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lunes, 30 de enero de 2012

En la vida crecemos y florecemos con Dios

La vida que crece y florece


“El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán” (Salmo 92:12-13)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 1:1-6

Las palmeras se conocen por su tronco alto y erguido, su larga vida y su generoso y rico fruto (los dátiles). El cedro del Líbano crece hasta 34 metros de altura y alcanza hasta 9 metros de circunferencia, dándonos idea de su gran solidez, firmeza y fortaleza. Así vive el hombre que de continuo se presenta delante de su Señor para que le sane y le transforme, hasta convertirlo en ser justo, íntegro y de recto proceder, es decir, conforme a su corazón. A este hombre, a esta mujer tratados por Dios, las circunstancias y las adversidades no logran abatirlos. Por el contrario, plantados y arraigados en el fértil terreno de una fe viva en Jesucristo, autor y consumador de la verdadera fe, desarrollan una vida totalmente fructífera. En todas las áreas de sus vidas, en todos los campos en que se desempeñen, en todo lo que emprendan, verán bendición, multiplicación y fructificación; serán fuertes, estables y vigorosos, prósperos y productivos.

Dios es bueno y justo, y es esta la razón por la que Él quiere que también nosotros, sus hijos, lo seamos. Además, Él siempre recompensa generosamente al que lo es. Sin embargo, la justicia no es fruto de un acto de la voluntad humana simplemente. Se requiere un verdadero cambio en la esencia y la naturaleza misma del hombre. La Biblia nos enseña que sólo cuando Cristo viene a morar a nuestra vida, nuestra naturaleza corrupta muere y adquirimos naturaleza divina, capaz de obrar como Dios, capaz de ser como Él.

Construya el camino de su propia felicidad y realización, recibiendo a Cristo en su corazón y buscando la presencia de Dios a través de una vida de oración. Permita que sus raíces crezcan y se fortalezcan de manera muy profunda, en aquella Palabra fiel y verdadera que le edifica, le guía, le hace justo y le fortalece para ganar la batalla de la vida.

HABLEMOS CON DIOS

“Padre Dios, enséñame a ser feliz y a disfrutar de la buena vida que tú prometes: Enséñame a producir, a fructificar, a ser una benéfica influencia para mi familia y sociedad. Pero ante todo, hazme un ser justo a tus ojos. Que tu Santo Espíritu me capacite para arraigarme en tu Palabra, como lo hizo Jesús y tener abundantes frutos de justicia que alegren tu corazón”.

Lolita Cruz de Chamorro.

sábado, 28 de enero de 2012

Dios siempre nos protege con el verdadero amor

Amorosa protección de Dios


“Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti”. (Isaías 43:2)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 116:1-19

No siempre puede uno ahogarse en agua. Muchos se ahogan en momentos de tribulación, de escasez, de dolor, y de muchas otras circunstancias; otros en cambio, encuentran en todo aquello la oportunidad para desarrollar su fe, y adquirir fortaleza ante las avalanchas de la vida.

Esta hermosa promesa de Dios es para dejarla penetrar en nuestro corazón. Luego, debemos andar y vivir con ella todos nuestros días. No nos dejemos ahogar en las dificultades. Dios, todo lo ha hecho ya por y para nosotros. Al darnos su Salvación, nos lo ha dado todo: Nos ha puesto nombre, somos de gran estima a sus ojos, y su amor sobre nosotros es incondicional. Recordemos que cuando pasemos por las aguas o por el fuego, es cuando más cerca estamos de Él; quitemos de nuestro corazón la zozobra que viene cuando nos sentimos desamparados, abandonados y abatidos.

El Señor es el único que puede protegernos. Dudar e ir tras otros caminos, sólo aumentará nuestra incertidumbre. Ya hemos comprobado que no hay más respuesta para el hombre, sino la que ofrece Dios. Dejemos hoy en la presencia de Dios todas las cargas, angustias y adversidades.

Dejemos la duda y el temor, permitiendo que sea Él quien nos proteja y nos dé su paz, que sobrepasa todo entendimiento, inundando nuestro ser. Cuando empezamos a sentirnos espiritualmente pobres, es hora de pedir, buscar y llamar. La forma es la oración. No dejemos que pase otro día, sin tener la certeza en nuestro corazón, que Él nos está llevando por sus caminos.

HABLEMOS CON DIOS

“Padre de la gloria, hoy entiendo que me amas, que por más situaciones difíciles que experimente, tú siempre estás conmigo. Entiendo que todo está en tus manos, y para hacerme esa persona victoriosa y valiente Tú permites algunas dificultades en mi vida. Gracias por protegerme cada día y permitir que en mi vida se cumplan tus grandes y maravillosos propósitos, Amén”.

Lolita Cruz de Chamorro.

viernes, 27 de enero de 2012

¿Somos intercesores de la humanidad?

El privilegio de interceder




“Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí. Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer; en la ira acuérdate de la misericordia” Habacuc 3:2

PASAJE COMPLEMENTARIO: Génesis 18:16-33

Hoy en día los hijos de Dios tenemos la gran responsabilidad de ser intercesores y ser verdaderos adoradores, ser intercesores significa tomar las necesidades espirituales de una nación en crisis y presentarlas ante el Señor; y fruto de esa intercesión tomar el firme compromiso de llevar el mensaje del Señor a toda persona.

Sabemos que Dios es amor, y que su misericordia es para siempre, pero esto no quiere decir que el Señor no haga cumplir su juicio sobre la tierra; saber esto nos tiene que llevar a temer al Señor y a su palabra, pero también a confiar en Él. Una persona que aprende a interceder lo hace tomando el ejemplo del profeta Habacuc. Su intercesión fue oportuna, él conocía el poder de Dios, conocía muy de cerca su inmensa bondad, y por eso se atrevió a orar y esperar que Él hiciera según sus designios.

Conocer la justicia del Señor no debe producirnos miedo o inseguridad, pues con Él estamos seguros; el miedo no puede ser un pretexto para volvernos intercesores, pues basta observar a nuestro alrededor y ver cuánta necesidad hay en la gente del conocimiento del Señor. La condición de un pueblo que no teme a Dios es fatal, pero basta hacer memoria de las misericordias del Señor para seguir creyendo que podemos hacer algo, que mientras nosotros los hijos de Dios nos preocupemos sinceramente por ser luz en medio de las tinieblas y ser anunciadores de buenas nuevas, nuestro Padre celestial será propicio a ese clamor.

Debemos estar plenamente convencidos que la bondad del Señor siempre nos alcanzará y que en su poder está nuestra fortaleza y nuestro alto refugio.

HABLEMOS CON DIOS

“Padre Celestial hoy en tu presencia hago memoria de tus maravillas las cuales no puedo contar, pero también en este día imploro por la necesidad espiritual de este país, porque veo que no te conocen y no te temen; enséñame a interceder cada día, creyendo firmemente que aunque hagas cumplir tus juicios, nosotros tus hijos estaremos amparados en tu bondad. Amén”.

Lolita Cruz de Chamorro.

jueves, 26 de enero de 2012

En su vida ¿Le basta con la presencia de Dios?

Me basta tu presencia



“Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento” (Salmo 23:4)

PASAJE COMPLEMENTARIO Salmo 27:1-14

La mayoría de los cristianos no estamos preparados para enfrentar la aflicción y el sufrimiento. Quizá sabemos mucho acerca de las pruebas, pero todo ese conocimiento teórico no nos prepara del todo para hacerle frente de la mejor manera. Sólo cuando tenemos que vivir una verdadera adversidad o un dolor muy profundo como la pérdida de un ser querido, descubrimos la fuente del verdadero consuelo y qué es lo único que nos puede sostener.

A todos, desde los comienzos de nuestra vida cristiana se nos enseña, que a los que aman a Dios todo les ayuda a bien y que toda situación difícil tiene un significado y un propósito; pero muchas veces la sola comprensión de estas palabras no logran disminuir nuestro dolor. Hay momentos en la vida en que no es suficiente con saber que ese dolor pasará y que quedará una gran enseñanza. La palabra de Dios nos da la respuesta en 1 Pedro 2:21: “Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas”.

El pasaje nos explica que Cristo realmente experimentó y experimenta el dolor y el sufrimiento con nosotros. Es precisamente cuando la vida carece de significado y cuando se está resquebrajado como resultado de la pena y el dolor, cuando Dios nos toma más cerca y camina con nosotros durante ese momento difícil… “no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”.

La verdadera esperanza no es que todo será mejor al final, sino que cuando nada parece tener sentido, Dios está allí por nosotros y no contra nosotros; que Él está sufriendo juntamente con nosotros y mucho más importante, Él está ahí para mostrarnos su amor, momento a momento, durante cada paso del proceso.

HABLEMOS CON DIOS

“Señor, qué grandiosa esperanza la que tengo al saber que Tú eres mi refugio, el que consuela mi alma, el que sostiene mi vida. Hoy entiendo que no hay pena ni dolor tan grande que el bálsamo de tu amor y la medicina de tu compañía, no lo pueda sanar. En los momentos de adversidad, permíteme experimentar tu presencia que me alienta a seguir adelante haciendo tu voluntad”.

Lolita Cruz de Chamorro.

miércoles, 25 de enero de 2012

Solamente Dios nos puede ayudar

¡No temas, yo te ayudo!

“Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de su mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo… el Santo de Israel es tu Redentor” (Isaías 41:13-14)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Jeremías 33:3; Salmo 91:1-16

Hay algo muy particular en nosotros, y es que por lo general nos gusta compartir nuestros problemas con otros. Esto era lo que yo hacía en el pasado, es decir, unos 48 años atrás. Pero un día entendí que eso no era lo ideal; aprendí que los problemas no son para comunicarlos a los humanos, sino a Dios, y que la manera como debía hacerlo era acercándome a Él en oración. El apóstol Santiago nos dice: “¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración…” (Santiago 5:13) Descubrí que el camino correcto es correr a donde Él está, y allí en su presencia afinar el oído para escuchar su voz, que nos invita a confiar en Él. Todo lo que nosotros no podemos, lo hace Él. Hay situaciones imposibles de enfrentar, pero ahí está la mano del que todo lo puede.

Solo con la oración (el arma más poderosa) podemos enfrentar los vientos de adversidad; el Manual de Vida, la Biblia, plantea que es Dios quien toma la iniciativa de acercarse a nosotros a través de Jesucristo con un ofrecimiento de amor, cuando expresa: “el Santo de Israel es tu Redentor”. Él anhela ayudarnos en todo, que nos sintamos seguros y protegidos, que no seamos más presos del miedo y del afán. Él quiere vernos felices.

Cuán hermosa es la figura del padre tomando y sujetando firmemente a su pequeño hijo con su mano fuerte, antes de atravesar un camino peligroso o cruzar un obstáculo en el que puede resultar lastimado. Qué seguridad la que experimenta el pequeño, pues su padre es más fuerte y hábil, lo protege y no permite que nada le suceda. Esto también es verdad para todo ser humano que se refugia en Dios como su Padre. Podrá depositar en Él su temor y apropiarse de sus promesas de apoyo, respaldo y bendición, pues, ya Jesús murió en la cruz, llevándose también todo motivo de desesperación y zozobra para el corazón humano.

Basta que usted hoy le reconozca, invoque su ayuda y le entregue genuinamente su corazón. Que como niño, se deje tomar de la mano, y se deje llevar por donde Él le indique. Basta que crea que Él es su Padre, y que a su lado nada le faltará.

HABLEMOS CON DIOS

“Señor Jesucristo, levanto mis manos a ti como un niño lo hace con su padre. Tómame por favor, y sujétame con tu mano derecha, pues de allí nadie me puede arrebatar, ni yo mismo me puedo soltar. Ahora experimento la seguridad de tu amor y tengo la absoluta confianza de que ningún peligro ahora me podrá atemorizar ni ningún desafío será demasiado alto para mí. Por cuanto estás a mi lado, no temeré, porque tú eres mi Redentor, el Santo de Israel”.
Lolita Cruz de Chamorro.

martes, 24 de enero de 2012

¿Dios nunca cambia?

Dios nunca cambia

“Aún en la vejez, cuando ya peinen canas, yo seré el mismo, yo los sostendré. Yo los hice, y cuidaré de ustedes: los sostendré y los libraré, dice el Señor” (Isaías 46:4). NVI

 PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 71:1-24; Josué 14:6-15

Se cuenta de un viejo manzano que tenía sus ramas arrugadas y secas; cada día se veía más seco y muerto. Pero llegó la primavera y las ramas con apariencia de muerte, volvieron a cubrir el árbol con hermosas hojas verdes y flores de colores, y muy pronto apareció su exquisito fruto. A pesar de la apariencia anterior seca y arrugada, por aquellas ramas corría una savia que mostraba su verdadera vida interior.

Dios es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Él es inconmovible, siempre permanece igual, nunca cambia. Como padre, ha prometido amarnos y bendecirnos y lo hará. Él cuidará de nuestra vida si tan solo lo reconocemos cada día y a cada instante. Hoy tenemos la extraordinaria oportunidad de acercarnos a un Dios cuyo amor permanece intacto y cuya fidelidad es eterna.

Una vida que día a día se fundamenta en Dios de esta manera, se desarrollará y fructificará. Aprenderá a vivir con vehemencia y a trabajar con ahínco y con tesón. Se esforzará y luchará manteniendo la misma diligencia hasta el final. No temerá al paso del tiempo, no tendrá inseguridad ni desánimo por ninguna circunstancia que suceda. Comprenderá que hasta lo último de sus años o de sus fuerzas es posible llevar fruto, prosperar y dejar un legado. La edad nunca será una excusa para no ver la gloria de Dios en su vida, y a través de ella, en la vida de muchos.

Conozcamos hoy la llave para una vida larga y próspera:

-Honre a su padre y a su madre. Así sembrará lo que más adelante va a recoger de sus propios hijos y de las personas en general

-No se aparte de las enseñanzas que Dios le da cada día… ¡son vida!

-Sea agradecido y cultive un lenguaje de alabanza a Dios

-Sonría siempre, es la mejor terapia contra la tristeza y la preocupación

-No tenga deudas, así podrá llevar la frente en alto

-Viva reconciliado con los demás. No permita que la amargura le reste fuerza y salud

-Acepte las pruebas con valentía, aprendiendo las lecciones que Dios le quiere dar, pensando que eso también pasará

-Piense siempre lo mejor de los demás. Calle cuando no tenga algo bueno qué decir

HABLEMOS CON DIOS

“Señor, ¡Qué hermosa esperanza saber que aunque yo cambie, Tú permaneces fiel! Qué gran seguridad comprender que eres el mismo ayer, hoy y por los siglos. Enséñame a reconocer todos los días, que aunque pase el tiempo, te sigo necesitando tanto como cuando era tan sólo un niño. Gracias por seguir haciéndote responsable de mi vida. Gracias por ser mi Padre”

lunes, 23 de enero de 2012

¿Porque Dios nos ha hecho reyes y Sacerdotes?

A la altura de un hijo de un rey
“Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra” (Apocalipsis 5:9-10)

PASAJE COMPLEMENTARIO 1 Crónicas 17:1-27
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Este hermoso pasaje profético hace referencia a la extraordinaria obra de la salvación. Dios envía a su Hijo unigénito para que todo aquel que en Él cree, sea salvo. Su sangre nos redime, nos limpia y nos perdona. Al recibir a Cristo en el corazón como Señor y Salvador, una persona recibe el regalo de la vida eterna y comienza en ella un proceso de transformación. El Padre comienza a moldear en esa vida el carácter de Cristo, la misma imagen de su Hijo. De esta manera cumple su propósito de sacarnos del anonimato para revestirnos de su gloria y hermosura. Aún más, nos dice que nos ha hecho reyes y Sacerdotes, y nos promete que reinaremos literalmente, en esta tierra junto a Él. Esto se cumplirá en el milenio, periodo en el cual Cristo reinará en la tierra junto con su iglesia.

Pero el linaje y la realeza es algo que el Rey de Reyes desea que todos sus hijos disfrutemos desde ahora. Por eso, en la Palabra de Dios encontramos abundantes ilustraciones cotidianas y parábolas de fácil comprensión, a través de las cuales nos hace entender lo que ahora somos en Él, y cómo debemos conducirnos y actuar. Una de las más hermosas enseñanzas al respecto, es cuando nos compara con el águila, la reina de las aves, símbolo de belleza, poder y majestuosidad (Isaías 40:31).

Todo cristiano está llamado a desarrollar dos características que le distinguen como hijo de Rey:

-Una vida de altura (calidad de vida): Al entender por revelación lo que ahora “somos” en Cristo, desaparecen los complejos de inferioridad e inadecuación y aumenta nuestra valía. Dejamos de arrastrarnos por el suelo sin gracia y con torpeza, como lo haría un águila que nunca aprendió a volar, y extendemos nuestras alas para remontarnos a las alturas a donde pertenecemos, surcando los cielos con plena confianza y majestuosidad.

-Linaje y Belleza: Al comprender que somos apartados para ser partícipes del linaje de Abraham, dejamos atrás las herencias de maldición, costumbres y pensamientos de Egipto (la esclavitud del pasado) y aprendemos como el águila (es selectiva pues no come lo que se le aparece sino lo que le apetece), a buscar la excelencia en todo lo que somos y hacemos.

HABLEMOS CON DIOS

“Señor, infinitas gracias por el precioso regalo de la Salvación. Porque fuiste inmolado por mí y con tu sangre me redimiste. Me diste libertad y el poder para dejar atrás un pasado de muerte y esclavitud. Borraste las huellas que el pecado me dejó. Ahora, enséñame a sentirme como rey, a conducirme como rey. Que tu Santo Espíritu hoy me dé el poder que necesito para comenzar a volar”.
Lolita Cruz de Chamorro.