseguir sin desmayar. Ahora bien, es la oración que el hombre dirige a su Creador y Padre, la mejor manera para experimentar su presencia y ser fortalecidos, pues la respuesta no se hace esperar, como lo asegura el profeta cuando escribe: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Isaías 26:3).
“Yo te redimí” Otro de los conflictos que agobian a los seres humanos es la culpa, la cual aparece cuando la conciencia nos acusa por los actos incorrectos que hemos cometido. Sin embargo, la gracia, el amor y el perdón de Dios son suficientes para limpiarnos de todo error, transformando nuestro corazón, liberándonos del egoísmo que nos lleva a pecar, y por tanto, reemplazando la culpa por una hermosa experiencia de genuino arrepentimiento y profunda gratitud. Esto sucedió con la mujer adúltera cuando el Señor pronunció estas palabras, que también a nosotros nos dirige hoy:
“Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Juan 8:11) “Te puse nombre” Cada uno de nosotros es especial para Dios y es el objeto de su amor. Por eso se toma el trabajo de trazar un plan único y particular, de excelencia y amor, para cada uno. “Mío eres tú” ¡Le pertenecemos a Dios! ¡Somos su más preciosa posesión!
“Yo estaré contigo” Es inevitable para el ser humano, por más fuerte, grande o poderoso que parezca, sentirse vulnerable o impotente en muchas circunstancias de la vida. Sin embargo, en Dios, nuestra debilidad se convierte en fortaleza, nuestros imposibles se hacen posibles por su poder.
HABLEMOS CON DIOS
“Amado Señor, gracias por tu presencia en mi vida, porque tus palabras me infunde el valor, la seguridad y la fortaleza que necesito para vivir con tu paz y enfrentar cada día. Señor, ayúdame a buscarte como preferente asunto de mi vida, por medio de la oración. Amén”
lunes, 5 de marzo de 2012
¡Abba Padre, Abba Padre...................!
Dios, un Padre amoroso
“Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.” (Juan 15.9-10)
PASAJE COMPLEMENTARIO: 1 Juan 4:7-21
El evangelio de San Juan contiene un total de 879 versículos y más de un 30% de estos se refieren a la relación Padre – Hijo que Jesucristo disfrutó y siempre nos quiso enseñar.
Indudablemente la vivencia que un hijo tiene con su padre es determinante para alcanzar una vida de equilibrio y salud total, así como de plenitud y realización personal.
Si un hijo ve a su padre como un amo, un ser exigente y molestoso, terminará resentido con la vida, crecerán en su corazón raíces de amargura que terminarán contaminando todo lo que encuentra a su paso, y seguramente sus días serán tristes, llenos de desasosiego, escasez y derrota. Por el contrario, si un hijo ve a un padre con aceptación y respeto, entonces esta honra le abrirá puertas y posibilidades que ni siquiera esperaba.
En la expresión: “Como el Padre me ha amado”, se revela el amor como la esencia de una relación eterna. Jesús se sintió amado y, por tanto, experimentaba gran seguridad y profunda confianza para cumplir todo lo que el Padre le pedía. No había temor sino alegría en obedecer y hacer su voluntad. Esto le hacía permanecer en el disfrute de su amor. Era algo maravilloso a lo que el Señor Jesús no estaba dispuesto a renunciar. Esta relación de amor profundo y verdadero, le fortaleció para tomar la decisión de entregar su vida para la salvación de la humanidad. Es por eso que podemos afirmar que es el amor lo que salva, lo que sana, lo que hace vivir.
Pero además, este amor cuando se recibe, es inevitable darlo. Se transmite a otros y continúa salvando, sanando y dando vida a su paso. “Así también yo os he amado...”, esperando que en nuestro corazón se genere la misma seguridad, la misma confianza, la misma disposición para hacer su voluntad. La orden final de Jesucristo para sus discípulos, ¡permaneced en mi amor!, no significa permanecer en una religión, sino en su amor. El amor es una decisión que sale del corazón. Por eso, ¡decida hoy amar! Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo anhelan tener nuestro amor para que conozcamos y vivamos todo aquello que el Padre más amoroso da y hace por sus hijos. ¿Cree usted que Dios es su amo o su Padre? Revise esto en su corazón, ore y ajuste su relación con el Dios de Amor.
HABLEMOS CON DIOS
“Señor Jesucristo: Gracias por el ejemplo de tu relación con Papá Dios y gracias porque tu amor y entrega a su voluntad, es el mejor ejemplo que puedo seguir. Hoy te necesito y te invito a morar en mi corazón como Señor y Salvador, y te ruego me enseñes a ver a Dios como mi Padre celestial, para vivir la confianza y seguridad que solo Él con su amor puede dar a mi vida. Gracias Señor Jesús por escucharme y darme tu paz. Amén”.
Lolita Cruz de Chamorro.
“Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.” (Juan 15.9-10)
PASAJE COMPLEMENTARIO: 1 Juan 4:7-21
El evangelio de San Juan contiene un total de 879 versículos y más de un 30% de estos se refieren a la relación Padre – Hijo que Jesucristo disfrutó y siempre nos quiso enseñar.
Indudablemente la vivencia que un hijo tiene con su padre es determinante para alcanzar una vida de equilibrio y salud total, así como de plenitud y realización personal.
Si un hijo ve a su padre como un amo, un ser exigente y molestoso, terminará resentido con la vida, crecerán en su corazón raíces de amargura que terminarán contaminando todo lo que encuentra a su paso, y seguramente sus días serán tristes, llenos de desasosiego, escasez y derrota. Por el contrario, si un hijo ve a un padre con aceptación y respeto, entonces esta honra le abrirá puertas y posibilidades que ni siquiera esperaba.
En la expresión: “Como el Padre me ha amado”, se revela el amor como la esencia de una relación eterna. Jesús se sintió amado y, por tanto, experimentaba gran seguridad y profunda confianza para cumplir todo lo que el Padre le pedía. No había temor sino alegría en obedecer y hacer su voluntad. Esto le hacía permanecer en el disfrute de su amor. Era algo maravilloso a lo que el Señor Jesús no estaba dispuesto a renunciar. Esta relación de amor profundo y verdadero, le fortaleció para tomar la decisión de entregar su vida para la salvación de la humanidad. Es por eso que podemos afirmar que es el amor lo que salva, lo que sana, lo que hace vivir.
Pero además, este amor cuando se recibe, es inevitable darlo. Se transmite a otros y continúa salvando, sanando y dando vida a su paso. “Así también yo os he amado...”, esperando que en nuestro corazón se genere la misma seguridad, la misma confianza, la misma disposición para hacer su voluntad. La orden final de Jesucristo para sus discípulos, ¡permaneced en mi amor!, no significa permanecer en una religión, sino en su amor. El amor es una decisión que sale del corazón. Por eso, ¡decida hoy amar! Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo anhelan tener nuestro amor para que conozcamos y vivamos todo aquello que el Padre más amoroso da y hace por sus hijos. ¿Cree usted que Dios es su amo o su Padre? Revise esto en su corazón, ore y ajuste su relación con el Dios de Amor.
HABLEMOS CON DIOS
“Señor Jesucristo: Gracias por el ejemplo de tu relación con Papá Dios y gracias porque tu amor y entrega a su voluntad, es el mejor ejemplo que puedo seguir. Hoy te necesito y te invito a morar en mi corazón como Señor y Salvador, y te ruego me enseñes a ver a Dios como mi Padre celestial, para vivir la confianza y seguridad que solo Él con su amor puede dar a mi vida. Gracias Señor Jesús por escucharme y darme tu paz. Amén”.
Lolita Cruz de Chamorro.
jueves, 1 de marzo de 2012
Solo Dios nos moldea...!
En manos del Alfarero Divino
“Somos como un espejo que refleja la grandeza del Señor, quien cambia nuestra vida. Gracias a la acción del Espíritu Santo en nosotros, cada vez nos parecemos más a él” 2 Corintios 3:18 BLA
PASAJE COMPLEMENTARIO: Efesios 4:1-32
Desde el día que invitamos a Cristo comenzó un plan de transformación en nuestra vida, cuyo propósito es llegar a ser como Cristo (Efesios 4:13). La vida del hijo de Dios se desarrolla en una gloria creciente, es decir de victoria en victoria, por eso es que el Señor quiere llevarnos a desafíos más grandes. Pero para esto ha de encontrarnos siempre dispuestos.
Muchas de las cosas que llegan a nuestra vida, que pueden incomodarnos y molestarnos, no deberían angustiarnos ni afligirnos, pues por lo general son el método de Dios para que crezcamos en el camino de la perfección. Dios está más interesado en la formación de nuestro carácter lo cual incluye nuestra manera de vivir, de conducirnos en la vida, el testimonio que estamos dando, etc., que en quitar aquella situación irritante. Al estilo de las águilas, usará muchas situaciones que nos incomodarán en el “nido”, hasta que finalmente nos atrevamos a elevarnos, extendamos nuestras alas y nos demos cuenta que podemos volar muy alto como hijos de rey, y no que pasemos la vida con la cabeza agachada sobre la tierra.
Así como nunca nos atrevemos a pensar que la madre águila desea el mal para sus aguiluchos, sino por el contrario, admiramos su sabiduría para enseñarlos a volar, así debemos reconocer que el tratamiento de Dios es amoroso, buscando que cada vez tengamos más excelencia en lo que somos, en lo que hacemos y en lo que tenemos, hasta que reflejemos la misma imagen de su Hijo amado, hasta que lleguemos a ser como Él.
Pero ¿cómo ocurre este proceso? A través de su Espíritu Santo, quien vino a glorificar a Cristo y a darnos una vida abundante. Él tiene una obra específica qué hacer en nuestra vida y a través de nosotros, que dará como resultado la misma vida de Cristo en mí. Es decir, todo su amor, su paz, su poder, su gracia, en mí, y a través de mí. Esto se conoce como la plenitud de la unción del Espíritu Santo. No significa recibir más de él, sino entregarle más de nosotros. Al rendirle absolutamente todo nuestro ser en una obediencia perfecta a su voluntad, Él tiene mayor libertad en obrar en y a través de nuestra vida, con el fin de exaltar y glorificar a Cristo.
Muchos me comunican sus inquietudes acerca de lo difícil que les parece vivir de acuerdo a este maravilloso plan: ser como Cristo. Yo les digo que no es imposible si momento a momento, segundo a segundo, nos aseguramos de no ser nosotros los que dirigimos nuestra vida sino Él. No podemos tener el control de todas las cosas ni asegurar nuestro bien actuar en el futuro. Lo que sí podemos asegurar es que cada paso de nuestra vida lo demos tomados de la mano de Jesús y en obediencia a su voluntad. Le invito a que lleguemos cada día en oración al taller de nuestro alfarero, allí la vasija de nuestra vida recibirá el tratamiento que necesita.
HABLEMOS CON DIOS
“Padre mío, vengo a ti como el dueño de mi vida, me abandono en tus manos, para que con tu dedos divinos formes esta vasija de barro y la transformes en una de oro; solo Tú lo puedes hacer, gracias mi Señor, Amén”.
Lolita Cruz de Chamorro.
“Somos como un espejo que refleja la grandeza del Señor, quien cambia nuestra vida. Gracias a la acción del Espíritu Santo en nosotros, cada vez nos parecemos más a él” 2 Corintios 3:18 BLA
PASAJE COMPLEMENTARIO: Efesios 4:1-32
Desde el día que invitamos a Cristo comenzó un plan de transformación en nuestra vida, cuyo propósito es llegar a ser como Cristo (Efesios 4:13). La vida del hijo de Dios se desarrolla en una gloria creciente, es decir de victoria en victoria, por eso es que el Señor quiere llevarnos a desafíos más grandes. Pero para esto ha de encontrarnos siempre dispuestos.
Muchas de las cosas que llegan a nuestra vida, que pueden incomodarnos y molestarnos, no deberían angustiarnos ni afligirnos, pues por lo general son el método de Dios para que crezcamos en el camino de la perfección. Dios está más interesado en la formación de nuestro carácter lo cual incluye nuestra manera de vivir, de conducirnos en la vida, el testimonio que estamos dando, etc., que en quitar aquella situación irritante. Al estilo de las águilas, usará muchas situaciones que nos incomodarán en el “nido”, hasta que finalmente nos atrevamos a elevarnos, extendamos nuestras alas y nos demos cuenta que podemos volar muy alto como hijos de rey, y no que pasemos la vida con la cabeza agachada sobre la tierra.
Así como nunca nos atrevemos a pensar que la madre águila desea el mal para sus aguiluchos, sino por el contrario, admiramos su sabiduría para enseñarlos a volar, así debemos reconocer que el tratamiento de Dios es amoroso, buscando que cada vez tengamos más excelencia en lo que somos, en lo que hacemos y en lo que tenemos, hasta que reflejemos la misma imagen de su Hijo amado, hasta que lleguemos a ser como Él.
Pero ¿cómo ocurre este proceso? A través de su Espíritu Santo, quien vino a glorificar a Cristo y a darnos una vida abundante. Él tiene una obra específica qué hacer en nuestra vida y a través de nosotros, que dará como resultado la misma vida de Cristo en mí. Es decir, todo su amor, su paz, su poder, su gracia, en mí, y a través de mí. Esto se conoce como la plenitud de la unción del Espíritu Santo. No significa recibir más de él, sino entregarle más de nosotros. Al rendirle absolutamente todo nuestro ser en una obediencia perfecta a su voluntad, Él tiene mayor libertad en obrar en y a través de nuestra vida, con el fin de exaltar y glorificar a Cristo.
Muchos me comunican sus inquietudes acerca de lo difícil que les parece vivir de acuerdo a este maravilloso plan: ser como Cristo. Yo les digo que no es imposible si momento a momento, segundo a segundo, nos aseguramos de no ser nosotros los que dirigimos nuestra vida sino Él. No podemos tener el control de todas las cosas ni asegurar nuestro bien actuar en el futuro. Lo que sí podemos asegurar es que cada paso de nuestra vida lo demos tomados de la mano de Jesús y en obediencia a su voluntad. Le invito a que lleguemos cada día en oración al taller de nuestro alfarero, allí la vasija de nuestra vida recibirá el tratamiento que necesita.
HABLEMOS CON DIOS
“Padre mío, vengo a ti como el dueño de mi vida, me abandono en tus manos, para que con tu dedos divinos formes esta vasija de barro y la transformes en una de oro; solo Tú lo puedes hacer, gracias mi Señor, Amén”.
Lolita Cruz de Chamorro.
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