Diseñados para florecer y dar frutos
“Yo seré a Israel como rocío; él florecerá como lirio, y extenderá sus raíces como el Líbano. Se extenderán sus ramas, y será su gloria como la del olivo, y perfumará como el Líbano. Volverán y se sentarán bajo su sombra; serán vivificados como trigo, y florecerán como la vid; su olor será como de vino del Líbano” Oseas 4:5-7
PASAJE COMPLEMENTARIO: Isaías 43:15-21; 44:1-4; Juan 4:10-14
En este hermoso pasaje, Dios compara nuestra vida con la del ser más benéfico de la creación: el árbol. Si tenemos presente esta comparación, entonces entenderemos que Dios es para nosotros ese rocío que refresca, vivifica y reverdece cada mañana nuestra vida, de tal forma que esta tiene que reunir las siguientes características:
-Poderosas raíces que lo sustentan firmemente: Habla de un carácter firme, seguro y radical pues se sustenta en Dios y en sus principios eternos
-Ramas que crecen y se extienden extraordinariamente: Habla de una vida próspera que se enriquece dando a los demás
-Gloria como la del olivo (por el aceite valioso que dan sus frutos y porque ha venido a ser emblema de prosperidad, belleza, fuerza, paz y bendición divina): Fortaleza, belleza, prosperidad y una dulce paz interior
-Perfume como el Líbano (Tierra muy fértil de magníficos bosques): Influencia benéfica que se esparce por todas partes y alcanza a todas las personas
-Sombra que descansa y alienta: Presencia que acompaña y apoya, alienta y consuela
-Frutos que vivifican al hambriento: Conoce profundamente y transmite la Palabra de Dios
-Flores que alegran el corazón: Es notoria en su vida la Verdadera Belleza
-Olor que deleita el alma: Lleva siempre el olor de Cristo a donde va. Muchos hombres y mujeres han anhelado esa vida sobrenatural pero han rechazado todos los esfuerzos de Dios para relacionarse con ellos de manera íntima y personal. Cuando cada uno de nosotros comprende que el que nos sustenta es el Señor, dándonos poderosas raíces sobre las cuales apoyarnos y afirmarnos, entonces entenderemos que nuestra única responsabilidad consiste en permanecer allí donde somos sustentados y vivificados.
HABLEMOS CON DIOS
Mi Señor, hoy te rindo mi corazón, te ruego que lo riegues y sustentes con los ríos de agua de vida que brotan de tu Santo Espíritu. Mi espíritu y mi alma necesitan ser vivificados por tu amor, para que pueda dar benéficos y maravillosos frutos que alegren tu corazón y el de todos aquellos que has puesto alrededor de mí. Amén.
Lolita Cruz de Chamorro.
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viernes, 30 de marzo de 2012
jueves, 29 de marzo de 2012
EL PERDON
La dicha del perdón
“JAH, si mirares a los pecados, ¿Quién, Oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado” (Salmo 130:3)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Colosenses 1:13-23
Sentirse perdonado y perdonar son dos cosas que nos permiten experimentar una nueva dimensión de felicidad en nuestras vidas, caracterizada por la libertad, la tranquilidad y la paz que vienen como consecuencia de la reconciliación y la restauración de nuestros vínculos con Dios, con nosotros mismos y con los demás.
El perdón y la reconciliación son parte de la obra fundamental que el Hijo de Dios vino a hacer en la tierra; la reconciliación y el perdón tienen que ver con el amor inmaculado de parte de Dios Padre hacia la humanidad. Todo aquél que advierte este regalo eterno, también experimentará una vida de libertad y una nueva capacidad para amar, de tal manera que busque siempre el bien de los demás.
Todos los seres humanos necesitamos de la experiencia del perdón, pues este viene a ser en los momentos de soledad y de crisis, el refrigerio que el alma necesita. El verdadero perdón y reconciliación se evidencia en disfrutar plenamente de este maravilloso regalo, viviendo libres, gozosos, y dando amor y perdón a nuestros semejantes.
En este día le invito para que tome la sabia decisión de reconciliarse con el Autor de la vida, nuestro Padre Dios; al estilo de Jesucristo le invito para que levante sus ojos al Padre celestial y comience aceptando el perdón que Él le ofrece. Créame que el reconciliarse con Él le traerá los mejores resultados en su cuerpo, en su alma y en su espíritu.
Si ya se reconcilió con Dios, ahora está preparado para reconciliarse consigo mismo, y será tan maravilloso esto, que se sentirá libre del temor; tendrá libertad para levantarse a ser y hacer, todo lo que Dios ha preparado para su vida. Ahora sí, podrá reconciliarse con su prójimo, estableciendo unas nuevas relaciones basadas en el amor, la justicia y la bondad.
Acérquese a Dios con libertad y déjese conquistar por el Autor del amor y la reconciliación. Vuelva a sus brazos amorosos ¡No tema más!
HABLEMOS CON DIOS
“Padre amado, cuánta sabiduría y cuánto poder colocas a mi alcance. Ahora creo que a través de la oración, los corazones, los problemas, las dificultades, las naciones, caen ante ti. Dame un corazón obediente y manso para ir a reconciliarme con mi prójimo y que nada me detenga hasta ver que fruto de la unidad y el amor, Tú derramas tu ilimitado poder sobre mi vida y mi entorno. Amén”.
Lolita Cruz de Chamorro.
“JAH, si mirares a los pecados, ¿Quién, Oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado” (Salmo 130:3)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Colosenses 1:13-23
Sentirse perdonado y perdonar son dos cosas que nos permiten experimentar una nueva dimensión de felicidad en nuestras vidas, caracterizada por la libertad, la tranquilidad y la paz que vienen como consecuencia de la reconciliación y la restauración de nuestros vínculos con Dios, con nosotros mismos y con los demás.
El perdón y la reconciliación son parte de la obra fundamental que el Hijo de Dios vino a hacer en la tierra; la reconciliación y el perdón tienen que ver con el amor inmaculado de parte de Dios Padre hacia la humanidad. Todo aquél que advierte este regalo eterno, también experimentará una vida de libertad y una nueva capacidad para amar, de tal manera que busque siempre el bien de los demás.
Todos los seres humanos necesitamos de la experiencia del perdón, pues este viene a ser en los momentos de soledad y de crisis, el refrigerio que el alma necesita. El verdadero perdón y reconciliación se evidencia en disfrutar plenamente de este maravilloso regalo, viviendo libres, gozosos, y dando amor y perdón a nuestros semejantes.
En este día le invito para que tome la sabia decisión de reconciliarse con el Autor de la vida, nuestro Padre Dios; al estilo de Jesucristo le invito para que levante sus ojos al Padre celestial y comience aceptando el perdón que Él le ofrece. Créame que el reconciliarse con Él le traerá los mejores resultados en su cuerpo, en su alma y en su espíritu.
Si ya se reconcilió con Dios, ahora está preparado para reconciliarse consigo mismo, y será tan maravilloso esto, que se sentirá libre del temor; tendrá libertad para levantarse a ser y hacer, todo lo que Dios ha preparado para su vida. Ahora sí, podrá reconciliarse con su prójimo, estableciendo unas nuevas relaciones basadas en el amor, la justicia y la bondad.
Acérquese a Dios con libertad y déjese conquistar por el Autor del amor y la reconciliación. Vuelva a sus brazos amorosos ¡No tema más!
HABLEMOS CON DIOS
“Padre amado, cuánta sabiduría y cuánto poder colocas a mi alcance. Ahora creo que a través de la oración, los corazones, los problemas, las dificultades, las naciones, caen ante ti. Dame un corazón obediente y manso para ir a reconciliarme con mi prójimo y que nada me detenga hasta ver que fruto de la unidad y el amor, Tú derramas tu ilimitado poder sobre mi vida y mi entorno. Amén”.
Lolita Cruz de Chamorro.
miércoles, 28 de marzo de 2012
TU ERES SEÑOR, LA FUENTE VERDADERA DEL AMOR
La fuente del amor
“Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:12-13)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Efesios 3: 14-21
Sin duda el amor es lo más bello y hermoso que podemos experimentar en la vida. Es el ingrediente que hace a las personas cantar, sonreír, sonrojarse, sanar si están enfermas, tener más ganas de vivir, sobretodo, vivir con esperanza. El amor es lo que ha inspirado a miles de artistas, cantantes, pintores, escritores y poetas. El amor nos atrae tan poderosamente que muchos no comen ni duermen por pensar en un amor, otros pierden la ilusión de vivir si llegan a perder un amor, y muchos más darían cualquier cosa, lo que le pidieran, por un poquito de amor. Otros, por el contrario, hacen enormes sacrificios, grandes hazañas y actos heroicos por amor. Pero, estas son sólo algunas facetas y manifestaciones del amor. Entonces, usted se preguntará ¿Qué es el verdadero y completo amor? ¿Dónde encontrarlo?
Para tener una idea de lo que es el amor, recordemos la enseñanza que al respecto dio el mismo Señor Jesús a sus discípulos, a través de la conmovedora historia de un habitante de Samaria, que encontrando a un hombre malherido en el camino, se detiene y decide asumir su desgracia como una responsabilidad personal. Le toma, limpia sus heridas, le monta en su caballo, lo lleva a una posada, lo asiste hasta que se encuentra mejor. Como tiene que partir, lo encarga al dueño de la posada asumiendo absolutamente todos los gastos y le pide encarecidamente que lo cuide hasta su regreso. Al terminar, todos escucharon su voz: “Ve, y haz tú lo mismo”.
Eso es amor. No es un sentimiento. No una emoción. Es Dios mismo, actuando en nuestra vida y dándose a través de nosotros, a los demás. Esto quiere decir que la naturaleza del amor es espiritual y es transmitida por Dios a nuestro espíritu. El amor es como ese viento apacible que nos acaricia suavemente sanando nuestro interior y sirviendo de catalizador para liberar y movilizar todos los recursos y potencialidades interiores adormecidas. Si se quiere vivir una vida extasiada del amor divino, se hace absolutamente necesario, primero, comprender que este es el amor con el cual Dios nos ha amado a través de su hijo Jesucristo.
HABLEMOS CON DIOS
“Gracias Padre por tu infinito amor, verdadero y nutritivo, sin el cual no puedo vivir. Ese amor da significado a mi existencia, da razón a lo que hago y es la esencia de lo que soy. Que la presencia del Espíritu Santo reinando y controlando mi ser, desarrolle en mí el amor de Cristo. Así seré útil para llevar bendición al mundo. Amén”
“Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:12-13)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Efesios 3: 14-21
Sin duda el amor es lo más bello y hermoso que podemos experimentar en la vida. Es el ingrediente que hace a las personas cantar, sonreír, sonrojarse, sanar si están enfermas, tener más ganas de vivir, sobretodo, vivir con esperanza. El amor es lo que ha inspirado a miles de artistas, cantantes, pintores, escritores y poetas. El amor nos atrae tan poderosamente que muchos no comen ni duermen por pensar en un amor, otros pierden la ilusión de vivir si llegan a perder un amor, y muchos más darían cualquier cosa, lo que le pidieran, por un poquito de amor. Otros, por el contrario, hacen enormes sacrificios, grandes hazañas y actos heroicos por amor. Pero, estas son sólo algunas facetas y manifestaciones del amor. Entonces, usted se preguntará ¿Qué es el verdadero y completo amor? ¿Dónde encontrarlo?
Para tener una idea de lo que es el amor, recordemos la enseñanza que al respecto dio el mismo Señor Jesús a sus discípulos, a través de la conmovedora historia de un habitante de Samaria, que encontrando a un hombre malherido en el camino, se detiene y decide asumir su desgracia como una responsabilidad personal. Le toma, limpia sus heridas, le monta en su caballo, lo lleva a una posada, lo asiste hasta que se encuentra mejor. Como tiene que partir, lo encarga al dueño de la posada asumiendo absolutamente todos los gastos y le pide encarecidamente que lo cuide hasta su regreso. Al terminar, todos escucharon su voz: “Ve, y haz tú lo mismo”.
Eso es amor. No es un sentimiento. No una emoción. Es Dios mismo, actuando en nuestra vida y dándose a través de nosotros, a los demás. Esto quiere decir que la naturaleza del amor es espiritual y es transmitida por Dios a nuestro espíritu. El amor es como ese viento apacible que nos acaricia suavemente sanando nuestro interior y sirviendo de catalizador para liberar y movilizar todos los recursos y potencialidades interiores adormecidas. Si se quiere vivir una vida extasiada del amor divino, se hace absolutamente necesario, primero, comprender que este es el amor con el cual Dios nos ha amado a través de su hijo Jesucristo.
HABLEMOS CON DIOS
“Gracias Padre por tu infinito amor, verdadero y nutritivo, sin el cual no puedo vivir. Ese amor da significado a mi existencia, da razón a lo que hago y es la esencia de lo que soy. Que la presencia del Espíritu Santo reinando y controlando mi ser, desarrolle en mí el amor de Cristo. Así seré útil para llevar bendición al mundo. Amén”
lunes, 26 de marzo de 2012
Alabad a Dios en todo tiempo...!
La alabanza, el idioma de la fé
“Cantad a Jehová cántico nuevo, porque ha hecho maravillas; su diestra lo ha salvado y su santo brazo. Jehová ha hecho notoria su salvación; a vista de las naciones ha descubierto su justicia. Se ha acordado de su misericordia y de su vedad para con la casa de Israel; todos los términos de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios” (Salmo 98:1-3)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 95:1-11
La Biblia es muy rica en expresiones de alabanza, que manifiestan confianza en Dios, y agradecimiento por la victoria; el rey David sabía mucho de este tema, pues escribió la gran mayoría de los salmos contenidos en la Biblia, como verdaderos ejemplos de lo que puede brotar de un corazón que está plenamente agradecido para con Dios y que se conmueve ante su amor.
La alabanza es el idioma de la fe, que da como resultado la victoria; por eso, cuando aprendemos a alabar a Dios todos los días, nos hacemos más que vencedores. Además, Dios ha manifestado que Él mora en medio de la alabanza de su pueblo, pues como Padre, se agrada y se conmueve ante el reconocimiento y la honra de sus hijos.
Si nos encontramos enfermos abatidos o desalentados, empecemos ahora mismo a alabar al Señor, expresando sus promesas de sanidad y liberación, y comenzaremos a experimentar que mientras alabamos a Dios viene la sanidad, la fortaleza, el gozo, el avivamiento espiritual, es decir que, el corazón será confortado y animado, y Dios convertirá el lamento en baile y la tristeza en alegría. De esta manera logramos estar en sintonía con nuestro Dios, trayendo a nuestra vida lo que Él ya ha preparado para cada uno de nosotros. Esto nos permite tener esperanza, al confesar con nuestros labios lo que ya hemos creído en el corazón.
Le invito a hacer de la alabanza a partir de hoy, su estilo de vida.
HABLEMOS CON DIOS
“Oh Señor, qué bueno es alabarte y exaltarte, cantar salmos a tu nombre, me regocijo en tu amor y en tus bendiciones; Padre bendito enséñame el secreto de la alabanza, quiero publicar tus hechos de bondad, reconocer que todo lo que tengo te lo debo a ti: la vida, la familia, el trabajo, los bienes materiales, el ministerio. Hoy te canto desde lo profundo de mi corazón, te exalto y te bendigo, Amén”.
Lolita Cruz de Chamorro.
“Cantad a Jehová cántico nuevo, porque ha hecho maravillas; su diestra lo ha salvado y su santo brazo. Jehová ha hecho notoria su salvación; a vista de las naciones ha descubierto su justicia. Se ha acordado de su misericordia y de su vedad para con la casa de Israel; todos los términos de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios” (Salmo 98:1-3)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 95:1-11
La Biblia es muy rica en expresiones de alabanza, que manifiestan confianza en Dios, y agradecimiento por la victoria; el rey David sabía mucho de este tema, pues escribió la gran mayoría de los salmos contenidos en la Biblia, como verdaderos ejemplos de lo que puede brotar de un corazón que está plenamente agradecido para con Dios y que se conmueve ante su amor.
La alabanza es el idioma de la fe, que da como resultado la victoria; por eso, cuando aprendemos a alabar a Dios todos los días, nos hacemos más que vencedores. Además, Dios ha manifestado que Él mora en medio de la alabanza de su pueblo, pues como Padre, se agrada y se conmueve ante el reconocimiento y la honra de sus hijos.
Si nos encontramos enfermos abatidos o desalentados, empecemos ahora mismo a alabar al Señor, expresando sus promesas de sanidad y liberación, y comenzaremos a experimentar que mientras alabamos a Dios viene la sanidad, la fortaleza, el gozo, el avivamiento espiritual, es decir que, el corazón será confortado y animado, y Dios convertirá el lamento en baile y la tristeza en alegría. De esta manera logramos estar en sintonía con nuestro Dios, trayendo a nuestra vida lo que Él ya ha preparado para cada uno de nosotros. Esto nos permite tener esperanza, al confesar con nuestros labios lo que ya hemos creído en el corazón.
Le invito a hacer de la alabanza a partir de hoy, su estilo de vida.
HABLEMOS CON DIOS
“Oh Señor, qué bueno es alabarte y exaltarte, cantar salmos a tu nombre, me regocijo en tu amor y en tus bendiciones; Padre bendito enséñame el secreto de la alabanza, quiero publicar tus hechos de bondad, reconocer que todo lo que tengo te lo debo a ti: la vida, la familia, el trabajo, los bienes materiales, el ministerio. Hoy te canto desde lo profundo de mi corazón, te exalto y te bendigo, Amén”.
Lolita Cruz de Chamorro.
viernes, 23 de marzo de 2012
La verdadera prueba
Preparados para la prueba
“En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de Él” (Eclesiastés 7:14)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Santiago 4:7-16
Ningún ser humano es inmune al padecimiento o a la prueba, pues esta es la manera como cada uno de nosotros es formado en el carácter santo, fervoroso, tenaz, fiel y perseverante de Cristo. Sin embargo, este aprendizaje se da cuando reaccionamos adecuadamente frente a la adversidad. Para esto, debemos tener en cuenta los siguientes aspectos:
-Reconocer que detrás de cada obstáculo, de cada situación aparentemente difícil, vamos a encontrar siempre una puerta abierta, de tal modo que ese aparente final que vislumbrábamos, no era más que una curva en el camino; que no debimos desesperarnos, pues siempre, la peor situación de nuestra vida contiene las semillas de las cosas grandes y excelentes que anhelamos.
-Siempre tengamos presente que las pruebas fortalecen el carácter de Cristo en nuestra vida, y que si, cultivamos una permanente comunión con Dios y su palabra, estaremos plenamente capacitados para enfrentar las diversas pruebas con gozo, confiados en la victoria, con la absoluta seguridad de que ya Él, ha vencido al mundo
-Pidamos al Señor paz y fortaleza para esperar con fe y paciencia, de la manera como hace el labrador con su precioso fruto, siendo entretanto sustentados por las inquebrantables promesas de su compasión y misericordia
-Contrarrestar el sufrimiento con la oración. Ella nos traerá de parte del Señor, la respuesta precisa a cada necesidad: Si enfermedad, entonces nos traerá salud; si angustia, paz; si culpa, perdón; si discordia, reconciliación.
Poner esto en práctica me ha permitido adquirir fortaleza en los tiempos de angustia, hasta ver cumplidos sus planes de bien y de paz para conmigo. ¿Usted también anhela evidenciar la paz de Dios en medio de la tormenta? Le invito a orar.
HABLEMOS CON DIOS
Señor ¡Qué hermoso es encontrarme con promesas como éstas, que me llevan a fortalecerme en mi fe!; hoy creo que en medio de cualquier tormenta veré salir el arco iris de tu bendición. Solo tu poder me alienta, gracias Señor. Amén”.
Lolita Cruz de Chamorro.
“En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de Él” (Eclesiastés 7:14)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Santiago 4:7-16
Ningún ser humano es inmune al padecimiento o a la prueba, pues esta es la manera como cada uno de nosotros es formado en el carácter santo, fervoroso, tenaz, fiel y perseverante de Cristo. Sin embargo, este aprendizaje se da cuando reaccionamos adecuadamente frente a la adversidad. Para esto, debemos tener en cuenta los siguientes aspectos:
-Reconocer que detrás de cada obstáculo, de cada situación aparentemente difícil, vamos a encontrar siempre una puerta abierta, de tal modo que ese aparente final que vislumbrábamos, no era más que una curva en el camino; que no debimos desesperarnos, pues siempre, la peor situación de nuestra vida contiene las semillas de las cosas grandes y excelentes que anhelamos.
-Siempre tengamos presente que las pruebas fortalecen el carácter de Cristo en nuestra vida, y que si, cultivamos una permanente comunión con Dios y su palabra, estaremos plenamente capacitados para enfrentar las diversas pruebas con gozo, confiados en la victoria, con la absoluta seguridad de que ya Él, ha vencido al mundo
-Pidamos al Señor paz y fortaleza para esperar con fe y paciencia, de la manera como hace el labrador con su precioso fruto, siendo entretanto sustentados por las inquebrantables promesas de su compasión y misericordia
-Contrarrestar el sufrimiento con la oración. Ella nos traerá de parte del Señor, la respuesta precisa a cada necesidad: Si enfermedad, entonces nos traerá salud; si angustia, paz; si culpa, perdón; si discordia, reconciliación.
Poner esto en práctica me ha permitido adquirir fortaleza en los tiempos de angustia, hasta ver cumplidos sus planes de bien y de paz para conmigo. ¿Usted también anhela evidenciar la paz de Dios en medio de la tormenta? Le invito a orar.
HABLEMOS CON DIOS
Señor ¡Qué hermoso es encontrarme con promesas como éstas, que me llevan a fortalecerme en mi fe!; hoy creo que en medio de cualquier tormenta veré salir el arco iris de tu bendición. Solo tu poder me alienta, gracias Señor. Amén”.
Lolita Cruz de Chamorro.
miércoles, 21 de marzo de 2012
Tu eres Señor nuestro verdadero Padre....!
Conociendo a Nuestro Padre Celestial
“Respondió Job a Jehová, y dijo: Yo conozco que todo lo puedes, Y que no hay pensamiento que se esconda de ti. ¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento? Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; Cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. Oye, te ruego, y hablaré; Te preguntaré y tú me enseñarás. De oídas te había oído; Más ahora mis ojos te ven” (Job 42:1-5)
PASAJES COMPLEMENTARIO: Job 38 y 42
A lo largo de toda mi vida y habiendo tenido múltiples desafíos, retos, enseñanzas y realizaciones, puedo decirles con toda seguridad que la experiencia más grata, la más emocionante, la más sublime, es conocer a Dios. Ahora bien, este conocimiento sólo es posible por la infinita misericordia de Dios, quien se nos revela y se nos da a conocer. Esto es posible cuando recibimos a Jesucristo como Señor y Salvador, pues Él derrama en nosotros su Espíritu, el cual a su vez, nos da la capacidad de relacionarnos con el Padre de una manera cercana, estrecha e íntima. Comenzamos a descubrir verdades maravillosas, como por ejemplo, que Él es amor y es verdad, que es justicia y paz, que es Todopoderoso, y que podemos entregarle nuestra vida para que Él la dirija, nuestra mente y emociones para que Él las controle, nuestra voluntad para que Él nos lleve a todo bien. Esto necesariamente implica un cambio profundo y radical en todo nuestro ser y por supuesto, comenzar a recibir múltiples bendiciones.
Hay un hombre en la Biblia que vivió mucho tiempo creyendo conocer a Dios, pero lo que tenía, era una información superficial acerca de Él, lo cual no le fue suficiente para mantener la fe en medio de la prueba, pues sucumbió a ella, llegando a pensar que Dios lo había abandonado por completo. Se trata de Job, el hombre que lo tenía todo: bienes, riquezas, honra, amigos, familia, salud, etc. Sin embargo, en un determinado momento de su vida le sobrevino un duro proceso personal, perdiéndolo absolutamente todo, sumiéndose finalmente en la tristeza y la amargura, llegando a reclamar a Dios y a dudar de su amor y misericordia, hasta que, por fin, se encontró verdaderamente con Él y comenzó a conocerlo realmente.
Fue entonces cuando comenzó la restauración de este hombre, al comprender en lo íntimo de su ser quién era el Omnipotente y Eterno Dios que le amaba y tenía un propósito excelso para su vida. Ya no hubo reclamos, ya no hubo preguntas, sólo un profundo y vehemente respeto hacia Aquél que había hecho con sus dedos el Universo, quien todo lo tenía bajo control y para quien absolutamente nada era imposible. El relato bíblico nos afirma que la vida de este hombre cambió radicalmente en la medida en que cambió su relación con su Creador, ya no una relación fría, lejana, basada en la tradición, sino una estrecha, cercana, basada en el amor. Muchas veces creemos que los momentos difíciles son la excusa para apartarnos del Señor, pero no es así, puesto que es justamente en esos procesos de aflicción donde podemos conocerle de cerca, y experimentar realmente quién es Él, y entonces, comenzar a experimentar toda la bendición que Él anhela derramar en nuestra vida.
HABLEMOS CON DIOS
“Padre Santo, hoy te pido que me des un nuevo corazón, que sea sensible para descubrir ese ardiente e intenso amor tuyo derramándose en mí, y señalándome la senda por donde debo caminar y la cual, me conducirá a tu bendición. Unge, por favor, mi vida para conocerte cada día más. Amén”.
Lolita Cruz de Chamorro.
“Respondió Job a Jehová, y dijo: Yo conozco que todo lo puedes, Y que no hay pensamiento que se esconda de ti. ¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento? Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; Cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. Oye, te ruego, y hablaré; Te preguntaré y tú me enseñarás. De oídas te había oído; Más ahora mis ojos te ven” (Job 42:1-5)
PASAJES COMPLEMENTARIO: Job 38 y 42
A lo largo de toda mi vida y habiendo tenido múltiples desafíos, retos, enseñanzas y realizaciones, puedo decirles con toda seguridad que la experiencia más grata, la más emocionante, la más sublime, es conocer a Dios. Ahora bien, este conocimiento sólo es posible por la infinita misericordia de Dios, quien se nos revela y se nos da a conocer. Esto es posible cuando recibimos a Jesucristo como Señor y Salvador, pues Él derrama en nosotros su Espíritu, el cual a su vez, nos da la capacidad de relacionarnos con el Padre de una manera cercana, estrecha e íntima. Comenzamos a descubrir verdades maravillosas, como por ejemplo, que Él es amor y es verdad, que es justicia y paz, que es Todopoderoso, y que podemos entregarle nuestra vida para que Él la dirija, nuestra mente y emociones para que Él las controle, nuestra voluntad para que Él nos lleve a todo bien. Esto necesariamente implica un cambio profundo y radical en todo nuestro ser y por supuesto, comenzar a recibir múltiples bendiciones.
Hay un hombre en la Biblia que vivió mucho tiempo creyendo conocer a Dios, pero lo que tenía, era una información superficial acerca de Él, lo cual no le fue suficiente para mantener la fe en medio de la prueba, pues sucumbió a ella, llegando a pensar que Dios lo había abandonado por completo. Se trata de Job, el hombre que lo tenía todo: bienes, riquezas, honra, amigos, familia, salud, etc. Sin embargo, en un determinado momento de su vida le sobrevino un duro proceso personal, perdiéndolo absolutamente todo, sumiéndose finalmente en la tristeza y la amargura, llegando a reclamar a Dios y a dudar de su amor y misericordia, hasta que, por fin, se encontró verdaderamente con Él y comenzó a conocerlo realmente.
Fue entonces cuando comenzó la restauración de este hombre, al comprender en lo íntimo de su ser quién era el Omnipotente y Eterno Dios que le amaba y tenía un propósito excelso para su vida. Ya no hubo reclamos, ya no hubo preguntas, sólo un profundo y vehemente respeto hacia Aquél que había hecho con sus dedos el Universo, quien todo lo tenía bajo control y para quien absolutamente nada era imposible. El relato bíblico nos afirma que la vida de este hombre cambió radicalmente en la medida en que cambió su relación con su Creador, ya no una relación fría, lejana, basada en la tradición, sino una estrecha, cercana, basada en el amor. Muchas veces creemos que los momentos difíciles son la excusa para apartarnos del Señor, pero no es así, puesto que es justamente en esos procesos de aflicción donde podemos conocerle de cerca, y experimentar realmente quién es Él, y entonces, comenzar a experimentar toda la bendición que Él anhela derramar en nuestra vida.
HABLEMOS CON DIOS
“Padre Santo, hoy te pido que me des un nuevo corazón, que sea sensible para descubrir ese ardiente e intenso amor tuyo derramándose en mí, y señalándome la senda por donde debo caminar y la cual, me conducirá a tu bendición. Unge, por favor, mi vida para conocerte cada día más. Amén”.
Lolita Cruz de Chamorro.
sábado, 17 de marzo de 2012
Nuestra Herencia
Cuidando nuestra herencia
“He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; no será avergonzado cuando hablare con los enemigos en la puerta” (Salmo 127:3-5)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 128:1-6; Deuteronomio 28:4
Ser padres es una de las experiencias más hermosas. No hay palabras para explicar lo que un nuevo padre siente cuando por primera vez fija su mirada en los ojos de su hijo recién nacido. Es indescriptible ver esos pequeños seres humanos brotar como capullos y comenzar a crecer, a aprender y a desarrollar todo su potencial. ¿Y qué decir de aquel sublime instante cuando sus primeras palabras son: papá, mamá?
Tenemos que reconocer que ser padres es un privilegio dado por Dios, un Dios bueno y misericordioso, que nos ha confiado la hermosa responsabilidad de educarlos, guiarlos y acompañarlos paso a paso, de tal manera que crezcan no sólo en estatura, sino en sabiduría y gracia ante Dios y ante la sociedad, hasta que lleguen a formarse en hombres y mujeres de bien, que sean luminares que resplandezcan en un mundo que se encuentra en tinieblas.
Pero esta labor no podremos cumplirla jamás, a menos que comprendamos plenamente el significado de los hijos: Son un regalo de Dios para nuestras vidas, la herencia que Él nos ha dejado para que la cuidemos con tenacidad y paciencia, para no perderla, para no desperdiciarla, sino por el contrario, para que crezca y se multiplique.
Dios nos ha dado en su Palabra las instrucciones precisas para no fracasar y su promesa de estar con nosotros, si le obedecemos. Podemos fallar o equivocarnos en cualquier tarea que emprendamos en esta tierra, pero no tenemos derecho a fracasar con nuestros hijos, por cuanto es nuestra obra que perdurará aún después de nuestra muerte.
¡Nunca es tarde para comenzar! Y recuerde… cuidarles y educarles correctamente requiere lo mejor de nosotros mismos: tiempo, esfuerzo, recursos, pero lo más importante es el amor.
HABLEMOS CON DIOS
“Padre, qué maravilloso privilegio el que Tú me has dado. Gracias por el regalo de tu presencia en mi vida, la cual me asegura el éxito como padre o madre. Hoy rindo mi vida a ti para que me enseñes a ser un padre tan amoroso y especial como Tú. Muéstrame el camino y guíame con tu Santo Espíritu. Te entrego la vida de mis hijos y los bendigo en el nombre de Jesús, Amén”
Lolita Cruz de Chamorro.
“He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; no será avergonzado cuando hablare con los enemigos en la puerta” (Salmo 127:3-5)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 128:1-6; Deuteronomio 28:4
Ser padres es una de las experiencias más hermosas. No hay palabras para explicar lo que un nuevo padre siente cuando por primera vez fija su mirada en los ojos de su hijo recién nacido. Es indescriptible ver esos pequeños seres humanos brotar como capullos y comenzar a crecer, a aprender y a desarrollar todo su potencial. ¿Y qué decir de aquel sublime instante cuando sus primeras palabras son: papá, mamá?
Tenemos que reconocer que ser padres es un privilegio dado por Dios, un Dios bueno y misericordioso, que nos ha confiado la hermosa responsabilidad de educarlos, guiarlos y acompañarlos paso a paso, de tal manera que crezcan no sólo en estatura, sino en sabiduría y gracia ante Dios y ante la sociedad, hasta que lleguen a formarse en hombres y mujeres de bien, que sean luminares que resplandezcan en un mundo que se encuentra en tinieblas.
Pero esta labor no podremos cumplirla jamás, a menos que comprendamos plenamente el significado de los hijos: Son un regalo de Dios para nuestras vidas, la herencia que Él nos ha dejado para que la cuidemos con tenacidad y paciencia, para no perderla, para no desperdiciarla, sino por el contrario, para que crezca y se multiplique.
Dios nos ha dado en su Palabra las instrucciones precisas para no fracasar y su promesa de estar con nosotros, si le obedecemos. Podemos fallar o equivocarnos en cualquier tarea que emprendamos en esta tierra, pero no tenemos derecho a fracasar con nuestros hijos, por cuanto es nuestra obra que perdurará aún después de nuestra muerte.
¡Nunca es tarde para comenzar! Y recuerde… cuidarles y educarles correctamente requiere lo mejor de nosotros mismos: tiempo, esfuerzo, recursos, pero lo más importante es el amor.
HABLEMOS CON DIOS
“Padre, qué maravilloso privilegio el que Tú me has dado. Gracias por el regalo de tu presencia en mi vida, la cual me asegura el éxito como padre o madre. Hoy rindo mi vida a ti para que me enseñes a ser un padre tan amoroso y especial como Tú. Muéstrame el camino y guíame con tu Santo Espíritu. Te entrego la vida de mis hijos y los bendigo en el nombre de Jesús, Amén”
Lolita Cruz de Chamorro.
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