Buscando la dirección de Dios
“Oye, hijo mío, y recibe mis razones, y se te multiplicarán años de vida. Por el camino de la sabiduría te he encaminado, y por veredas derechas te he hecho andar. Cuando anduvieres, no se estrecharán tus pasos, y si corrieres, no tropezarás” (Proverbios 4:10- 12)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Levítico 26:3-13
Podemos encontrarnos con sendas desconocidas e innumerables atajos que nos conducen a parajes sin salida, pero si en cada paso que damos contamos con la sabia dirección de nuestro Padre Dios, caminaremos seguros, y nada nos hará caer. Él, a través de tres maneras, nos indica el camino a seguir, de tal forma que podemos ir cantando alegremente, libres del temor y de la angustia que muchas veces nos asalta, haciendo lento y torpe nuestro caminar, al punto de paralizarnos e impedirnos avanzar.
El camino diáfano y seguro para nuestra vida, la única senda recta en la que podemos andar para que sean multiplicados nuestros años en bendición y en prosperidad, es la voluntad perfecta de Dios. Pero… ¿Cómo conocerla?
En primer lugar, a través del Espíritu Santo. Él conoce lo profundo del corazón de Dios y tiene como propósito glorificar a Jesucristo. Él nos revelará la voluntad perfecta del Padre y nos dará la obediencia del Hijo, para que podamos tener una vida tan fructífera y benéfica como la suya. Él nos recordará todo el tiempo las enseñanzas de Jesús y nos conducirá siempre a toda verdad, y aún nos revelará lo que habrá de venir, cosas que ni aún nos imaginamos que Dios haya preparado para cada uno de nosotros.
En segundo lugar tenemos la misma Palabra de Dios, la Biblia, la cual contiene todo lo que debemos conocer para que nos vaya bien en todo momento y circunstancia de nuestra vida. Es nuestro verdadero Manual de Vida, nuestra carta de navegación y nuestra brújula, la cual debemos consultar diariamente y en cada situación. Por último, Dios nos ha dado el precioso regalo de contar con personas a las que Él ha colocado una capacidad especial para servir y entregar su vida en calidad de pastores. Estas asumen la responsabilidad de ser padres o madres espirituales, y están dispuestas a brindar ayuda a cada discípulo, como se le presta a una ovejita en el redil: La cuida, la ama, la protege, la orienta, va delante de ella dándole ejemplo, la ayuda a crecer y a desarrollarse, le enseña a vivir. “Oye, hijo mío, y recibe mis razones,” Nuestro amado Papá Dios solo quiere ver que nosotros sus hijos vayamos firmes y seguros, amparados bajo la sombra de sus alas y que absolutamente, nada nos haga falta.
HABLEMOS CON DIOS
“Padre bueno y compasivo ¡Qué dulce es tu amor al disponer para mí una luz permanente que me muestra el camino a seguir! No importa que no lo sepa todo ni lo haya vivido todo. Tú lo conoces todo y me das sabiduría para llevar mi vida por veredas rectas. Te amo, y te pido que me des un corazón fiel para no apartarme nunca de ti. Amén”
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martes, 17 de abril de 2012
lunes, 16 de abril de 2012
El Servir...!
Mucho mas que servir
“Sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ése recibirá del Señor” (Efesios 6:7-8)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Juan 13:1-17; Colosenses 3:23-24
No existe nada que realice y dignifique tanto al ser humano como la hermosa experiencia del servicio. Es una manifestación del amor, que recibimos de nuestro Padre Dios, la cual nos permite tener siempre para dar a otros una sonrisa, una palabra de aliento, un abrazo reconfortante o una mano de apoyo en el momento de la necesidad.
Hay mucha gente que sirve por distintas razones y motivaciones. Muchos lo hacen por necesidad, como un trabajo, y, en este caso, una justa remuneración es el pago por su servicio. Pero hay promesa de Dios para aquellos que sirven de buena voluntad por amor, porque experimentan que todo lo que Dios les ha dado, es para compartirlo con los demás. Estos sirven de corazón y con alegría. Lo hacen no como para el hombre, pues en ese caso esperarían recompensa. Lo hacen sin esperar recibir nada a cambio, y entonces, es cuando reciben la recompensa de parte de Dios.
¡Qué maravilloso es ser recompensado por Dios! ¿Imagina usted cómo son las recompensas que da el Todopoderoso, el Padre bueno, cuya medida para dar es siempre generosa, apretada y rebosante?
Nunca repare en la cantidad del servicio ni calcule su costo. Entre más pueda servir, mucho mejor. Recuerde que la promesa incluye que del bien que cada uno hiciere, así recibirá del Señor.
Esté dispuesto a servir antes que a ser servido, aunque esto implique en muchas ocasiones someter el ego, la comodidad y aún dejar a un lado sus necesidades para atender las de otros. Esto no es nada fácil, pero el que acepta y adopta el servicio como un modo de vida, descubre la vida con sentido y realización, felicidad y fruto. Descubre la vida de Cristo, quien fue exaltado hasta lo sumo por el Padre, luego de la más abnegada entrega y del más loable servicio: dar su vida por nosotros (Marcos 10:45)
HABLEMOS CON DIOS
“Padre bueno, hoy me sigues enseñando el camino de la felicidad y de la bendición. Que a la luz de tu Santo Espíritu pueda hoy ser sabio para entender ese maravilloso intercambio, benéfico y favorable: Que mientras yo me ocupo de servir a otros, tú te encargas de mis asuntos, de mi vida, de mis necesidades y de mis anhelos. Gracias por enseñarme a ser como Tú”.
Lolita Cruz de Chamorro.
“Sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ése recibirá del Señor” (Efesios 6:7-8)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Juan 13:1-17; Colosenses 3:23-24
No existe nada que realice y dignifique tanto al ser humano como la hermosa experiencia del servicio. Es una manifestación del amor, que recibimos de nuestro Padre Dios, la cual nos permite tener siempre para dar a otros una sonrisa, una palabra de aliento, un abrazo reconfortante o una mano de apoyo en el momento de la necesidad.
Hay mucha gente que sirve por distintas razones y motivaciones. Muchos lo hacen por necesidad, como un trabajo, y, en este caso, una justa remuneración es el pago por su servicio. Pero hay promesa de Dios para aquellos que sirven de buena voluntad por amor, porque experimentan que todo lo que Dios les ha dado, es para compartirlo con los demás. Estos sirven de corazón y con alegría. Lo hacen no como para el hombre, pues en ese caso esperarían recompensa. Lo hacen sin esperar recibir nada a cambio, y entonces, es cuando reciben la recompensa de parte de Dios.
¡Qué maravilloso es ser recompensado por Dios! ¿Imagina usted cómo son las recompensas que da el Todopoderoso, el Padre bueno, cuya medida para dar es siempre generosa, apretada y rebosante?
Nunca repare en la cantidad del servicio ni calcule su costo. Entre más pueda servir, mucho mejor. Recuerde que la promesa incluye que del bien que cada uno hiciere, así recibirá del Señor.
Esté dispuesto a servir antes que a ser servido, aunque esto implique en muchas ocasiones someter el ego, la comodidad y aún dejar a un lado sus necesidades para atender las de otros. Esto no es nada fácil, pero el que acepta y adopta el servicio como un modo de vida, descubre la vida con sentido y realización, felicidad y fruto. Descubre la vida de Cristo, quien fue exaltado hasta lo sumo por el Padre, luego de la más abnegada entrega y del más loable servicio: dar su vida por nosotros (Marcos 10:45)
HABLEMOS CON DIOS
“Padre bueno, hoy me sigues enseñando el camino de la felicidad y de la bendición. Que a la luz de tu Santo Espíritu pueda hoy ser sabio para entender ese maravilloso intercambio, benéfico y favorable: Que mientras yo me ocupo de servir a otros, tú te encargas de mis asuntos, de mi vida, de mis necesidades y de mis anhelos. Gracias por enseñarme a ser como Tú”.
Lolita Cruz de Chamorro.
viernes, 13 de abril de 2012
Madre y mujer viruosa
Una Madre admirable
“Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas… Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba” (Proverbios 31:10, 28)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Proverbios 14:1, Lucas 1:39-55
Qué hermoso y admirable es el papel de la madre: formar hijos. Dios mismo le ha conferido especiales facultades con las que Él mismo la ha dotado: Amor, paciencia, perseverancia, sabiduría, sensibilidad, diligencia, ternura y firmeza a la vez. Por estar muy cerca de ellos, incluso físicamente a través del proceso de gestación, y luego durante la infancia y juventud, la madre ejerce naturalmente una poderosa influencia sobre sus hijos, que debe ser aprovechada para esculpir valores y cualidades de manera indeleble en el carácter de sus hijos, que la llevarán a ser grandemente recompensada con una profunda estima, valoración y admiración por parte de su familia.
Pero esto sólo es posible cuando la mujer renuncia a sus esquemas mentales y paradigmas, a sus pensamientos y experiencias, a sus métodos tradicionales aprendidos culturalmente, y permite que Dios le enseñe a ser la madre que Él desea, buscando como a joya preciosa, su gracia y su sabiduría, tal y como dice la palabra de Dios: “Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia. Engrandécela, y ella te engrandecerá; ella te honrará, cuando tú la hayas abrazado. Adorno de gracia dará a tu cabeza; corona de hermosura te entregará” (Proverbios 4: 7-9)
Si así lo hace, también su influencia dejará una huella eterna como lo hicieron muchas madres a las que la palabra de Dios exalta por su labor:
• Ana, la madre del profeta Samuel: Quien al entregar su corazón a Dios para que Él ocupara el primer lugar, estuvo dispuesta a vaciarse de su amargura, tristeza y resentimiento, para que Dios la llenara de amor, paz y poder. Fue ungida por el Espíritu Santo, tuvo la fe y el valor para dedicar su hijo a Dios, llegando a ser uno de los profetas más amados de Israel
• Elizabeth, la madre de Juan el Bautista: Al ser sensible a la voz de Dios y creer en sus promesas, comprende que su hijo es apartado como siervo de Dios y ella misma experimenta la unción del Espíritu Santo para formarlo.
• Y la misma María, la madre de Jesús, quién formó a su Hijo para que Dios cumpliera a través suyo su propósito de salvar a la humanidad.
HABLEMOS CON DIOS
“Padre amado, hoy vuelvo mi corazón agradecido a ti, por el privilegio de ser mujer y por la maravillosa influencia que puedo ejercer sobre todos aquellos que me rodean. Hazme sabia para buscarte con anhelo ferviente cada día, rendir al control de tu Espíritu todas las áreas de mi ser y así te puedas valer de mí para levantar hombres y mujeres de valor, que te amen, te reconozcan y te sirvan”.
Lolita Cruz de Chamorro.
“Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas… Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba” (Proverbios 31:10, 28)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Proverbios 14:1, Lucas 1:39-55
Qué hermoso y admirable es el papel de la madre: formar hijos. Dios mismo le ha conferido especiales facultades con las que Él mismo la ha dotado: Amor, paciencia, perseverancia, sabiduría, sensibilidad, diligencia, ternura y firmeza a la vez. Por estar muy cerca de ellos, incluso físicamente a través del proceso de gestación, y luego durante la infancia y juventud, la madre ejerce naturalmente una poderosa influencia sobre sus hijos, que debe ser aprovechada para esculpir valores y cualidades de manera indeleble en el carácter de sus hijos, que la llevarán a ser grandemente recompensada con una profunda estima, valoración y admiración por parte de su familia.
Pero esto sólo es posible cuando la mujer renuncia a sus esquemas mentales y paradigmas, a sus pensamientos y experiencias, a sus métodos tradicionales aprendidos culturalmente, y permite que Dios le enseñe a ser la madre que Él desea, buscando como a joya preciosa, su gracia y su sabiduría, tal y como dice la palabra de Dios: “Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia. Engrandécela, y ella te engrandecerá; ella te honrará, cuando tú la hayas abrazado. Adorno de gracia dará a tu cabeza; corona de hermosura te entregará” (Proverbios 4: 7-9)
Si así lo hace, también su influencia dejará una huella eterna como lo hicieron muchas madres a las que la palabra de Dios exalta por su labor:
• Ana, la madre del profeta Samuel: Quien al entregar su corazón a Dios para que Él ocupara el primer lugar, estuvo dispuesta a vaciarse de su amargura, tristeza y resentimiento, para que Dios la llenara de amor, paz y poder. Fue ungida por el Espíritu Santo, tuvo la fe y el valor para dedicar su hijo a Dios, llegando a ser uno de los profetas más amados de Israel
• Elizabeth, la madre de Juan el Bautista: Al ser sensible a la voz de Dios y creer en sus promesas, comprende que su hijo es apartado como siervo de Dios y ella misma experimenta la unción del Espíritu Santo para formarlo.
• Y la misma María, la madre de Jesús, quién formó a su Hijo para que Dios cumpliera a través suyo su propósito de salvar a la humanidad.
HABLEMOS CON DIOS
“Padre amado, hoy vuelvo mi corazón agradecido a ti, por el privilegio de ser mujer y por la maravillosa influencia que puedo ejercer sobre todos aquellos que me rodean. Hazme sabia para buscarte con anhelo ferviente cada día, rendir al control de tu Espíritu todas las áreas de mi ser y así te puedas valer de mí para levantar hombres y mujeres de valor, que te amen, te reconozcan y te sirvan”.
Lolita Cruz de Chamorro.
jueves, 12 de abril de 2012
Salvación para las Familias
Salvación para la familia
“Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” (Hechos 16:31)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Deuteronomio 12:7; Génesis 7:1
Nunca es demasiado tratar el tema de la familia, siendo que es la institución más importante que tiene la sociedad; donde nace, crece y se proyecta al individuo como persona. Es donde se forma el carácter de las personas, donde se construyen los valores, se adquieren los principios.
Debería ser el objeto de planes específicos y de muchos esfuerzos que tiendan a salvarle y a restaurarle. Al contrario de esto, la familia se está quedando sola con sus innumerables problemas y factores debilitantes, y los gobiernos de las naciones están siendo impotentes para preservarla. Es más, hoy se ven más leyes que favorecen la desintegración familiar; que leyes que la protejan y promuevan. Sin embargo, para Dios la familia es el objeto de su amor y de su cuidado protector. Él tiene un plan para cada familia sobre la tierra, un plan de bendición, de prosperidad, de felicidad, que se comienza a disfrutar cuando dejamos que el Autor de la familia tenga un lugar de gobierno y autoridad.
Es por eso, que la promesa dada a Abraham involucraba ser bendición a las familias de la tierra. También es la razón por la que Jesús siempre bendijo y prosperó las familias que tuvieron el acierto de invitarlo a vivir con ella.
Este fue el caso de la familia de Marta y María, a quienes bendijo con el incomparable regalo de la vida, resucitando a Lázaro, su hermano, luego de cuatro días de haber enfermado y fallecido.
También su presencia implicó la más grande de las alegrías para la familia de Jairo, un principal de la sinagoga, a quien su hijita de tan sólo doce años, se le estaba muriendo (Marcos 5:22). Cuando este hombre se postró ante Jesús, no le pidió que sanara a su hija. Le rogó que entrara en su casa. ¿Acaso estaba perdiendo tiempo precioso, cuando había podido pedirle en primer lugar que sanara a su hija, teniendo en cuenta que estaba agonizando? ¡No! La presencia de Jesús es suficiente.
¡Si Él está presente, hay sanidad, hay restauración, hay resurrección, hay vida! Porque donde está la presencia de Cristo hay todo. ¡Si crees, también Jesús salvará tu casa! ¡Invítalo ahora mismo! Haz junto con tu familia la siguiente oración.
HABLEMOS CON DIOS
“Señor Jesucristo, mi familia y yo te necesitamos. Entra al seno de nuestro hogar. No como un invitado simplemente, sino como el Señor y Rey. Reconocemos que por tu muerte en la cruz, hay perdón para nosotros de todos nuestros pecados y equivocaciones. Hoy nos das una nueva oportunidad, y no la vamos a desperdiciar. Haz de cada uno de nosotros la persona sana y feliz que tú quieres que seamos. Amén”.
Lolita Cruz de Chamorro.
“Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” (Hechos 16:31)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Deuteronomio 12:7; Génesis 7:1
Nunca es demasiado tratar el tema de la familia, siendo que es la institución más importante que tiene la sociedad; donde nace, crece y se proyecta al individuo como persona. Es donde se forma el carácter de las personas, donde se construyen los valores, se adquieren los principios.
Debería ser el objeto de planes específicos y de muchos esfuerzos que tiendan a salvarle y a restaurarle. Al contrario de esto, la familia se está quedando sola con sus innumerables problemas y factores debilitantes, y los gobiernos de las naciones están siendo impotentes para preservarla. Es más, hoy se ven más leyes que favorecen la desintegración familiar; que leyes que la protejan y promuevan. Sin embargo, para Dios la familia es el objeto de su amor y de su cuidado protector. Él tiene un plan para cada familia sobre la tierra, un plan de bendición, de prosperidad, de felicidad, que se comienza a disfrutar cuando dejamos que el Autor de la familia tenga un lugar de gobierno y autoridad.
Es por eso, que la promesa dada a Abraham involucraba ser bendición a las familias de la tierra. También es la razón por la que Jesús siempre bendijo y prosperó las familias que tuvieron el acierto de invitarlo a vivir con ella.
Este fue el caso de la familia de Marta y María, a quienes bendijo con el incomparable regalo de la vida, resucitando a Lázaro, su hermano, luego de cuatro días de haber enfermado y fallecido.
También su presencia implicó la más grande de las alegrías para la familia de Jairo, un principal de la sinagoga, a quien su hijita de tan sólo doce años, se le estaba muriendo (Marcos 5:22). Cuando este hombre se postró ante Jesús, no le pidió que sanara a su hija. Le rogó que entrara en su casa. ¿Acaso estaba perdiendo tiempo precioso, cuando había podido pedirle en primer lugar que sanara a su hija, teniendo en cuenta que estaba agonizando? ¡No! La presencia de Jesús es suficiente.
¡Si Él está presente, hay sanidad, hay restauración, hay resurrección, hay vida! Porque donde está la presencia de Cristo hay todo. ¡Si crees, también Jesús salvará tu casa! ¡Invítalo ahora mismo! Haz junto con tu familia la siguiente oración.
HABLEMOS CON DIOS
“Señor Jesucristo, mi familia y yo te necesitamos. Entra al seno de nuestro hogar. No como un invitado simplemente, sino como el Señor y Rey. Reconocemos que por tu muerte en la cruz, hay perdón para nosotros de todos nuestros pecados y equivocaciones. Hoy nos das una nueva oportunidad, y no la vamos a desperdiciar. Haz de cada uno de nosotros la persona sana y feliz que tú quieres que seamos. Amén”.
Lolita Cruz de Chamorro.
miércoles, 11 de abril de 2012
Gracias Señor, mi Dios por protegerme
La presencia de Dios, es protección
“¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres! En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre; los pondrás en un tabernáculo a cubierto de contención de lenguas” (Salmo 31:19-20)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Zacarías 1:3, Salmo 5:11
¡Qué bueno saber que todas las circunstancias de nuestra vida están bajo el control de nuestro amado Dios! Saber que nos ama y tiene cuidado de nosotros, nos permite mantenernos firmes en nuestra fe, sin importar lo que pueda acontecer a nuestro alrededor. Dios es bueno para con todos, pero en este pasaje bíblico son descritos como objeto especial de su bondad, de su cuidado y de su protección, los que le temen y los que esperan en Él. En tiempos de persecución, la Providencia de Dios les esconde, como en pabellón sagrado, guardándolos a salvo de sus enemigos.
Hay hermosas historias que nos ilustran esta promesa, pero una de las que más me conmueven, es la de Nehemías. En la época del exilio de Israel en Babilonia, por los años 450- 440 a.C, se levantó este líder espiritual y cívico, que aunque servía de copero al rey Artajerjes I, sintió una profunda necesidad de regresar a su destruida Jerusalén, para ayudar a iniciar su reconstrucción, y preparar así el retorno del pueblo judío a su tierra.
Era una tarea imposible de realizar, por la rapidez con la que había que llevarse a cabo, por el desánimo generalizado entre los pobres habitantes que habían quedado en la ciudad, y por la presencia de unos incisivos enemigos que constantemente desanimaban al pueblo para que abandonara la obra y los muros de la ciudad no fueran reconstruidos. Sorprende la valentía de este hombre para humillarse constantemente delante de Dios, ante cada dificultad, entrando al templo, postrándose y clamando la protección y el respaldo de Dios.
Ante cada ataque, él y su pueblo oraban fervientemente y reforzaban el trabajo, haciendo turnos de obra y de guardia, día y noche. De esta manera, el pueblo se mantuvo motivado, sin que las burlas y calumnias de sus enemigos los debilitaran. ¿El resultado? El muro fue terminado en 52 días. Pero lo más importante, es que se había comenzado la reconstrucción de la vida espiritual del pueblo, dando el primer paso para la reconstrucción social, política y económica de una nación.
Si nos mantenemos files a Dios, esperando en su presencia, Él hará lo mejor por nosotros. Nos guardará y nunca tendremos que ser avergonzados.
HABLEMOS CON DIOS
“Dios, qué bueno es esperar en ti, sabiendo que tienes lo mejor para mí. Quiero conocerte más, para descubrir, en lo secreto de tu presencia, esas maravillosas promesas de salvación y vida abundante.”
“¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres! En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre; los pondrás en un tabernáculo a cubierto de contención de lenguas” (Salmo 31:19-20)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Zacarías 1:3, Salmo 5:11
¡Qué bueno saber que todas las circunstancias de nuestra vida están bajo el control de nuestro amado Dios! Saber que nos ama y tiene cuidado de nosotros, nos permite mantenernos firmes en nuestra fe, sin importar lo que pueda acontecer a nuestro alrededor. Dios es bueno para con todos, pero en este pasaje bíblico son descritos como objeto especial de su bondad, de su cuidado y de su protección, los que le temen y los que esperan en Él. En tiempos de persecución, la Providencia de Dios les esconde, como en pabellón sagrado, guardándolos a salvo de sus enemigos.
Hay hermosas historias que nos ilustran esta promesa, pero una de las que más me conmueven, es la de Nehemías. En la época del exilio de Israel en Babilonia, por los años 450- 440 a.C, se levantó este líder espiritual y cívico, que aunque servía de copero al rey Artajerjes I, sintió una profunda necesidad de regresar a su destruida Jerusalén, para ayudar a iniciar su reconstrucción, y preparar así el retorno del pueblo judío a su tierra.
Era una tarea imposible de realizar, por la rapidez con la que había que llevarse a cabo, por el desánimo generalizado entre los pobres habitantes que habían quedado en la ciudad, y por la presencia de unos incisivos enemigos que constantemente desanimaban al pueblo para que abandonara la obra y los muros de la ciudad no fueran reconstruidos. Sorprende la valentía de este hombre para humillarse constantemente delante de Dios, ante cada dificultad, entrando al templo, postrándose y clamando la protección y el respaldo de Dios.
Ante cada ataque, él y su pueblo oraban fervientemente y reforzaban el trabajo, haciendo turnos de obra y de guardia, día y noche. De esta manera, el pueblo se mantuvo motivado, sin que las burlas y calumnias de sus enemigos los debilitaran. ¿El resultado? El muro fue terminado en 52 días. Pero lo más importante, es que se había comenzado la reconstrucción de la vida espiritual del pueblo, dando el primer paso para la reconstrucción social, política y económica de una nación.
Si nos mantenemos files a Dios, esperando en su presencia, Él hará lo mejor por nosotros. Nos guardará y nunca tendremos que ser avergonzados.
HABLEMOS CON DIOS
“Dios, qué bueno es esperar en ti, sabiendo que tienes lo mejor para mí. Quiero conocerte más, para descubrir, en lo secreto de tu presencia, esas maravillosas promesas de salvación y vida abundante.”
martes, 10 de abril de 2012
Dios es mi paz verdadera
La fuente de la verdadera paz
“Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz” (Santiago 3:18)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 34:14, Lucas 24:36
Dios es justo y todas sus obras son justas. Es por eso que existe una ley espiritual que se cumple en todo lugar, momento y circunstancia: “Todo lo que el hombre siembre eso también segará”. Si el hombre siembra amor, recogerá amor. Si el hombre siembra bondad, recogerá bondad. Si el hombre siembra paz, recogerá paz. En esto consiste la perfecta justicia de Dios.
La paz, es uno de los dones más preciados que existen. Absolutamente todos los seres humanos buscan con ahínco aquello que podría proporcionarles un poco de paz, pero casi nunca lo encuentran. Piensan que la paz la brinda una persona, un trabajo, una estabilidad económica, un mejor gobierno, etc. Hacen muchas cosas para conseguirla pero desconocen el único camino señalado por Dios para encontrarla: Sembrarla permanentemente por dondequiera que vayamos.
Ahora bien, la paz comienza en un corazón lleno de amor, con una permanente actitud de perdón y de reconciliación y una constante disposición de hacer bien a los demás. Es más que aprender a llevarse bien con los otros, es aprender a amarlos, a aceptarlos como son, procurando siempre el bien para ellos, practicando en todo momento la regla de oro del Señor Jesús: “Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mateo 7:12).
La paz implica comprender que cada persona es única e irrepetible, que tiene derecho a sus propios criterios, juicios y decisiones; que los intereses, deseos y necesidades son particulares; que las metas, propósitos e ideales ajenos no tienen que coincidir necesariamente con los propios.
Buscar la paz implica aceptar la posibilidad de los errores personales y de los otros, de las equivocaciones propias y de los demás. Es comprender que convivir es difícil, pero el amor de Dios en medio de nosotros lo hace posible. ¡La paz es un ideal imposible según los métodos de los hombres, pero posible según los métodos de Dios!
HABLEMOS CON DIOS
“Padre amado, hoy entiendo que no hay nada que llene más al ser humano de alegría y bienestar como el saberse en paz con todos los hombres. Enséñame a disfrutar la paz que sólo Tú me puedes dar, para disfrutar la paz con todos los demás. Que a partir de hoy, cada vez que me enfrente a una contrariedad, elija el camino sabio de la paciencia y no de la irritación, la perturbación, los gritos o los insultos. Que pueda ver y tratar a los demás como Tú mismo lo harías. Lléname de tu Santo Espíritu para que derrame en mí, amor, fe y dominio propio”.
Lolita Cruz de Chamorro.
“Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz” (Santiago 3:18)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 34:14, Lucas 24:36
Dios es justo y todas sus obras son justas. Es por eso que existe una ley espiritual que se cumple en todo lugar, momento y circunstancia: “Todo lo que el hombre siembre eso también segará”. Si el hombre siembra amor, recogerá amor. Si el hombre siembra bondad, recogerá bondad. Si el hombre siembra paz, recogerá paz. En esto consiste la perfecta justicia de Dios.
La paz, es uno de los dones más preciados que existen. Absolutamente todos los seres humanos buscan con ahínco aquello que podría proporcionarles un poco de paz, pero casi nunca lo encuentran. Piensan que la paz la brinda una persona, un trabajo, una estabilidad económica, un mejor gobierno, etc. Hacen muchas cosas para conseguirla pero desconocen el único camino señalado por Dios para encontrarla: Sembrarla permanentemente por dondequiera que vayamos.
Ahora bien, la paz comienza en un corazón lleno de amor, con una permanente actitud de perdón y de reconciliación y una constante disposición de hacer bien a los demás. Es más que aprender a llevarse bien con los otros, es aprender a amarlos, a aceptarlos como son, procurando siempre el bien para ellos, practicando en todo momento la regla de oro del Señor Jesús: “Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mateo 7:12).
La paz implica comprender que cada persona es única e irrepetible, que tiene derecho a sus propios criterios, juicios y decisiones; que los intereses, deseos y necesidades son particulares; que las metas, propósitos e ideales ajenos no tienen que coincidir necesariamente con los propios.
Buscar la paz implica aceptar la posibilidad de los errores personales y de los otros, de las equivocaciones propias y de los demás. Es comprender que convivir es difícil, pero el amor de Dios en medio de nosotros lo hace posible. ¡La paz es un ideal imposible según los métodos de los hombres, pero posible según los métodos de Dios!
HABLEMOS CON DIOS
“Padre amado, hoy entiendo que no hay nada que llene más al ser humano de alegría y bienestar como el saberse en paz con todos los hombres. Enséñame a disfrutar la paz que sólo Tú me puedes dar, para disfrutar la paz con todos los demás. Que a partir de hoy, cada vez que me enfrente a una contrariedad, elija el camino sabio de la paciencia y no de la irritación, la perturbación, los gritos o los insultos. Que pueda ver y tratar a los demás como Tú mismo lo harías. Lléname de tu Santo Espíritu para que derrame en mí, amor, fe y dominio propio”.
Lolita Cruz de Chamorro.
lunes, 9 de abril de 2012
Señor siempre clamare a ti..............!
Cuan importante es clamar a Dios
“En cuanto a mí, a Dios clamaré; y Jehová me salvará. Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, y él oirá mi voz” (Salmo 55:16-17)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 143:8-10, Salmo 42:1
El rey David había descubierto que la oración producía un cambio benéfico y productivo en aquel que la practica. Entendía que nada le hacía tanto bien a su vida como la oración. La encontraba de provecho para su espíritu, su mente y su cuerpo. Era la mejor defensa contra sus enemigos. Mientras ellos acudían a alianzas ante las cuales muchas veces terminaban siendo los grandes perdedores y los tontos útiles, él perseveraba en la búsqueda de Dios, pues estaba seguro que ésta era su victoria. Su ruta, su camino, su descanso espiritual, su estrategia militar era la oración. A través de ella siempre encontraba todo lo que podía necesitar. De allí que exprese palabras tan contundentes y hermosas como:
“¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre. Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán; Tú destruirás a todo aquel que de ti se aparta. Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en Jehová el Señor mi esperanza, para contar todas tus obras” (Salmo 73:25-28)
Es fácil comprender entonces, por qué el rey David había adquirido el hábito de orar y clamar tres veces al día. Sus grandes necesidades, los innumerables peligros que tenía que enfrentar, las decisiones sabias que tenía que tomar y que afectarían a toda una nación, así lo requería. Pero, él no consideraba un precio alto, porque disfrutaba grandemente de esta renovadora y refrescante experiencia. Además, lo hacía con la absoluta confianza de obtener aquello que tanto necesitaba, pues estaba seguro en el amor y respaldo de su Papá Dios. ¡Era toda una aventura, salir a la acción, pero con Dios delante y a su retaguardia!
También usted, querido amigo, puede orar y clamar. Recuerde que clamar implica vehemencia, ahínco, grito de urgente necesidad. Es llamar la atención y requerir la ayuda del único que nos la puede brindar. Invoque al Señor en cada circunstancia de su vida, antes que hacer cualquier otra cosa. ¡Hágalo mañana, tarde y noche, y se sorprenderá!
HABLEMOS CON DIOS
“Señor, enséñame a buscarte cada día, a hacer de la oración mi deleite, y del clamor, mi gran necesidad. Delante de ti tengo toda libertad para confesar mis temores, mis dudas y mi debilidad. Puedo clamar por tu ayuda todas las veces que necesite y disfrutar de tu segura respuesta. Amén”.
Lolita Cruz de Chamorro.
“En cuanto a mí, a Dios clamaré; y Jehová me salvará. Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, y él oirá mi voz” (Salmo 55:16-17)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 143:8-10, Salmo 42:1
El rey David había descubierto que la oración producía un cambio benéfico y productivo en aquel que la practica. Entendía que nada le hacía tanto bien a su vida como la oración. La encontraba de provecho para su espíritu, su mente y su cuerpo. Era la mejor defensa contra sus enemigos. Mientras ellos acudían a alianzas ante las cuales muchas veces terminaban siendo los grandes perdedores y los tontos útiles, él perseveraba en la búsqueda de Dios, pues estaba seguro que ésta era su victoria. Su ruta, su camino, su descanso espiritual, su estrategia militar era la oración. A través de ella siempre encontraba todo lo que podía necesitar. De allí que exprese palabras tan contundentes y hermosas como:
“¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre. Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán; Tú destruirás a todo aquel que de ti se aparta. Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en Jehová el Señor mi esperanza, para contar todas tus obras” (Salmo 73:25-28)
Es fácil comprender entonces, por qué el rey David había adquirido el hábito de orar y clamar tres veces al día. Sus grandes necesidades, los innumerables peligros que tenía que enfrentar, las decisiones sabias que tenía que tomar y que afectarían a toda una nación, así lo requería. Pero, él no consideraba un precio alto, porque disfrutaba grandemente de esta renovadora y refrescante experiencia. Además, lo hacía con la absoluta confianza de obtener aquello que tanto necesitaba, pues estaba seguro en el amor y respaldo de su Papá Dios. ¡Era toda una aventura, salir a la acción, pero con Dios delante y a su retaguardia!
También usted, querido amigo, puede orar y clamar. Recuerde que clamar implica vehemencia, ahínco, grito de urgente necesidad. Es llamar la atención y requerir la ayuda del único que nos la puede brindar. Invoque al Señor en cada circunstancia de su vida, antes que hacer cualquier otra cosa. ¡Hágalo mañana, tarde y noche, y se sorprenderá!
HABLEMOS CON DIOS
“Señor, enséñame a buscarte cada día, a hacer de la oración mi deleite, y del clamor, mi gran necesidad. Delante de ti tengo toda libertad para confesar mis temores, mis dudas y mi debilidad. Puedo clamar por tu ayuda todas las veces que necesite y disfrutar de tu segura respuesta. Amén”.
Lolita Cruz de Chamorro.
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