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viernes, 30 de diciembre de 2011

¿Consideras que la restauración familiar celular en el señor te lleva a la unidad y la excelencia?

Una hermosa herramienta de unidad

“Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá” (Mateo 12:25)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Mateo 18:20; Marcos 1:29-34

Lo que las familias de hoy necesitan con urgencia es fortalecer la verdadera unidad, acrecentar un genuino calor de hogar, generando un ambiente propicio para la comunión unos con otros. Para esto, con base en mi propia experiencia, quiero plantearles una maravillosa herramienta a través de la cual se establece con más fuerza la unidad familiar, se tratan los problemas que afectan a sus miembros y se buscan soluciones adecuadas, se liman asperezas y se le cierra la puerta al egoísmo y al individualismo. Además, se restaura la autoridad del varón como cabeza del hogar y esto hace que pueda dirigir la familia con criterio y seguridad, pues cuenta ahora con el respaldo de su esposa e hijos.

Pero el mayor beneficio que ofrece esta herramienta, es permitir que los miembros de la familia, especialmente los hijos, aprendan a confiar en Dios, a entender que sólo Él puede suplir cada una de sus necesidades, pues Él es nuestro verdadero Papá. Se trata de la Célula de Desarrollo Familiar.

La Célula de Desarrollo Familiar, es un encuentro de la familia con Jesús, el Príncipe de Paz; una reunión que se hace con toda la familia, donde los miembros se juntan para dialogar sobre sus vivencias, necesidades, problemas e intereses comunes, bajo la dirección del jefe del hogar, dejando que Dios intervenga en todos los asuntos familiares.

Es muy importante que este encuentro vital y renovador, se realice con frecuencia, mínimo una vez por semana, en el día y hora elegidos por la familia. Les recomiendo que este tiempo sea dirigido por el padre, como cabeza de la familia, o en su ausencia, lo debe hacer la madre o un hermano mayor. En cuanto al ambiente, debe ser propicio para la integración familiar, debe ser abierto a todo tipo de intervención y diálogo, y en el que cada miembro de la familia se pueda expresar con libertad. Debe permitirse que el Espíritu Santo sane toda herida y desacuerdo, para que, de esta manera, se restablezca la comunicación y cada miembro pueda crecer en el amor y en el conocimiento de Dios.

Un procedimiento sencillo puede ser: Oración, Palabra de Dios, reflexión con participación de todos, interacción y aplicaciones personales y familiares, oración de acción de gracias y oración los unos por los otros.

HABLEMOS CON DIOS:

“Señor, gracias por cuidar de mi familia, enseñándome esta hermosa herramienta de unidad. Dame la sabiduría para aplicarla y el amor para perseverar en ella, hasta ver mi casa totalmente restaurada, unida y feliz”.
Lolita Cruz de Chamorro.

jueves, 29 de diciembre de 2011

¿Te consideras siervo hijo o siervo esclavo?

Hijos, herederos

«Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo» (Gálatas 4:7)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Romanos 8:14-21; Gálata 4:3-7

En el capítulo 15 del evangelio de Lucas, la Biblia nos relata la historia de un hombre que tenía dos hijos: uno de ellos, el menor pidió su herencia, se fue lejos y la malgastó; luego regresó con las manos vacías a su casa.

El recibimiento que le hace su padre es verdaderamente conmovedor: le abraza, le besa, le hace vestir con hermosos trajes, le coloca su anillo y prepara para el una gran fiesta.

Nos cuenta la Biblia, que tan pronto éste llegó a la casa, el hermano mayor, el que siempre había estado al lado del padre, se enteró de lo ocurrido y se enojó, tanto, que se salió de la casa, aunque su padre le rogaba que no lo hiciera. Y, entonces manifestó la causa de su enojo: durante años había estado al lado de su padre, trabajando para él y nunca había tenido semejantes atenciones. El padre, entonces, responde con sabiduría: «Hijo tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas» (Lucas 15:31).

Cuántas veces nos ha sucedido, que aunque Dios nos llama hijos no nos sentimos así. Cuántos cristianos hay que aunque siendo libres actúan como esclavos, sirviendo a Dios por conveniencia, por temor, o por que no tienen otra alternativa, llenos de amargura y frustración.

Permita que esta verdad revelada: «Ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo”, penetre hoy hasta lo más profundo de su ser, y destruya toda barrera que se haya levantado entre Dios y usted.

Abandónese en sus brazos paternales, y decida comenzar a disfrutar la provisión de amor, y de paz, que Él tiene para usted en calidad de auténtico heredero.

HABLEMOS CON DIOS:

“Padre Celestial, quiero darte gracias porque hoy entiendo mi nueva posición de hijo, llévame a cada vez experimentar más la realidad de quien ahora soy, para dejar aquellas actitudes que esclavizaban mi vida. Que pueda disfrutar tu Paternidad, amor y todas las bendiciones que tengo como tu heredero. Amén”.
Lolita Cruz de Chamorro.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

¿La Paz y el Amor son las bases para una vida plena en comunidad?

La paz y el amor

«Pero acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de que os escriba, por que vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis unos a otros». (1 Tesalonicenses 4:9)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Romanos 12:9-21

Pablo consideraba que los cristianos de Tesalónica ya habían aprendido el amor fraternal y lo disfrutaban, pues su encuentro con el mensaje de Jesucristo había transformado tanto sus vidas, que llegaron a ser imitadores «suyos y del Señor» (1 Tesalonicenses 1:6).

Habían dejado sus ídolos, para convertirse al Dios vivo y verdadero, y para servirle; Él realizaba un verdadero ministerio de fe, de constancia y de amor, a través de ellos. Estos hombres habían experimentado suficientemente el amor de Cristo a través de la vida de Pablo.

Dios les había enseñado que de la misma manera como su amor, su ternura y su misericordia se habían derramado sobre ellos, debían hacerlo con todos los hombres. Sin embargo, aunque los Tesalonicenses practicaban el amor fraternal, Pablo los motiva y exhorta a cultivarlo y a abundar en ello cada día más; sólo así esta iglesia crecería y se fortalecería, otros serían ganados para Cristo, y la ciudad sería bendecida y prosperada.

En un mundo convulsionado, los cristianos estamos llamados a gestar la paz, y esa paz se inicia haciendo práctica la enseñanza de Jesús: «Esto os mando: Que os améis unos a otros». (Juan 15:17). El mundo necesita una paz basada en el amor y no en tratados, y somos usted y yo los llamados a ofrecerlo. Decida amar en este día; decida actuar como actúa Dios, como actuó Jesús.

Comience por su propia familia. Decida amarlos de la misma manera que Dios le ama a usted: con entrega, con fidelidad, con misericordia, sin condiciones, sin límites. Ese amor perfumará su hogar, lo impregnará de gozo, le proporcionará estabilidad y firmeza, lo mantendrá ileso ante las adversidades, y se propagará hasta su barrio y su ciudad, generando vida y paz.

HABLEMOS CON DIOS:

“Señor, qué maravilloso ha sido para mi encontrarme con tu sobrenatural amor, por esto te pido que me permitas amar de la misma manera a todos los que están a mi alrededor. Reconozco que Tú eres la fuente inagotable de amor. Conviérteme en un instrumento de amor para los demás, que yo sea un digno representante tuyo aquí en la tierra. Amén”.
Lolita Cruz de Chamorro.

martes, 27 de diciembre de 2011

¿Dios es nuestra única confianza?

Una verdadera confianza

«Bienaventurados todos los que en Él confían.» (Salmo 2:12b)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 119:97-112; Lamentaciones 3:22-26.

Cuando miramos a una persona, adquirimos la percepción de ella, basada en los sentimientos y las impresiones; se hace necesario entablar una relación de comunicación, si queremos conocerla de verdad; cuánto más diálogo y relación tengamos con la persona, tanto más será la influencia que ésta ejerza sobre nuestra vida. Igualmente sucede con Dios y su Palabra; es imposible comprobar la salud y la libertad que Dios nos transmite a través de su Palabra, sin una relación creciente con ella.

Cuando nos entregamos a Dios, Él nos conduce en sus brazos de amor, a través de su Palabra, hacia el equilibrio en las tres áreas del ser humano: espíritu, alma y cuerpo. El Dios cercano, el que nos hizo y formó, sale a nuestro encuentro cada día, con un ofrecimiento ilimitado de Gracia, como regalo de amor. Esto significa que podemos depositar en Él: victorias, derrotas, alegrías y tristezas, fracasos y éxitos ¡Hemos encontrado lo que buscamos!

Bienaventurados los que ponemos nuestra confianza en el Creador, y aplicamos en nuestra vida su Palabra, pues esta nos ajusta de tal manera que avanzamos felices; con una mente sana, emociones controladas y voluntad firme al servicio de objetivos claros y definidos. La Biblia tuvo su origen en la mente de Dios, y es a través de ella como deben ser formados nuestros pensamientos, reguladas nuestras emociones y moldeada nuestra voluntad.

Para comprender mejor lo anterior, es necesario recordar que nuestro Padre Dios es fiel. Él es digno de nuestra fe y confianza, guarda su Pacto y sus promesas, cumple su Palabra; Él no cambia, es inmutable. En una sociedad donde la infidelidad es común, las personas se desarrollan en un ambiente de desconfianza y temor. Sólo los que confían en Dios, pueden descansar en Él, porque, «Su fidelidad es incomparable». Aunque nosotros seamos infieles, Él permanece fiel, pues no puede negarse a sí mismo. De ahí que podemos descansar, no permitir que la ansiedad, el temor y el pesimismo nos dominen. Comprender la fidelidad de Dios, debe conmover nuestro corazón, ya que sin merecerlo, siempre contamos con su amor, su provisión y su cuidado.

¿Dónde encontraremos otro amor semejante al suyo?

HABLEMOS CON DIOS

“Amado Padre, hoy quiero deleitarme en Ti, en tu Presencia, pues es allí donde me sustentas, me sanas, me fortaleces, me haces libre de esquemas y paradigmas que me esclavizan y me llenas de tu amor incondicional. Padre amado, qué bueno es saber que no hay nadie como Tú, que a pesar de nuestra infidelidad, Tú permaneces fiel. Gracias porque no dejas de amarme, nunca cambias. Sólo te pido me lleves a no ser más indiferente a tan precioso regalo. Tomo hoy la decisión de seguirte con todo el corazón, de amarte con todas las fuerzas y nunca mirar atrás. Amén”.
Lolita Cruz de Chamorro.

lunes, 26 de diciembre de 2011

¿La unidad en Dios hace la perfección?

Perfectos en unidad

“La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Juan 17:22,23)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Juan 17:21-23, Efesios 4:13

La unidad es el fundamento de la paz, la base y condición necesaria para todo progreso y desarrollo humano.

El ser humano siempre ha buscado la unidad y la paz, en situaciones externas, pero no en su corazón. Ha desconocido a lo largo de su existencia sobre la tierra, que la paz social se produce cuando los corazones de los seres humanos se encuentran reconciliados y esto sólo puede suceder, cuando se da paso al amor sanador, perdonador y restaurador de Dios.

Lo primero que tiene que suceder es que nos reconciliemos con Dios, para luego vivir en unidad con Él, en una verdadera comunión que nos transforma y renueva cada día. Es allí donde obtenemos la fuerza y el poder necesario para vivir produciendo bendición a todo lo que tocamos y a todo lo que nos rodea. Tomemos ejemplo del mismo Señor Jesucristo, la vida más fructífera, productiva e impactante jamás vivida. Su prioridad era alzar sus ojos al cielo cada día, pues es de arriba que viene el poder para ser felices y hacer el bien, el amor inspirador que nos motiva a dedicarnos a los propósitos divinos.

Jesucristo siempre tuvo su mirada dirigida a los cielos. Buscaba a su Padre para ser uno con Él y esta unidad le traía descanso, aliento, una renovada fuerza cada vez. Era también en esa unidad perfecta, donde el Padre se glorificaba y complacía al Hijo a causa de su obediencia perfecta, y donde el Hijo disfrutaba a plenitud el respaldo incondicional y el amor perfecto de su Padre celestial.

Con toda certeza puedo afirmar, que la obediencia del Hijo era respuesta al profundo amor que experimentaba cada día en esta dulce unidad. ¿El resultado? La cruz. Esa cruz que nos ha librado del poder del pecado, para que podamos disfrutar como Él, la unidad perfecta que nos trae la verdadera y definitiva paz.

HABLEMOS CON DIOS:

“Padre amado, hoy vuelvo mis ojos al cielo y quiero mantenerme así, experimentando tu perfecto amor que me inspira y me da fuerzas para perdonar, para amar, y vivir en completa paz”.
Lolita Cruz de Chamorro.

sábado, 24 de diciembre de 2011

¿Jesús es la Navidad o la Navidad hace nacer a Jesús?

Celebrando la navidad

«Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz» (Isaías 9:6)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Isaías 7:14; Lucas 2:8-14

El profeta Isaías utilizó cinco nombres únicos para referirse al Mesías que vendría:
* «Admirable»: lo que significa que sería excepcional, sublime y real
* «Consejero»: por cuanto sus consejos son los únicos perfectos y adecuados
* «Dios Fuerte»: firme, incomparable
* «Padre Eterno»: sin límites de ninguna clase
* «Príncipe de Paz»: su gobierno es de justicia y de paz.

«Ese es nuestro Padre Celestial». Este mensaje se cumplió hace más de 2000 años. Jesús vino y nació aquí en la tierra para liberarnos de la esclavitud de la muerte y del pecado. En un momento, cuando la oscuridad se apoderó del mundo, Dios prometió enviar una luz que brillaría en cualquier persona que viviera en sombra de muerte. Por esta razón, ya no hay motivo para vivir en esclavitud. Podemos comenzar una nueva vida, permitiendo que el Mesías nazca hoy en el pesebre de nuestro corazón.

¿Conoce usted el verdadero sentido de la navidad? Parece que la mente se centrara en la creencia tradicional: Jesús en un pesebre, en medio de la pobreza y la soledad.

Celebrar la Navidad es mucho más que la representación de un pesebre o de unos villancicos; es recordar el nacimiento de Jesús, Aquél que después entregaría la vida en rescate por la nuestra.

Jesús está vivo en nuestro corazón, vino a nosotros a través de una oración voluntaria y espontánea, y nos llenó de paz, gozo y seguridad. Si usted no le ha recibido en su corazón, puede invitarle hoy a morar en su vida, así podrá conocer el verdadero sentido de la navidad.

HABLEMOS CON DIOS:

“Señor, cuán agradecido estoy contigo por el milagro de amor más grande en la vida de todos los seres humanos, como lo es el nacimiento de nuestro Salvador, el Señor Jesucristo. Te pido que en esta época pueda experimentar verdaderamente la Navidad, al decirte ¡Ven a mi vida! y de esta manera disfrutar de la luz, la paz, la reconciliación y la bendición que traes a mi vida, a mi familia y a mi país. Amén”

viernes, 23 de diciembre de 2011

¿La navidad es festejo o un regalo de salvación?

Un gran anuncio

“Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Lucas 1: 31-33)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Lucas 1: 26-38

Debemos celebrar la Navidad con una actitud de expectativa, alegría y gratitud, pues ella constituye la mejor noticia, las buenas nuevas, el acontecimiento más importante para el mundo entero, el más grande mensaje de gozo y esperanza que puede recibir el corazón humano y la creación entera: El nacimiento de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.

La Navidad es el cumplimiento del plan de salvación, y por tanto, el cumplimiento de todas las promesas hechas por Dios para la humanidad. El hombre había caído, se había separado de Dios, pero Él había prometido rescatarlo. Él daría un Salvador, el cual no podía ser otro que Él mismo. Envía entonces a su Hijo, dándonos la mayor prueba de su perfecto y completo amor. (Lucas. 1:32-33, Juan 3:16).

Celebrar la navidad es disfrutar de ese maravilloso e incomparable amor, que nos lleva a vivir de una manera digna, libre, próspera y feliz. Además, celebrar la Navidad es enriquecernos con las preciosas lecciones de fe, amor, obediencia y entrega incondicional a Dios, que nos han dejado sus protagonistas y de esta manera, asumir actitudes y tomar decisiones que nos lleven a nosotros también, a vivir para un propósito trascendental y eterno.

Muchos escuchan con incredulidad el mensaje de la Salvación, pues no comprenden cómo Dios puede hacer algo tan maravilloso y darnos un regalo tan inmerecido. No entendemos cómo Dios puede cambiar nuestra vida, hacernos personas nuevas, restaurar nuestro hogar, hacer que nuestros hijos vuelvan a casa, sanarnos de una grave enfermedad, solucionar una grave crisis económica. Pero el mensaje de Navidad revelado primeramente a María, fue un mensaje de poder y de victoria: Nada hay imposible para Dios. Él tiene todas las cosas bajo control, Él puede hacer florecer el desierto, nada le resulta difícil. María lo creyó y no dudó, así que vio el extraordinario milagro de la vida divina brotando en su vientre. Por su fe, llegó a ser el instrumento usado por Dios para sus planes divinos. (Lucas. 1:34-37)

Ante este mensaje, todo ser humano tiene que dar una respuesta. Es tan claro, tan contundente, tan definitivo, que nadie puede ser indiferente a él. En el caso de María, encontramos un corazón totalmente sensible a la voz de Dios. Ella escucha con atención, sin anticipar una respuesta hasta no saber todo lo que Dios tiene que decirle. No se previene, no se siente intimidada. Permite que Dios disipe sus dudas y quite todos los temores. Percibe el gran privilegio que Dios le está dando, y por el corazón tierno y amoroso que ha cultivado para con Dios, al igual que el conocimiento de las escrituras, entonces puede dar una respuesta correcta. No sólo esta respuesta le concede su propia salvación sino la convierte en instrumento de salvación para el mundo. (Lucas. 1:38)

¿Qué respuesta tiene usted, ante el mensaje de la salvación?

HABLEMOS CON DIOS

“Señor Jesús, yo creo en Ti como el más grande regalo para mi vida. Te reconozco como mi Señor y Salvador. Creo que por tu muerte en la cruz me has reconciliado con el Padre y que tienes para mí una vida nueva. Te declaro el Dueño y Señor de mi vida para siempre. Amén”.