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martes, 4 de diciembre de 2012

Perfectos en unidad


“Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste” (Juan 17:20-21)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 133

Es claro que la única manera en que los creyentes de todas las épocas serían guardados y la obra del Señor preservada, era a través de la unidad. Que todos fuéramos uno: Todos, unánimes, juntos, en armonía. Pero este proceso sólo puede darse por el Espíritu Santo, y para entenderlo, hay un procedimiento correcto dentro de la pedagogía de Dios:

Primero, la comunión de cada uno de los miembros de la iglesia de Cristo, con Dios, es lo que conocemos como Unidad vertical. Cada uno conectado con Dios, permaneciendo en Él, levantándose por encima de su naturaleza humana y viviendo a plenitud su naturaleza divina, manifestada en amor y servicio. Cada uno, no dependiendo de la opinión de otros, que halagan o critican, pero tampoco cayendo en la trampa del ego. Más bien, cada uno consumiéndose en el altar de Dios, dejando que la escoria se queme, y dejando salir ese oro resplandeciente y puro, que no es otra cosa que el carácter de Cristo o el fruto del Espíritu Santo, el cual me permito recordar: Amor, gozo, paz, paciencia, bondad, benignidad, fe, mansedumbre y templanza. Este es el fruto, que enriquece, hermosea y hace totalmente completa y benéfica nuestra vida, de tal manera que podamos lograr todo lo que nos propongamos, en el nombre del Señor.

Cultivar esta comunión, es dejarse conquistar por el Señor, para ir a conquistar su familia y su entorno para Dios.

El segundo paso del proceso, es la comunión con el cónyuge (esposa o esposo) con quien se restablece la relación de interdependencia, complementariedad e intimidad. Luego viene la comunión con los hijos, quienes también reciben la acción del Espíritu Santo, haciendo que sus corazones se vuelvan a sus padres en amor, honra y respeto. Pero también actúa en los padres para dar ternura, instrucción y disciplina a sus hijos. Por último, viene la comunión con otras personas, con otras familias.

Es entonces cuando se vive la santa unción expresada en el Salmo 133, la cual trae bendición y vida eterna.

HABLEMOS CON DIOS:

“Padre bueno, dame el poder de tu Santo Espíritu para cultivar mi comunión contigo, con mi familia y con los que me rodean. Así el mundo creerá en Ti y nuestra sociedad tendrá una esperanza verdadera de restauración y paz”.

Lolita Cruz de Chamorro.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Nuestra segura victoria


“El rey se alegra en tu poder, oh Jehová; Y en tu salvación !cómo se goza!” (Salmos 21:1)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 21:1-13

Ninguna persona en sus fuerzas, con sus medios podrá lograr la felicidad, más el hombre que coloca su confianza en Dios, alcanza su bendición, la que enriquece y no añade tristeza con ella. El mejor ejemplo lo encontramos en el rey David, quien confió su vida a Dios.

Sin duda alguna, la alegría que se percibe en este cántico de David, es la manifestación de la respuesta a su clamor, pues aunque siempre tuvo que enfrentar enemigos y peligros, nunca perdió su fe, y nunca dejó de encomendarle su vida a Dios.

Siempre tuvo por seguro que su Dios era quien lo defendía, y le daba las victorias. Cuando la Palabra de Dios dice que “era David conforme al corazón de Dios”, está resaltando justamente esa complacencia del Padre con su hijo. David no era un hombre perfecto, pero sí tenía en su ser interior la actitud y disposición de agradar a Dios en todo, y por más duras y fuertes que eran sus luchas, nunca dejó de buscarlo, todo se lo consultaba, y nunca salía a enfrentar las batallas sin asegurarse de que Dios estaba con él. Además, sabía darle el reconocimiento a Dios y siempre cultivó un corazón agradecido.

El Salmo 21, es un canto de alegría por las victorias obtenidas. Es el reconocimiento de un pasado y un presente que han sido guardados por la mano soberana de un Dios de bondad, y la proyección hacia un futuro libre de todo temor e incertidumbre.

Cada día debemos celebrar el poder de nuestro Dios, que nos salvó y reconocer que Él es el único que nos garantiza las victorias duraderas y verdaderas. Todos podemos declarar por medio de Cristo: “Antes, en todas las cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37).

Cultivemos la actitud agradecida de este valiente rey, su disposición para agradar a Dios, y así también nosotros seremos correspondidos con su respaldo, cuidado y bendición.

HABLEMOS CON DIOS:

“Padre Celestial, me acerco a Ti para suplicarte que cada día me sustentes. Reconozco que sólo tu amor y tu poder me llevan a la segura victoria en todas las áreas de mi vida. Permíteme celebrar cada día que Tú estás conmigo, Amén.”

Lolita Cruz de Chamorro.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Declaraciones de Poder


«Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora». Mateo 15:28

PASAJE COMPLEMENTARIO: Mateo 15:21-28; Marcos 10:46-52

No es fácil pedir algo y menos si a quien le pedimos no lo conocemos lo suficiente. Para esta mujer del relato bíblico, no era tan fácil llevar esta petición a Jesús, pues era la primera vez que iba a tener un encuentro personal con el Salvador; sin embargo, ella estaba decidida a hacerlo, pero lo más hermoso, estaba convencida de lograr lo que pedía. Cuando nos acercamos a Dios, convencidos de que sólo en sus manos encontraremos solución a nuestras necesidades, persistiremos en su búsqueda, hasta cuando nos diga como a la mujer cananea: «Grande es tu fe; hágase contigo como quieres».

Dios quiere que nos presentemos a Él, como lo hizo esta mujer. Ella se acercó firme, segura, convencida, y persistente. Estos son los aspectos que debemos tener en cuenta para que nuestras oraciones muevan la mano de Dios a favor nuestro, o de aquellos por los cuales intercedemos diariamente.

Además, existen anhelos en nuestros corazones, los cuales hemos expresado a Dios, pero; los olvidamos y no persistimos hasta verlos cumplidos porque no vemos la respuesta inmediatamente.

Si hacemos esto, estamos pensando que Dios no se ha interesado en nuestra necesidad, o no nos ha escuchado. Recordemos que Dios es un Padre que quiere formarnos, por eso, algunas de nuestras peticiones no son respondidas de inmediato.

Hoy, como la mujer cananea, podemos activar la fe, para ver el milagro que necesitamos. Cuán importante es recordar en estos momentos, lo que Dios mismo nos da a conocer acerca de su Paternidad: «Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?». (Lucas 11:13)

Pensemos en este momento que si no hemos visto la respuesta de Dios a nuestra petición, este es un buen día para revisar nuestra actitud y decidir creer y perseverar hasta ver la respuesta de parte del Señor.

HABLEMOS CON DIOS:

“Señor, tu palabra dice que a través de la fe puedo ver hecho realidad lo que quiero. Enséñame a creerte a ti, a creer que eres tan poderoso que no hay cosa que no puedas hacer. Te agradezco por todo lo recibido. Amén”

Lolita Cruz de Chamorro.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Nacimos para triunfar


“Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas. Sin faltar una de ellas” (Salmo 139:16)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Isaías 54:2-3; Isaías 49:1-9

Los hijos de Dios estamos llamados a vivir una vida de victoria, y el resultado será que todo lo que emprendamos cada día prosperará. Pero sin duda alguna, esto se aplica a aquellos, cuyas vidas están asociadas con Dios.

Hacer sociedad con Dios es similar a tener un seguro de vida, pero la diferencia es que los dividendos que se obtienen no son para lo terrenal que perece; sino para lo eterno que permanece para siempre.

Indudablemente, que quien goza de esta riqueza espiritual, también lo ve reflejado en lo material como expresa el salmista: “Y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan” (Salmo 37:25).

Dios es nuestro papá, Él estuvo atento desde el día que fuimos concebidos en el vientre de nuestra madre, y a partir de ese momento ha sido así cada instante de nuestra vida hasta hoy. En conclusión, podemos afirmar que somos no sólo la maravilla de la creación, sino, el milagro más grandioso de la obra de Dios, es decir, somos especiales porque fuimos hechos a su imagen y semejanza; por esta razón podemos asegurar que hemos nacido para grandes cosas, para triunfar, para ganar y nunca para perder o vivir una vida miserable, desdichada y falta de propósito.

Así nos lo asegura el Señor en su Palabra: “oídme, costas, y escuchad pueblos lejanos, Jehová me llamó desde el vientre, desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre en memoria” (Isaías 49:1)

Cuando alguien tiene cuidado de una persona, es porque le ha hecho un seguimiento especial y espera mucho de él, de manera que quien ha estado al tanto de nuestra vida, es nuestro propio Papá Dios. Él nos ve en toda la dimensión de acuerdo al propósito para el cual nos creó y así espera que vivamos. No podemos desfallecer ante ninguna situación, Dios está y estará siempre a nuestro lado.

HABLEMOS CON DIOS:

“Señor, qué maravilloso es saber que Tú conoces cada parte de mi ser a la perfección, pues Tú me formaste; has manifestado tu fidelidad a mi vida, por eso te alabo y te bendigo. Hoy más que nunca declaro que contigo soy más que vencedor. Amén.”

Lolita Cruz de Chamorro.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Una vida sobrenatural


“El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros”. (Juan 14:17)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Efesios 5:18; Isaías 61:1-3

Es necesario hablar del Espíritu Santo, el precioso regalo que recibimos desde el momento en que aceptamos a Jesucristo como Señor y Salvador. Él nos lo dejó para que no estuviéramos solos, para que no nos sintiéramos huérfanos y sobre todo, para que hiciéramos en el poder de su Espíritu cosas mayores a las realizadas por Él.

Fue después de la muerte y resurrección del Señor Jesucristo, que sus discípulos recibieron el poder del Espíritu Santo para ir a conquistar el mundo. No podemos entonces en tiempos como estos, dedicarnos únicamente al conocimiento teórico del Espíritu Santo: quién es, para qué nos fue dado, qué hace, cuáles son sus manifestaciones, etc. Tenemos que hacer la obra del Espíritu Santo y entonces, entenderemos la sobrenatural vida a la que hemos sido llamados.

¿Qué es entonces la vida sobrenatural? Es la vida que Dios da a través de su Espíritu Santo, es aquella que no tiene límites y que no le es dado al hombre obtener en su propia fuerza. Quiere decir que si usted recibió a Cristo, el Espíritu Santo mora en usted y la verdad enseñada por el Espíritu le brindará un canal amplio y profundo en el que fluye su poder habilitándolo para obras sobrenaturales.

¿Pero cuál es la razón por la que no todos los cristianos viven esta clase de vida? Hacer planes “como yo quiero”, obedecer instrucciones “si quiero”, trabajar “cuando quiera”. Cuando todo está sujeto a “lo que quiero”, resulta imposible la vida en el Espíritu, pues lo que se manifiesta no es el Señorío de Jesucristo a través de nuestra vida, sino el señorío de nuestro propio ego.

Cuando recibimos entonces al Espíritu Santo, recibimos la vida resucitada de Jesús y todo lo que fluye de esa vida. La vida sobrenatural comienza cuando nos dejamos controlar del Espíritu Santo y no cuando queremos controlar al Espíritu Santo (Juan 21:18)

HABLEMOS CON DIOS:

“Amado Padre celestial, cómo deseo en este momento que se manifieste en mí tu poder transformador a través del Espíritu Santo, para tener una vida sobrenatural. Me dispongo a cederte el control de mi vida, el gobierno y señorío de mi existencia pues anhelo que se manifieste en mí la vida de Jesús. Amén”.

Lolita Cruz de Chamorro.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Respuesta permanente a una oración


“Y le dijo Jehová: Yo he oído tu oración, y tu ruego que has hecho en mi presencia, yo he santificado esta casa que tu has edificado, para poner mi nombre en ella para siempre; y en ella estarán mis ojos y mi corazón todos los días.” (1 Reyes 9:3)
PASAJE COMPLEMENTARIO: 1 Reyes 8:28-30
El rey Salomón siguiendo la instrucción de David su padre, emprende una obra grandiosa: Construir el Templo para Jehová el Dios de Israel. Para dedicar este hermoso lugar Salomón hace una oración tan profunda y al mismo tiempo tan sencilla, llena de sabiduría que conmueve el corazón de Dios.
A modo general, lo que pide Salomón en su oración, es que Dios declare ese templo como un lugar santo, sagrado y que además se vuelva casa permanente de oración, también pide que toda oración que se haga en ese lugar, tenga un aprecio especial de Dios y haya una respuesta efectiva a lo que se pida allí.
La respuesta del Dios de Israel fue contundente y permanente, recordemos:
• Hoy en día es conocido ese lugar como el Muro de las Lamentaciones
• Los que hemos ido a ese lugar a orar, a pedir, hoy podemos dar testimonio de la eficaz respuesta a cada petición
• Millones de peregrinos van anualmente a ese lugar a encontrarse con el Dios de Israel
• Una parte del pueblo de Israel conserva el Muro como el lugar más sagrado y santo
• Muchos han comprendido que este es el lugar que Dios escogió para morar en la tierra y que Él es el único y verdadero Dios (2 Crónicas 7:15-16)
Tenemos en este, un maravilloso y contundente ejemplo de oración contestada. Tomemos aliento para seguir orando, buscando las respuestas de Dios no sólo a nuestras necesidades, sino también a las de toda la humanidad.
HABLEMOS CON DIOS:
“Gracias Señor por hacer del templo de Jerusalén un lugar tan especial para un encuentro inolvidable contigo. Gracias por hacer de mí, a través de Jesucristo, un templo vivo donde Tú habitas permanentemente a través de tu Espíritu Santo. Que tu presencia resplandezca en mí, que yo cumpla la misión para lo cual Tú me escogiste y pueda vivir para honrar tu nombre, Amén”.
Lolita Cruz de Chamorro.

martes, 6 de noviembre de 2012

Una lección de confianza


“Cuando todos los reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán al occidente, y todos los reyes de los cananeos que estaban cerca del mar, oyeron cómo Jehová había secado las aguas del Jordán delante de los hijos de Israel hasta que hubieron pasado, desfalleció su corazón, y no hubo más aliento en ellos delante de los hijos de Israel” (Josué 5:1)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Josué 3 y 4
Este hermoso pasaje nos relata un episodio que vivió el pueblo de Israel, cuando habiendo terminado ya su peregrinaje por el desierto, se encontraban ahora a las puertas de la conquista de la Tierra Prometida, bajo la dirección de Josué, el sucesor de Moisés. Durante todos esos años, los judíos conocieron de cerca a Dios, le vieron a través de todas sus maravillas y prodigios que hizo ante ellos; Dios les proveyó el sustento diario, bebieron agua de donde ni siquiera lo imaginaban. Pero esta etapa de peregrinaje tenía que quedar atrás, ellos debían cruzar el Jordán y tomar posesión de la tierra que habían heredado. Cruzar el Jordán era aventurarse nuevamente en las manos de Dios Todopoderoso, que nunca les había fallado; pero no cruzarlo era morir en el desierto sin conocer la tierra que fluía leche y miel que les había sido prometida a sus padres.
Una necesidad clara para la supervivencia del pueblo de Israel, era la confianza que debían seguir depositando en Dios, quien no sólo era su proveedor y ayudador. ¡Era su Comandante en Jefe! Así se lo comunicó un ángel del Señor a Josué cuando se le manifestó para darle instrucciones de parte de Dios sobre la toma de la ciudad de Jericó, diciéndole que venía como Príncipe del ejército de Jehová (Josué 5:13-15). Aunque la conquista no era una tarea fácil, no estaban solos, porque Dios había prometido estar con ellos y así se los estaba demostrando. El éxito de sus vidas, de ahí en adelante y como hasta ahora lo habían vivido, dependía de varias cosas: su fe, su confianza, la obediencia, la madurez para enfrentar las diferentes situaciones y la oración; con seguridad iban a encontrar dificultades y obstáculos, pero debían estar convencidos que mientras estuvieran de la mano de Dios, nadie podría hacerles frente.
Hoy nosotros, como los hijos de Israel, podemos estar a punto de cruzar el Jordán, un momento clave y definitivo para nuestra vida, y que nos abrirá paso al cumplimiento de las promesas de Dios. Pero es posible que nuestro corazón esté lleno de temores, dudas e incertidumbre, así que decidamos hoy oír la voz de Dios, que nos dice que el tamaño de los obstáculos no puede impedir que marchemos hacia la victoria. Dios no quiere que nuestro corazón desfallezca ante las adversidades, Él puede hacer que crucemos el Jordán en seco, y de esta manera nos dará las bendiciones y la provisión necesaria para disfrutar de sus maravillosas promesas.
HABLEMOS CON DIOS:
“Señor, hoy pongo delante de Ti mis debilidades, mis dudas, mis obstáculos y descanso confiada en tu Palabra para marchar hacia la victoria; entiendo que tomado de tu mano puedo recuperar las fuerzas y estar firme ante los nuevos desafíos. Gracias por la vida de victoria que puedo disfrutar, Amén.”
Lolita Cruz de Chamorro.