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jueves, 30 de agosto de 2012

El amor siempre vence

El amor que nos ayuda a vencer
“Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”. (Romanos 8:37)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Isaías 43:1-5

¡Qué privilegio tan especial tienen los hombres que depositan su vida en las manos de Dios y se aseguran de ser guiados por Él. Cuando viene la adversidad, llega la prueba, y las circunstancias se tornan difíciles, entonces tienen la libertad para gritar victoriosos: «en todas estas cosas, somos más que vencedores».

Es la herencia, el legado de aquél que ha aceptado a Jesucristo como su Señor y Salvador personal. Comienza a pertenecer a partir de ese momento a la familia real, se convierte en hijo de Dios, y por lo tanto, en «la niña de sus ojos». Ser hijo de Dios es ser heredero de toda bendición espiritual en los lugares celestiales; objeto del entrañable amor y tierno cuidado de Papá Dios.

Para nosotros, sus hijos, la adversidad se convierte entonces en la más grande oportunidad para ver su gloria, y su poder manifestándose a nuestro favor, su fortaleza supliendo nuestra necesidad, y habilitándonos para que lo imposible se vuelva realidad.

Uno de los aspectos más conmovedores de nuestro amado Dios, es el cariño especial que tiene por el débil, el necesitado, el que está solo, y el que se encuentra en alguna desventaja; su cuidado se manifiesta, supliendo cualquier necesidad, y convirtiéndola en fortaleza y bendición.

Todo esto es posible para Aquél que nos amó hasta la muerte, tanto como para llevar en su propio cuerpo nuestro dolor, nuestra enfermedad, para que, de tal manera disfrutemos de toda libertad, salud total y victoria frente a las adversidades.

HABLEMOS CON DIOS

“Amado Padre, en la oscuridad he visto tu luz; en la dificultad, tu ayuda; en la duda, tu respuesta; has sabido convencerme, todo lo que creía imposible, Tú lo has hecho posible. Tu victoria en la cruz, es mi bandera que me motiva a continuar creyendo. Gracias por vencer las adversidades que se me presentan. Enséñame a confiar cada vez más en ti, Amén”.

Lolita Cruz de Chamorro.

miércoles, 29 de agosto de 2012

El Corazón y la Benignidad


La benignidad empieza en el corazón
“Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia;” (Colosenses 3:12)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Gálatas 5:22-23

La benignidad y la bondad son virtudes valiosas y necesarias, porque ellas prueban el bien del prójimo y nos identifican con el carácter de Dios, porque Él es el único realmente bueno y benigno.

La benignidad procura endulzar afablemente los corazones iracundos con palabras suaves y actos de misericordia, llevando esperanza. Es más, el alma que goza de benignidad es como una lámpara llena de aceite: con el buen ejemplo ilumina a los que van errados, unge con una suave conversación a los afligidos, sirve de medicina mediante sus virtudes al alma áspera, y sobre todo contagia de ese amor Divino y Sobrenatural.

Además, la persona benigna sabe escuchar sin impacientarse por la torpeza de la ignorancia ajena, o por la timidez del que se le acerca; trata sin dureza, sin maltratar, perdonando. La benignidad es lo contrario de la severidad, de la aspereza del malhumorado, o de la frialdad del indiferente.

No tenemos en nuestro idioma el término que exprese apropiadamente el significado de esta palabra: ya que la benignidad, se usa únicamente para significar dulzura y esta clase de dulzura consiste en manejar a los demás con gusto, cordialmente, con alegría, sin sentir la dificultad que siente los que tienen la benignidad sólo en calidad de virtud y no como fruto del Espíritu Santo.

Del mismo modo podemos decir que la bondad es muy similar a la benignidad, podemos decir que es el amor en acción. La bondad es una expresión del amor, la cual hace que el alma sea noble y caritativa, inspira al sacrificio y las acciones loables nunca faltan. En otras palabras, la bondad genuina es nuestra respuesta al amor de Dios, como nos lo muestran las Sagradas Escrituras.

HABLEMOS CON DIOS

“Mi Señor, en este día te ruego que me permitas desarrollar en mi vida la bondad, la benignidad y el amor genuino hacia mis semejantes. Gracias porque me has provisto de la cantidad de amor suficiente para que también yo ame a quienes me rodean, Amén”.

Lolita Cruz de Chamorro.

martes, 28 de agosto de 2012

Nuestro Corazón a Dios


Entregando nuestro corazón a Dios
“Pronto está mi corazón, oh Dios, mi corazón está dispuesto; cantaré y trovare salmos” (Salmo 57:7)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 57:1-11


Nos dice la Biblia que Dios revela sus secretos, pero al igual que yo, usted pensará lo mismo; que los secretos sólo se los cuenta o descubre a alguien de entera confianza. ¿Estamos de acuerdo? Pues, bien, lo mismo ocurre con Dios; sus secretos son para sus hijos de confianza. David fue uno de ellos; pero este rey se ganó el corazón de Dios. No mezquinó absolutamente nada, sino que dispuso todo para su Papá. ¿Será que nosotros sí somos capaces de disponer nuestro corazón para entregarlo a Él con prontitud?



La más grande necesidad en el mundo de hoy, es contar con hombres y mujeres que pongan el corazón y den lo mejor de sí en todo lo que hagan, que estén siempre dispuestos, listos, con la mano en el arado, que vean oportunidades en lugar de obstáculos, que presenten soluciones en lugar de quejas, que busquen alternativas en lugar de excusas.



El rey David fue un hombre que vivió con intensidad y con todo su corazón buscó a Dios, siempre estuvo dispuesto a aceptar desafíos, a enfrentar retos, a superar obstáculos por difíciles que estos fueran. Pero, sobre todas las cosas, siempre dispuesto a buscar a Dios con prontitud, con alegría, con profunda gratitud.



El resultado fue una vida prospera y desafiante. Esa misma vida Dios quiere darle a usted, si hoy aprende el secreto de cómo hacerlo: buscar a Dios con todo su corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas, confiar en su ayuda en tiempos buenos y en las tribulaciones. Él aquietará su corazón y le dará confianza. Se trate de enemigos o de fuerzas poderosas que se levantan contra nosotros, siempre hay algo mucho más fuerte, y es que Dios tiene total control. Tener victoria en todas las circunstancias no se trata entonces de no tener problemas o circunstancias difíciles a nuestro alrededor, sino de cultivar en nuestro interior, la más poderosa fuerza del universo: la fe en Dios.



HABLEMOS CON DIOS



“Amado Jesús, te entrego mi corazón, estoy dispuesto a hacerlo porque entiendo que contigo, en lugar de obstáculos hay alternativas y oportunidades. Te pido que me enseñes a permanecer fiel, tanto en los tiempos buenos como en los de prueba. Dame un corazón que descansa en tu fidelidad. Amén”.


Lolita Cruz de Chamorro.

lunes, 27 de agosto de 2012

Corazones Agradecidos


Corazones agradecidos
“Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; alabadle, bendecidle, bendecid su nombre”. (Salmo 100:4)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 118:1-29

La invitación del salmista para entrar en la presencia del Señor, es la de llegar a Él con alabanza, lo cual demuestra gozo por estar a su lado, seguido del dichoso reconocimiento de Dios como la fuente de todo bien, a tal punto que tendremos tanto, que estaremos capacitados para dar a otros y enseñarles también a ser agradecidos con nuestro Padre celestial.

La alabanza solo corresponde a Dios, por sus actos gloriosos, los cuales son maravillosos e incomparables. Por eso la Biblia dice: «porque no hay Dios tan grande como Tú». La alabanza nos permite decirle cosas hermosas a Papá Dios, expresiones nacidas de nuestro corazón, además es una forma de hablarle y reconocerle por su poder y grandeza.

Cada día tenemos muchos motivos para agradecerle. La gratitud nos da seguridad, confianza y mayor fortaleza para soportar los tiempos difíciles. Además, nos permite recordar que todo cuanto recibimos, proviene de su mano. La gratitud es característica del hijo que reconoce a Dios en todos sus caminos. ¿Cuántas veces ha agradecido a Dios por la vida que Él le da?

Expresemos hoy nuestro agradecimiento, reconociéndole como Dios y Señor: «Oh, Jehová, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra. Has puesto tu gloria sobre los cielos» Ofrezcámosle alabanza, como el salmista, alcemos nuestra voz para decirle: «Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; contaré todas tus maravillas. Me alegraré y me regocijaré en ti; cantaré a tu nombre, oh Altísimo.» (Salmo 8 y 9).

HABLEMOS CON DIOS

“Espíritu Santo, llévame a la presencia del Padre, con un corazón agradecido, no solo por lo que has hecho en mí y en mi familia, sino por todo lo que eres. Quiero permanecer en tu Presencia, pues es allí donde habito seguro, confiado y tengo fortaleza para enfrentar las dificultades y los obstáculos, Amén”.

Lolita Cruz de Chamorro.

viernes, 24 de agosto de 2012

La Excelencia de la Sabiduria


La excelencia de la Sabiduría
“Porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas; y todo cuanto se puede desear, no es de compararse con ella.” (Proverbios 8:11)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Job 28:12-28

El camino de la excelencia es un proceso que definitivamente requiere de sabiduría para avanzar en la vida y lograr el éxito y la realización tanto personal como profesional. Hablaremos, pues, del valor de la sabiduría; la sabiduría está más cerca de nosotros que de lo que nos imaginamos, no tiene precio, pero sí requiere de esfuerzo y compromiso para lograr alcanzarla.

Las personas por lo general aspiran a obtener muchos bienes materiales que les permiten tener una “calidad de vida” y lograr un status que les brinde comodidad y bienestar. Lo que le da sentido a nuestra existencia es la misión que vamos a cumplir en esta vida y esto implica descubrir quiénes somos y hacia dónde vamos.

El rey Salomón, considerado el hombre más sabio de todos los tiempos, radicó su éxito precisamente en este valor, porque no solo fue un hombre rico materialmente, sino un hombre inmensamente sabio, lleno de grandes realizaciones inspiradas gracias a la sabiduría que le fue dada por Dios.

También es importante entender que la sabiduría la da Dios a aquel que la busca con ahínco y que está dispuesto a entregar su corazón al Señor para un cambio definitivo y radical, pues ser sabio no es adquirir una serie de conocimientos o habilidades, sino es cultivar un corazón recto, sensato e íntegro, que ande en las sendas justas que Dios nos señala. Esto quiere decir que los diferentes ambientes donde nos movemos no pueden ser la excusa para actuar de una manera contraria a la voluntad de Dios y mucho menos para dar un mal testimonio, argumentando que todos lo hacen, siguiendo la corriente de este mundo.

Lo primero que debemos comprender para ser sabios, es la necesidad de buscar a Dios, porque Él es la fuente de todo conocimiento y el origen de toda sabiduría. Una vida rica de oración y meditación en la Palabra de Dios son las herramientas que Él usará para hacernos esos hijos sabios, que como consecuencia, prosperen y tengan victoria en todas las cosas.

HABLEMOS CON DIOS

“Amado Señor, toma mis sentidos y ejercítalos para que pueda entender tu Palabra cada mañana muy temprano, para que sea lámpara a mis pies, que alumbre el camino por donde he de andar. Decido dejar de lado, mi propia sabiduría y te pido Espíritu Santo que me guíes por las sendas trazadas por ti, Amén”.

Lolita Cruz de Chamorro.

jueves, 23 de agosto de 2012

Amor Incondicional


El amor incondicional de Dios
 “Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él” (1 Juan 4:16)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Efesios 3:14-21

Muchos ya no quieren comer o dormir por pensar en un amor, muchos otros pierden la ilusión de vivir si llegan a perder un amor, muchos darían cualquier cosa, lo que le pidieran, por un poquito de amor. Otros, por el contrario, hacen enormes sacrificios, grandes hazañas y actos heroicos por amor. Sin embargo, estas son sólo concepciones y manifestaciones humanas del amor. Entonces, usted se preguntará ¿Qué es el verdadero y completo amor? ¿Dónde encontrarlo?

Para responder a esta pregunta, debemos empezar por decir que el amor no es un sentimiento, tampoco es una emoción como muchos creen, sino que su esencia misma, es Dios, como lo dicen las mismas Escrituras. Esto nos muestra que cuando le permitimos a Dios actuar en nuestra vida, no solo nos llena, sino que nos da la oportunidad de compartirlo con otros y seguir sintiéndonos igualmente satisfechos, lo cual nos indica que su naturaleza, es espiritual y por lo tanto solo es transmitida por Dios a nuestro espíritu.

No hay amor humano que pueda compararse con el amor de Dios, puesto que el hombre es un ser limitado, finito, y todo lo que él siente o hace, lleva esa marca, mientras que Dios es infinito, inconmensurable, generoso, eterno, y así es su amor. Para comprender mejor este concepto veamos los ejemplos maravillosos que a diario Dios nos da a través de cosas, pero significativas, como la rosa que se abre cada mañana con sus bellos colores para todos los seres que la quieren ver, o como el sol que sale para buenos y malos, o la lluvia que cae para justos e injustos, o como el canto de los pájaros que deleitan a ricos y pobres.

En otras palabras, este amor que viene de Dios, no hace acepción de personas. Él lo ofrece a toda persona sin distingo, sin discriminación. Por tanto, si deseamos vivir una vida extasiada de éste amor, se hace absolutamente necesario aceptar por medio de la fe en Jesucristo, este amor que viene de Dios. El amor de Dios, no tiene que ver con nuestra conducta, tiene que ver con lo que somos ahora para Dios, sus hijos.

HABLEMOS CON DIOS

“Bendito Padre, qué maravillosa ha sido mi vida desde el momento en que te recibí en mi corazón; me diste a conocer el verdadero amor, ese que jamás se agota, que sobrepasa mis fuerzas y mi lógica, ese amor eterno con el que me has amado. Gracias porque hoy te pertenezco y nada podrá separarme de tu amor, Amén”.

Lolita Cruz de Chamorro.

viernes, 17 de agosto de 2012

Descansando en ti.


Descansando en Él
"Echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros". (1 Pedro 5:7)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Marcos 7:24-30

Las dificultades revelan nuestra debilidad, nuestra impotencia y nuestra vulnerabilidad ante situaciones que se escapan de nuestro control. Esto nos lleva a entender que no podemos ser autosuficientes, que necesitamos de Dios. La clave para hallar el descanso es derramar delante del Señor el corazón, confesando aun errores cometidos, colocando delante de Él la queja, lo que nos inquieta, lo que nos duele, nuestra frustración; es entregarse a Dios para que Él venza cualquier dificultad que tengamos; es entender que el único verdaderamente compasivo ante nuestros sufrimientos es Aquel que sufrió hasta la muerte de cruz y en quien tuvimos libre acceso al Padre, al que todo lo puede, al que es el oportuno socorro para nuestra alma.

Sólo el Señor tiene el poder y la autoridad para conocer el estado de nuestra alma, de nuestro corazón; Él sabe muy bien de nuestras angustias y cargas, por eso nos ofrece aliviarlas. Él nos dice: "vengan a mí", lo que significa que siempre estará esperando que nosotros vayamos a su Presencia en oración y sobre todo con la fe y la confianza que Él merece. Sólo Jesús nos hace descansar, de tal manera que nuestra pesada carga se convierte en algo liviano y fácil de llevar. De esta manera se nos abre un panorama lleno de esperanza, donde las aflicciones se tornan en un futuro consolador.

Cuando dejamos que nuestra alma y nuestro corazón se llenen de angustia, cuando acumulamos y guardamos heridas, rencores, malos deseos, miedos; llegará un momento en que no soportamos más, y hasta perdemos de vista nuestra relación con Dios y nuestra posición como hijos suyos. Terminamos apesadumbrados y derrotados.

Descansar en el Señor es una muestra de confianza. Él conoce nuestra senda como lo dice su Palabra, Él lo sabe todo, y no necesitaría que se lo digamos; pero cuando lo hacemos, cuando le hablamos acerca de nuestros problemas, cuando ponemos nuestra vida en sus manos, nuestro corazón recibe alivio, descansa y queda vacío para poder ser lleno del amor de Dios y de su Palabra que nos guía y nos conforta para seguir adelante. Además, en nuestros corazones, ahora confiados y seguros, se producirán alabanzas y acciones de gracias genuinas hacia Dios, porque hemos visto su ayuda y somos conscientes de haber sido alcanzados por su misericordia.

HABLEMOS CON DIOS

"Amado Señor, en esta oportunidad te pido perdón porque muchas veces he sentido ansiedad y miedo. Hoy, a la luz de tu Palabra comprendo que es porque no me he esforzado lo suficiente para conocerte y escucharte. Te entrego en este día, no sólo mis problemas porque Tú si sabes cómo resolverlos y tienes tu método y tiempo perfecto, sino también mi corazón, porque sólo Tú sabes cómo amarlo y hacerlo feliz. Amén".

Lolita Cruz de Chamorro.