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jueves, 10 de mayo de 2012

Ser luz como tu, Señor....!

El llamado a ser luz
“Ahora pues, dice Jehová, el que me formó desde el vientre para ser su siervo… Poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel; también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra” (Isaías 49: 5-6) PASAJE COMPLEMENTARIO: 1 Juan 2:7-11 Los planes que Dios tiene para cada uno de nosotros superan siempre todas nuestras expectativas. Todo sueño, anhelo o aspiración que tengamos, por muy grande que nos parezca, se quedan muy cortos frente a lo que Dios ha preparado con extremo cuidado y suficiente anticipación. Es más, podemos recordar exactamente sus palabras e impresionarnos por sus alcances: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10). La grandeza de los planes de Dios está relacionada con el propósito de ser luz para el mundo. Esto fue lo que también el Señor Jesús manifestó a sus discípulos cuando les dijo: “Vosotros sois la luz del mundo… Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:14-16). Ahora bien, el llamado a ser luz implica estar dispuestos a entregar cada rincón de nuestro corazón, el señorío de todo nuestro ser al Espíritu Santo, pues sólo de esta manera su acción se ejecuta sobre todos los aspectos de nuestra vida y se evidencia en una experiencia de salud total. Comenzamos a disfrutar la vida abundante, con sentido y felicidad que Cristo ganó para nosotros en la cruz. Pero, si bien es cierto, Él se entregó para que fuésemos salvos, su objetivo va más allá: Restaurar la tierra a través de nuestra vida. Esto quiere decir, que quienes recibimos la luz de Dios, a Jesucristo, ahora somos llamados a iluminar la vida de otros. ¿Se puede ocultar una ciudad que está en la cima de una montaña? Por las noches, su luz se ve a la distancia. De igual manera si dejamos que Cristo viva a través de nosotros, siendo llenos de su amor, manifestando su bondad hacia nuestro prójimo, siendo sensible a las necesidades de los demás, siendo ejemplo de integridad y enseñando a otros acerca de Jesús, entonces comprenderemos el verdadero propósito de nuestra existencia: Ser verdaderos luminares en el mundo. Esta luz tiene que alumbrar primero en el hogar que Dios me dio. HABLEMOS CON DIOS “Señor Jesús, qué maravilloso que siendo Tú la luz, me hagas a mí también luz. Te entrego mi vida para que hagas con libertad la obra de sanidad y restauración que necesitas para que así pueda manifestar tu luz al mundo. Amén”. Lolita Cruz de Chamorro.

miércoles, 9 de mayo de 2012

La Búsqueda de Dios

La mas importante búsqueda
“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33) PASAJE COMPLEMENTARIO: Lucas 18:18-30 Estas palabras fueron pronunciadas por Jesús de Nazaret, en razón a la enseñanza que impartía a sus discípulos acerca de lo verdaderamente importante, aquello en lo que debían invertir su tiempo y sus energías y lo cual debía representar su verdadero tesoro. Al notar la gran preocupación que la mayoría de los seres humanos tienen en asegurar su bienestar aquí en la tierra, afanándose y angustiándose por tener una provisión segura de comida, vestido y todas las cosas materiales, les hace ver que la vida del hombre es mucho más que esto. Dios nos creo para trascender, para dejar una huella eterna, para realizar obras excelsas de carácter eterno, es decir, que queden aún después de nuestra partida a su presencia y que sigan dando fruto, aun cuando ya no estemos en esta tierra. Nos habla de un verdadero propósito para vivir: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia”, quiere decir, trabajar para que cada corazón humano conozca a Jesucristo y reciba el regalo de la Salvación, sea justificado delante de Dios y entregue el señorío de su vida a Él, convirtiéndose en un instrumento de justicia y de paz en la tierra. Todos hemos recibido un llamado, una misión eterna, ser sacerdotes de Dios, embajadores para llevar el mensaje de reconciliación a través de Jesucristo a nuestros familiares, amigos, compañeros de trabajo y hasta la última persona del planeta. Dios quiere que todos aceptemos esta responsabilidad, esta misión que Él nos ofrece. Desea que le sirvamos para poder recompensarnos como ningún jefe lo puede hacer, dándonos todas las cosas que un ser humano anhela o necesita para su felicidad. Su propósito es que las administremos sabiamente y las disfrutemos, sin aferrarnos a ellas, ni convertirlas en el gran objetivo de nuestra vida. Quien se aferra a las cosas, termina siendo esclavo, pierde su libertad, deja de ser feliz, cae en la avaricia, lastima a los seres que ama y finalmente desplaza al Dador por la dádiva, al tesoro por las añadiduras, haciendo el peor negocio de su vida. ¡Querido amigo, trabaje pensando en la eternidad y tendrá una vida trascendente, benéfica y valiosa! HABLEMOS CON DIOS “Padre bueno, hoy reconozco que necesito aprender a vivir para lo verdaderamente importante y trascendental. Perdóname por distraerme y preocuparme por las añadiduras. Mi Maestro Jesús, enséñame el camino para llegar al Padre y a los planes y propósitos que ha preparado para mí”. Lolita Cruz de Chamorro.

martes, 8 de mayo de 2012

Tu ves nuestro sufrir Padre

Dios ve nuestro sufrimiento
“Vuelve, y di a Ezequías, príncipe de mi pueblo: Así dice Jehová, el Dios de David tu padre: Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo te sano; al tercer día subirás a la casa de Jehová. Y añadiré a tus días quince años, y te libraré a ti y a esta ciudad de mano del rey de Asiria; y ampararé esta ciudad por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo.” (2 Reyes 20: 5- 6) PASAJE COMPLEMENTARIO: 2 Reyes 4:8-37; Salmo 114:1-8 El más grande privilegio que tenemos como hijos de Dios es que poseemos una audiencia privada con nuestro Padre Celestial que no tiene límites de tiempo ni espacio. La falta de conocimiento sobre la vida de oración y sus magníficos resultados nos ha llevado en muchas ocasiones a vivir una vida escasa de poder y victoria, o a debatirnos en medio del dolor o la desesperanza cuando vivimos situaciones que son superiores a nuestras fuerzas o conocimientos, y que se nos hace imposible soportar o resolver. Este fue el caso del rey Ezequías ante la llegada inminente de la muerte. Sin embargo, hizo lo único que podía y sabía hacer en estas circunstancias: Oró, y Dios fue propicio a su necesidad. El poder de la oración es tan grande, que el Señor en su Palabra nos muestra de qué manera los hombres de fe alcanzaron sus propósitos y objetivos al disponerse a hablar con su Creador. Orar es comunicarnos de una manera directa con el único que puede dar solución a nuestras necesidades. A través de muchos momentos de gran necesidad, en los que he visto el respaldo sobrenatural y la gracia divina viniendo en mi auxilio o el de mi familia, he podido descubrir que existen varios principios que debemos aplicar para que nuestra oración sea respondida, los cuales puedo resumir como sigue: • Deseo Ferviente: Debe quemar ardientemente nuestro corazón. Una oración que no toca el corazón del que ora, tampoco tocará el corazón de Dios. Por esta razón debemos tener un genuino deseo delante de Dios. Ezequías lo hizo con lágrimas • Pedir: Algunas veces el corazón está deseoso, pero no obtiene lo que quiere, pues no hace una petición conforme a la voluntad de Dios • Obediencia: Dios oye mi oración, pero es necesario que aprenda a escucharle primero. Dios escucha la voz de aquellos que le obedecen • Fe: Es creerle a Dios, tener confianza en su misericordia y en su poder. Saber que lo que se espera en Él, llegará; lo que no se ve, se hará realidad • Alabanza: ¡Alegrémonos y demos gracias! La respuesta efectiva y certera siempre va precedida por la alabanza y la gratitud, pues esta es una actitud que viene de la confianza en que Dios es nuestro Padre y nos ama, y no en la urgente necesidad de ver resuelto un problema HABLEMOS CON DIOS “Señor Jesús, gracias por el hermoso privilegio de estar en tu compañía y de saber que Tú escuchas mi oración este día. Que todo motivo de preocupación o desazón, por pequeño o grande que sea, pueda convertirlo en oración; así mi mente y corazón serán guardados siempre en completa paz. Amén”. Lolita Cruz de Chamorro.

lunes, 7 de mayo de 2012

La mejor recompensa
“Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos.” (Lucas 14:13-14) PASAJE COMPLEMENTARIO: Mateo 6:1-18 Dar es una forma práctica de liberar nuestra fe y desarrollarla para ver grandes milagros en nuestra vida. Dios es en esencia un Padre dador, superabundante y generoso. Así lo ha manifestado siempre desde la creación. Con todo lo que hace, con cada una de sus obras, nos ha enseñado a dar y a hacerlo generosamente y sin medida. Pero la más grande prueba de su generosidad fue sin duda, la entrega de su Hijo Jesucristo, en ofrenda para la salvación de la humanidad. Veamos ahora el ejemplo que nos da Jesús: Lo dio todo y sin condiciones. Él se dio a sí mismo; dio su amor, su paz, su poder, su misericordia, su justicia, si tiempo, su descanso, su vida y su sangre. Se dio todo y nos dio ejemplo para que hiciéramos también lo mismo. Pero sólo existe una manera para dar así: El amor. Jesús estaba lleno de amor a su Padre y, por tanto, estaba lleno de amor a la humanidad. Podía darlo todo, porque amaba totalmente, aunque esto implicara recibir un castigo inmerecido y sufrir la ingratitud del mundo. Podía hacerlo lleno de gozo, sin tristezas ni reclamos, porque amaba a su Padre y se sentía amado por Él. Sabía que su recompensa no se la darían los hombres sino Dios, y esta es absolutamente inmejorable. Como hijos de Dios y discípulos de Jesucristo, estamos llamados a dar por amor, generosa y desinteresadamente; nuestra recompensa vendrá de Él. Saber esto nos produce una paz y una libertad maravillosas, pues ya no tenemos que esperar en las personas, de las cuales algunas veces lo que se recibe es la ingratitud, sino de nuestro generoso Dios, quien siempre actuará para cumplir sus propósitos sobrenaturales en cada uno de nosotros. Hoy le invito a que usted realice un convenio de bendición con Dios. Siembre una semilla de fe, dando lo mejor de usted a alguien que no tenga como pagarle, y ¡prepárese para ver extraordinarios milagros en su vida! HABLEMOS CON DIOS “Señor Jesús, muchas gracias por tu generosa entrega y desinteresado amor. Perdóname porque muchas veces he sido una persona calculadora y egoísta. ¡Cuántas veces he dado algo esperando recibir un beneficio, o para que otros me vean! Enséñame a amar como lo haces Tú, para dar lo mejor de mí mismo, especialmente a quienes más lo necesitan, y tener así las preciosas recompensas de mi Padre Celestial. Amén”. Lolita Cruz de Chamorro.

viernes, 4 de mayo de 2012

LAS PALABRAS

Palabras que enriquecen
“El hombre será saciado de bien del fruto de su boca; y le será pagado según la obra de sus manos” (Proverbios 12:14) PASAJE COMPLEMENTARIO: Colosenses 3:16-17; 4:6 Dios nos ha dado preciosos dones y uno de ellos es el de poder sembrar y preparar con anticipación aquello que anhelamos vivir. Sin embargo, hay muchos que no hacen una siembra adecuada, pues no realizan su mayor esfuerzo ni escogen la mejor semilla. Olvidan que hay un Dios justo, para recompensar a cada uno según lo que haya hecho. Conocer a Dios es estar completamente seguros de que no nos dará nada gratis, pues las mejores cosas de la vida y las que más valoramos, son aquellas que nos han requerido gran esfuerzo y nos han merecido gran disciplina y dedicación. Todo lo que hagamos, todo lo que digamos, tiene un efecto y trae una consecuencia. Según haya sido la semilla, así será el fruto. Ni siquiera las palabras, las cuales pensamos que se las lleva el viento, estarán exentas de juicio y valoración según la intención con la que fueron pronunciadas y el efecto que causaron. Así que cada día tenemos la oportunidad de sembrar lo correcto. La Biblia nos insta a sembrar con palabras y acciones, lo excelente, lo mejor. “Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal y sus labios no hablen engaño” (1 Pedro 3:10) nuestras palabras son joyas que adornan la vida. Como nuestras palabras son concebidas y producidas en la mente, para luego ser manifestadas a través de nuestros labios, debemos procurar tener dominio propio sobre nuestros pensamientos primeramente, y segundo, sobre la manera como vamos a expresarlos. Aprendamos de la palabra de Dios ocho filtros, a través de los cuales podemos depurar nuestros pensamientos y palabras, de tal manera que edifiquen y produzcan bendición: El filtro de la verdad, la honestidad, la justicia, la pureza, la amabilidad, el buen nombre, la virtud, y por último, sólo pensar o decir algo digno de alabanza para Dios (Filipenses 4:8) HABLEMOS CON DIOS “Padre, gracias por enseñarme que lo que vivo hoy es consecuencia de lo que dije o hice ayer, y que hoy tengo la oportunidad de sembrar lo mejor para el mañana. Que tu Santo Espíritu me llene de poder para hablar y hacer siempre lo que edifica, lo que construye, lo que enriquece a otros; pues esto mismo me permitirás cosechar en todos los aspectos de mi vida. Amén”. Lolita Cruz de Chamorro.

jueves, 3 de mayo de 2012

Tu eres nuestro gozo

Fuente de gozo
“Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre” (Proverbios 5:18-19) PASAJE COMPLEMENTARIO: Cantares 1:1-17 Dios ha provisto para el hombre y la mujer, en cuanto a su relación matrimonial, una fuente de gozo permanente que no se agota con los años, como piensan la mayoría de los seres humanos, sino que puede proporcionar cada vez más felicidad, satisfacción y emoción a la vida conyugal. Cultivar esta relación de pareja, les llevará a disfrutar de ese renovado y fresco amor, y de la paz y bienestar en su familia y en la sociedad. Lamentablemente, para muchos, el acto íntimo no está cimentado sobre el amor mutuo ni está rodeado de un clima de tiernas expresiones de consideración y cariño, y por eso no pueden disfrutar de la armónica sinfonía emocional que Dios quiere para cada pareja matrimonial. Ese desajuste físico y emocional llevará inevitablemente a la frustración para uno o ambos cónyuges. Es necesario escuchar el consejo que una madre muy sabia dio a una pareja de recién casados, cuando tuvieron que enfrentar su primer problema matrimonial, el mismo día en que se celebraba la boda y que hubiera podido marcar un mal inicio para la relación. El vino para la fiesta se había agotado, y esto, en una cultura como la judía, representaba una grave falta de previsión de parte del novio y un desaire para con su esposa, su familia y sus invitados. Pero para tranquilidad de todos, los novios habían tenido el más grande de los aciertos, y es que habían invitado a su boda a Jesús. Él estaba allí y podía resolver cualquier inconveniente que se presentara. Él tiene la provisión que todo matrimonio, que todo hogar necesita para estar completo y feliz. Su madre, María, lo sabía, y por eso dice al encargado de la fi esta: “Haced todo lo que Él os dijere”. Así lo hizo, siguiendo al pie de la letra la instrucción que Jesús les dio. El vino abundó, la fiesta continuó. Todos fueron muy felices, como también lo serán todos aquellos matrimonios que hoy inviten a Jesús a vivir en medio de ellos, para que la provisión de amor, ternura, perdón y misericordia, dentro del hogar, nunca falte. Ponga cada día su matrimonio en las manos del Señor para que nunca les falte el vino del amor, ore por su cónyuge y confíe que Dios estará con ustedes. HABLEMOS CON DIOS “Padre bueno, perdóname porque muchas veces no he escuchado ni seguido tus instrucciones. Tú eres el vino que alegra mi hogar, mi matrimonio, mi vida. Hoy te pido con todo mi corazón que vengas a morar en mi casa, para que dispongas lo que ha de hacerse. Amén”. Lolita Cruz de Chamorro.

miércoles, 2 de mayo de 2012

UNA CORONA DE VIDA

Una corona de vida
“Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman” (Santiago 1:12) PASAJE COMPLEMENTARIO: Romanos 4:1-18 “Corona de vida”, es una excelsa recompensa que ni siquiera alcanzamos a imaginar. Lo que sí sabemos es que todas las promesas que Dios da en su Palabra tienen el sello de: “Sí y Amén”. Primero pasará el cielo y la tierra, antes que sus palabras, hasta que todo se haya cumplido. Esta promesa está dada para todos aquellos mártires que por amor a Jesús mostraron valentía y arrojo, a tal punto que estuvieron dispuestos a morir antes que negar su fe o vituperar el nombre de Cristo. Sin embargo, esta corona también será dada a todos aquellos que salen victoriosos de las diversas pruebas que los hijos de Dios tendremos que pasar. Estas pruebas son absolutamente necesarias y útiles para enraizarnos en nuestra fe, para vivir en la dimensión de los milagros y desarrollar el carácter de Cristo. Además, la Biblia nos da la seguridad que Dios no va a permitir que seamos probados más allá de lo que podamos resistir (1 Corintios 10:13). Ahora bien, si cultivamos una permanente comunión con Dios y su Palabra, estaremos plenamente capacitados para enfrentar las diversas pruebas con gozo, confiados en la victoria, sabiendo que aunque en el mundo hay aflicción, Cristo ha vencido el mundo. Lamentablemente son muchos los cristianos que pierden el examen y se debilitan y desaniman. Ante cualquier problema, aflicción o amenaza, comienzan a razonar: “¿Si soy tu hijo, por qué me pasa esto?” Vale la pena aclarar en este punto, que las pruebas a las que se refiere este pasaje, son las que vienen a causa de nuestro amor a Dios, por asumir una posición radical respecto a sus verdades y principios, y por causa de la Gran Comisión, por llevar su mensaje hasta lo último de la tierra. De ninguna manera se refiere a las pruebas que vienen a la vida del cristiano a causa de su desobediencia, por su pecado, pues estas solamente se superan a través de un sincero arrepentimiento y un cambio genuino en nuestras actitudes y conductas. Nunca debemos pensar que las pruebas sean castigo, sino más bien experiencias formativas de gran provecho para crecer y madurar. HABLEMOS CON DIOS “Señor, gracias por tus hermosas enseñanzas. Quiero vivir arraigado en ti tan fuertemente que nada ni nadie me pueda separar. Ayúdame a ser un hijo valiente y definido, que sepa soportar las pruebas de fe y salir victorioso siempre, para recibir la corona de vida”. Lolita Cruz de Chamorro.