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jueves, 31 de mayo de 2012

El señor siempre responde


Creyendo en la respuesta de Dios
“Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias;” (Colosenses 4:2)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Lucas 18:1-8

La oración en la vida de un cristiano, representa lo que para las plantas es un fertilizante; un medio a través del cual ven favorecido su desarrollo y crecimiento. La vida espiritual es como una planta que necesita cuidados, riego y podas que permitan al final del proceso obtener un hermoso fruto.

Muchas veces los hijos de Dios elevamos oraciones al Todopoderoso y ponemos en su altar alguna necesidad o petición especial, la cual, si no es respondida en el tiempo que nosotros creemos oportuno, con frecuencia nos desanimamos y desistimos; pero de acuerdo con lo que nos dice San Pablo en este pasaje, la actitud que debemos asumir es la de perseverar y dar gracias a Dios incluso por la aparente dificultad que estamos atravesando. La oración es el privilegio que tenemos los hijos de Dios de acercarnos a Él confiadamente. El sólo hecho de estar en su Presencia, es el mejor consuelo y la mayor respuesta que podamos tener.

La oración, como bien lo sabemos es hablar con Dios, y es la actividad más importante del cristiano: Buscarle para estar con Él, hablar con Él, descansar en Él; es decir, poner en práctica nuestra fe. Dios solamente busca el corazón de hombres y mujeres que estén dispuestos a creer en Él y a ejercitarse en la oración, la fe, y la perseverancia; actitudes que se logran solamente estando en la presencia del Señor, anhelando fervientemente sus atrios, hasta hallar su maravilloso consuelo, como el mismo rey David lo expresa: “En Dios solamente está acallada mi alma, de él viene mi salvación… alma mía en Dios solamente reposa”

Hoy podemos iniciar el camino de la perseverancia, el cual nos conduce a ver cumplidos todos nuestros anhelos. Pero, es necesario primero establecer en oración y con la dirección sabia de quienes cuidan nuestra vida espiritual, cuáles son aquellos objetivos que nos llevarán a la vida abundante y feliz que Dios quiere. Una vez definidas nuestras metas, lancémonos sin temor a la acción, con la seguridad de que la poderosa mano de Dios actuando en el fértil terreno de nuestra fe, dará los más extraordinarios frutos. Recuerde que la fe no puede menguarse si las respuestas de Dios tardan en llegar; la demora puede tener como objetivo formar el carácter de Cristo en nosotros. Si se cansa de orar tenga presente que Dios está ahí, siempre escucha, y lo mejor, siempre actúa; tal vez no como queremos, pero si como Él considera que es mejor.

HABLEMOS CON DIOS

“Padre eterno, hoy puedo descansar en tus promesas porque soy heredero de ellas, gracias por enseñarme que dependo de ti y que en ti todo lo tengo. Enséñame a esperar confiado, a disfrutar de tu amor y tu cuidado, haciendo tu voluntad, mientras Tú trabajas en aquello que me vas a responder. Regálame el don de perseverar, así veré siempre tus respuestas, a tu modo y en tu tiempo, que es el perfecto, el preciso, el mejor”.
Lolita Cruz de Chamorro.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Confrontando Temores


Haciendole frente a los miedos y temores.
“Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aún el viento y el mar le obedecen?” (Marcos 4:40-41)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Marcos 4:35-41; Hebreos 13:5-6

Todos los seres humanos experimentamos miedos, temores y fobias; pero cada uno de nosotros reaccionamos diferente frente a cada uno. El miedo es un sentimiento de inquietud causado por un peligro real o imaginario.

No cabe duda que los discípulos de Jesús eran pescadores experimentados, que conocían el Mar de Galilea, pues habían vivido y trabajado en el lugar toda su vida; enfrentaron una crisis personal de miedo que los llevo incluso al pánico a causa de una gran tormenta desatada en medio del lago. Las circunstancias eran reales, pero su imaginación los llevó a creer que morirían ese día.

Estaban con el Maestro, pero lo subestimaban; aunque habían visto a Jesús hacer muchos milagros, su inseguridad no les permitió creer que esa situación también la tenía Jesús en sus manos. Por lo tanto, el miedo que se inició en ellos, iba tornándose en angustia y pánico; que muy seguramente comenzó en uno o dos de ellos, pero luego se apoderó de todo el grupo; hasta el punto de creer que al Señor Jesús no le importaba lo que estaba sucediendo. Aunque la tormenta era real, Jesús les confronta por su falta de fe.

Muchas veces nosotros como hijos de Dios también experimentamos este tipo de situaciones, cuando sentimos miedo y creemos que Jesús está desentendido de lo que nos sucede; nuestros miedos pueden convertirse en verdaderas tormentas internas, frente a situaciones como el futuro, las enfermedades, la muerte, la soledad, la crisis económica, las catástrofes naturales, las relaciones afectivas, la familia, etc. Pero la palabra de Dios nos ratifica que el remedio para este mal es la fe, y ésta puede llegar a ser el recurso más poderoso e inquebrantable cuando de hacerle frente a los miedos y temores se trata.

HABLEMOS CON DIOS

“Bendito Señor gracias por recordarme cuán atento estás a mi vida y a todo lo que sucede a mi alrededor. Hoy creo que tengo en mis manos el recurso más poderoso para hacerle frente a mis miedos y temores; dame la medida de fe necesaria para creer que contigo todo lo puedo, porque me fortaleces. Gracias por tu protección, Amén”.
Lolita Cruz de Chamorro.

lunes, 28 de mayo de 2012

Mi Alabanza


Mi alabanza de gratitud
“Bendice, alma mía, a Jehová, Y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. El es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias; el que sacia de bien tu boca, de modo que te rejuvenezcas como el águila.” (Salmo 103:1-5)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 103:1-22

Por lo general existen diferentes formas que la gente usa para recordar las cosas, sobre todo aquellas muy significativas para su vida. Una de ellas es el “diario”. Cuando yo comencé mi vida cristiana, comencé a escribir un diario que me recordara las cosas, favores o prodigios que Dios hacía en mi nueva vida como hija de Dios. Allí escribía todo lo que me sucedía en mi nuevo caminar con el Señor; las cosas grandes y pequeñas. Esto era asombroso para mí porque fui descubriendo lo maravilloso que es recordar lo que Dios hace por sus hijos. Hoy no llevo un diario como antes porque tengo el mejor diario de la vida que es Su Palabra.

El salmo 103 es una exhortación a recordar con gratitud lo que Dios ha hecho a nuestro favor. Y la verdad es que hay muchísimos motivos por los cuales debemos agradecer a Dios, por todos sus actos gloriosos que sin merecerlos recaen sobre nuestra vida. El rey David nos muestra en sus salmos que la forma más grandiosa de hacerlo es por medio de la alabanza; este acto es señal de gratitud. Así como David tenía suficientes motivos de gratitud con Dios, nosotros igualmente los tenemos. Cada día tiene que haber en nuestro corazón el agradecimiento que exprese el alma por todos los actos gloriosos de nuestro Padre Dios.

Algo muy importante que no podemos olvidar, es alabar a Dios cuando las cosas no están del todo bien, hacerlo en medio del problema o la dificultad, trae fortaleza y paz a nuestra vida, pues Dios nos recuerda que nada hay imposible para Él. Por difícil que sea nuestra vida, siempre tendremos cosas lindas que contar.

Nosotros somos frágiles, pero el cuidado de Dios es eterno. ¡Sus bondades nunca faltan!

HABLEMOS CON DIOS

Señor, humildemente te pido me perdones, pues muchas veces no veo todo lo que me das; si tan solo reparara cada día en tus obras únicas y portentosas, mi corazón se llenaría de gratitud por tu amor y por tu fidelidad. Pido al Espíritu Santo me conceda recordar cada día todos tus beneficios y bondades, Amén”.
Lolita Cruz de Chamorro.

sábado, 26 de mayo de 2012

El Dar sin mirar a quien


La bendición del Dar

“Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir” (Mateo 6:38)

PASAJE COMPLEMENTARIO: LUCAS 8:1-3; 2 Corintios 9:1-15

Son varios los pasajes que podemos encontrar en la Biblia acerca de las bendiciones del dar, y es que dar significa proveer, ceder, proporcionar, transmitir y transferir algo. En el pasaje anterior el Señor nos desafía a dar y nos asegura recompensas grandes. Cuando decidimos dar, implica dar mucho más allá de lo material; además, implica cultivar una actitud gozosa al momento de hacerlo.

La Biblia hace referencia a la intervención oportuna de algunas mujeres en el ministerio de Jesús; que movidas por una sincera gratitud, por haber recibido un beneficio, se comprometieron a dar de sus bienes personales; como también de su tiempo y talentos, porque viajaban junto con Jesús y los discípulos a los lugares donde iban predicando el evangelio.

No cabe duda que ellas estaban felices por haber conocido al ser más maravilloso, a Jesús, quién les había brindado la oportunidad de comenzar una nueva vida, dándoles el regalo de la salvación. Jesús, les había mostrado lo valiosas y talentosas que eran, al permitirles que lo siguieran a los distintos lugares donde Él viajaba a predicar.

Ellas practicaron la generosidad, y no cerraron sus manos y menos su corazón para dar lo mejor de sí mismas; y pasaron a la historia, como mujeres de valor, recibiendo “medida buena, abundante... medida incontable de amor… de fidelidad, de provisión…” por parte de Dios. Cristo es nuestro modelo para imitar, es la máxima expresión de generosidad, entrega, renuncia, amor, etc. Es por ello, que al ser impactados por su amor, una de las respuestas inmediatas es volvernos dadivosos, generosos y colaboradores. Pidamos a Dios que nos permita dar con alegría con regocijo, que nos permita dar lo excelente, lo mejor.

HABLEMOS CON DIOS

Señor, gracias porque Tú también has sanado y librado mi ser. Ahora estoy en tus manos y me dispongo también para darte lo mejor de mi vida. Dame un corazón generoso con mi prójimo, porque mientras dependa de tu provisión, nada me faltará.


Lolita Cruz de Chamorro.

viernes, 25 de mayo de 2012

Orar por los nuestros

Orar por los que queremos
“Oyéndolo Jesús, le respondió: No temas; cree solamente, y será salva”. (Lucas 8:50)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Lucas 8:40-56

El sufrimiento de nuestros seres queridos no sólo nos debe causar tristeza, sino que debe impulsarnos a estar de rodillas y rogar a Dios por su intervención. Algunas veces la respuesta de Dios a nuestra necesidad viene enseguida, nuestra preocupación termina y lo solucionamos con un rápido «gracias Señor»; pero en aquellas circunstancias en las cuales el problema persiste por horas, días e incluso años ¿qué actitud es la que asumimos?

La Biblia nos relata un hermoso ejemplo de fe. Un hombre llamado Jairo, uno de los principales de la sinagoga, vino ante Jesús, y postrándose a sus pies le rogaba que le acompañase a casa donde se encontraba su única hija agonizando; mientras esto sucedía, vinieron de su casa con la lamentable noticia que su hija acababa de morir. Le invito a que piense por un instante que usted es el hombre de la historia. Colóquese en su lugar y estará de acuerdo en que seguramente la aflicción y el desaliento lo invadirían, su mente y corazón se sumirían en la más absoluta tristeza y sin ninguna esperanza, volvería a casa a enterrar a su hijita. Sin embargo, antes que Jairo pudiera reaccionar, Jesús escucha la noticia y con profunda compasión y autoridad al mismo tiempo, le dice las más maravillosas y esperanzadoras palabras: “No temas; cree solamente, y será salva”.

Jairo pudo haber creído a sus parientes que le decían: “Todo está perdido” “Nada se puede hacer” “No molestes más al Maestro” “Tu hija está muerta”, y perder toda esperanza, pero decidió oír y creer lo que Jesús le decía: “No temas”. Así lo hizo y su hija fue salva.

Querido amigo, esta es la respuesta que todo aquel que se presente ante Dios para clamar y rogar por su familia, recibirá departe del Todopoderoso. Lo único que debemos hacer es cultivar una fe genuina. Que sepamos muy bien quién es nuestra esperanza.

Puede ser que usted esté enfrentando hoy una situación de dolor, un problema de salud o una necesidad económica, y a pesar de su insistencia no haber recibido respuesta y solución. Hoy le invito a renovar su fe, su entrega a Dios y su esperanza en Él. Aférrese mucho más fuertemente al regazo de su Padre celestial, mientras escucha sus alentadoras palabras: “¿Habrá algo que sea difícil para mí?”

HABLEMOS CON DIOS

“Señor Jesús, confieso que muchas veces pierdo la paciencia y me desanimo ante circunstancias difíciles que mi familia atraviesa. Enséñame a creer, ayúdame a confiar. Sé que no debo escuchar las voces desalentadoras del mundo sino la voz del que todo lo puede, del que está por encima de toda situación. Enséñame a entender tu método y a esperar los tiempos de tu respuesta. Oh Señor, yo creo que Tú me responderás, que esta situación pasará y que mi familia conocerá que Tú eres nuestro único proveedor y sustentador. Amén”

Lolita Cruz de Chamorro.

martes, 22 de mayo de 2012

La oración aleja la aflicción


La Oración.
“De generación en generación es tu fidelidad; Tú afirmaste la tierra, y subsiste. Por tu ordenación subsisten todas las cosas hasta hoy, pues todas ellas te sirven. Si tu ley no hubiese sido mi delicia, ya en mi aflicción hubiera perecido.” (Salmo 119:90-92)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Hebreos 12:1-14

Todos pasamos por algún tiempo de nuestra vida por dificultades o adversidades, estas situaciones tienen que ver con tiempo de aflicción, angustia, preocupación, calamidad, dolor, etc. En esos momentos cuando se precisa poner en práctica nuestra fe, orando sin cesar y dejando que Dios nos de su fortaleza; la fe y la oración nos dan la capacidad de ver oportunidades en medio de los problemas y avanzar. De modo que cuando vengan esos tiempos inesperados, no se resienta, sino tenga en cuenta lo que dice el Manual de Vida “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28).

Los problemas que nos rodean son reales, pero Dios es más real y más poderoso que todos los problemas juntos. La aflicción es un problema devastador. ¿Qué hacer? Basta con levantar la mirada hacia las alturas desde donde Dios mira y quiere cambiar las cosas (Isaías 43:19). Uno de los beneficios más grandes de la oración es aprender a usarla como el mejor instrumento para enfrentar las dificultades que a veces amenazan con destruirnos. Tal vez la situación difícil que estemos atravesando nos lleva a creer que no hay salida, ni respuesta; que ya no tenemos esperanza, razón por la cual nos sentimos tan afligidos. Es entonces cuando necesitamos tener una relación íntima con el Padre, y clamarle. En mi vida he aprendido estos dos aspectos claves para enfrentar victoriosos los momentos de aflicción:

* Dejemos de mirar el problema y concentrémonos en buscar la solución de Dios. Quitemos los ojos de la dificultad y levantemos la mirada a él. Nos encontraremos con su sonrisa que comunica paz; su mirada nos da la seguridad que no estamos solos; con su mano extendida, da respuesta oportuna a nuestra necesidad

* Apartemos diariamente un tiempo de reposo con Dios. Un tiempo que nos permita buscar sin interrupciones la dirección de él, conocer sus pensamientos y tomar nuevas fuerzas para lo que falta del camino

HABLEMOS CON DIOS

“Padre bueno, me acerco a ti con un corazón humilde que reconoce la necesidad de tu amor y dirección. No permitas que dude de tu amor en ninguna circunstancia por mas difícil que parezca, ayúdame a entender el propósito en cada situación, Amén”.
Lolita Cruz de Chamorro.

lunes, 21 de mayo de 2012


Una madre excepcional
“Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y en Jerusalén tomaréis consuelo” (Isaías 66:13)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Isaías 66:10-14; Salmo 48:1-14

Toda palabra de Dios es una permanente invitación a disfrutar la vida abundante, próspera y fructífera que sólo Él nos puede dar. Todo mandamiento, precepto y ordenanza establecidos por Dios en su Palabra no es otra cosa que la forma como Dios ha decidido bendecirnos. Hay muchas promesas en las Escrituras que específicamente se refieren a ser receptores de grandes bendiciones, por tener en alta estima una tierra que Dios ama, Jerusalén. Es la tierra escogida por Dios, es la morada o habitación del Señor, es la tierra Santa. Visitar Jerusalén es ir a un encuentro personal con Dios, volver sobre las huellas de Jesús, comprobar que la Biblia sigue vigente y asumir un compromiso con la visión de ganar el mundo para Cristo.

Es cierto que podemos acercarnos a Dios en cualquier lugar, pero aquel que con una adecuada visión espiritual y sobre la base de esas promesas, se da una cita especial con su Papá Dios en su propia casa, disfrutará de ella. Ahora bien, esta bendición que Dios promete es integral, es decir, abarca todas las áreas de nuestra vida, como la bendición que viene de una madre para sus hijos: Seguridad y confianza en la protección divina, paz y sosiego en medio de las circunstancias difíciles, salud y fortaleza física, restauración y sanidad de las heridas y faltantes en el alma, avivamiento y poder al espíritu, prosperidad y bienestar en toda obra de nuestras manos, bienaventuranza y protección para nuestra tierra.

Pero, como si fuera poco, también el Señor ha prometido alegrarnos con Jerusalén. Cada peregrino que sube a Tierra Santa ha podido experimentar cómo Dios cambia su lamento en baile y llena su ser de un gozo inexplicable, el gozo de su santa Presencia. Es esta profunda seguridad y confianza, que nos da fuerza para luchar y seguir adelante victoriosos sobre todo problema y circunstancia, la que conocemos como El Consuelo de Dios. Es mucho más que la palmadita en la espalda. Es la certeza de su Presencia viva, palpable y real, que cambia nuestra debilidad en fortaleza, nuestra tristeza en alegría, nuestra incertidumbre en esperanza. Es la Presencia que lo llena todo, lo suple todo y lo satisface todo.

 HABLEMOS CON DIOS

“Señor, gracias por ser mi Padre y reservar una bendición tan grande para mi vida en Jerusalén. Hoy te pido que guardes y protejas este lugar único sobre la tierra. Concédeme la bendición de subir este año a Jerusalén, para disfrutar allí de tu amor y tu consolación.”.
Lolita Cruz de Chamorro.