Lo que nunca falla
“Porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios. Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones” (2 Corintios 1:20-22)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Lucas 24:36-49, Hechos 1 y 2
La gran mayoría de los seres humanos desconocen en Dios al Padre cercano y verdadero que nos ofrece una vida con sentido y felicidad, nos reviste de un linaje especial, nos hace poseedores de magníficas promesas de bendición y provee para cada uno de nosotros, un extraordinario propósito para vivir. Esto hace que muchas personas lleven vidas intrascendentes y sin propósito, desconociendo lo que realmente son, “viviendo para sobrevivir”, pudiendo ser, por el contrario, realmente felices, proporcionando felicidad a otros.
Pero es extraordinario saber que hoy tenemos la oportunidad de comenzar de nuevo, de volver a creer, de ser poseedores por la fe en Jesucristo de toda bendición espiritual en los lugares celestiales (Efesios 1:3). Dios ha provisto para cada creyente la más grande herencia, el mayor tesoro: Su Santo Espíritu. Él representa el cumplimiento de todas las promesas juntas dispuestas para el cristiano, y que se reciben única y exclusivamente cuando creemos en Jesucristo, a través de la Palabra de Verdad, del evangelio de nuestra salvación. Él constituye las arras de nuestra herencia, el anticipo de la vida eterna, la garantía de la posesión adquirida. Él es todo lo que nuestro buen Padre quiere darnos, todo lo que un hijo de Dios necesita para sobrellevar las exigencias cotidianas y ser feliz. Él es el manantial de agua viva que quita toda la sed y renueva nuestras fuerzas.
Si hasta este momento albergaba usted alguna duda respecto al cumplimiento de las promesas de Dios, hoy nos queda absolutamente claro que Él ya cumplió. Hoy tenemos una razón más para creer en la veracidad de sus palabras, para comprender que ni una de ellas dejará de cumplirse. Hoy sólo podemos volver nuestro corazón totalmente confiado a nuestro Amado Padre, entregarle nuestra vida y agradecidos, estar dispuestos a seguirle de todo corazón, mientras nos dejamos cautivar de su hermosa aseveración: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:13)
HABLEMOS CON DIOS
“Señor, hoy entiendo que la más grande manifestación de tu amor paternal es el regalo de tu Santo Espíritu. A través de Él, se cumplen todas las promesas divinas para mí vida. Así que humildemente reconozco a Cristo como mi Salvador y le entrego mi vida como Señor. Que tu Santo Espíritu tome el control de mi ser y me guíe al cumplimiento de tu perfecta voluntad. Gracias Padre, porque ahora tengo todo lo que necesito para ser feliz”
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miércoles, 22 de febrero de 2012
martes, 21 de febrero de 2012
¿Dios restaura individuos y naciones?
Dios restaura individuos y naciones
“Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos.” (Isaías 44:3)
PASAJE COMPLEMENTARIO: 2 Crónicas 7:14, Jeremías 31:17
Que fácil es experimentar desánimo y preocupación ante el panorama del mundo actual, y plantearse miles de inquietudes y preguntas acerca del rumbo de las cosas y del futuro, muchas de las cuales quedarán sin respuestas. Sin embargo, hoy podemos contar con una extraordinaria seguridad, la que nos es proporcionada por la fe en las inquebrantables promesas de Dios, llenando de alegría y esperanza al corazón de aquellos que le creen. Él es el único, el Omnipotente Dios, capaz de derramar aguas sobre el sequedal en que se ha convertido nuestra vida y ríos en medio de la aridez que existe en el corazón de muchos seres humanos.
Él es el único capaz de brindar esperanza a nuestros renuevos, que son nuestros hijos, en medio de un mundo al que hemos llenado de tristeza, de injusticia y de dolor.
Buscar a Dios, conocerlo, escudriñar su Palabra, estar dispuestos a obedecerle, constituye la más alta garantía de que Él estará con nosotros, que no nos dejará, que saldrá por nosotros cada día. Esta fue la enseñanza que David, un rey muy famoso y próspero, daba a su hijo, como la más grande herencia que podía dejarle antes de partir; por encima del oro, la plata, la fama y el poder: “Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre.” (1 Crónicas 28:9).
El que se acerca para conocer a Dios, descubrirá la paz que sobrepasa el entendimiento humano, pues entenderá que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta; que sus pensamientos son de bien y de paz, y que Él no desea que ninguno de sus hijos sufra, que ninguno de sus hijos se pierda. Descubrirá que Dios planea bendecir a los pueblos y naciones que a Él se acojan, pues tiene el poder necesario para transformar todas las cosas, por imposibles que parezcan, aún los viejos sistemas que oprimen, engañan y esclavizan.
HABLEMOS CON DIOS
“Señor, hoy comprendo que lo que tú necesitas para transformar un país, es hombres y mujeres que te busquen, que te crean, que te amen y que estén dispuestos a servirte como instrumentos de bendición, de paz y reconciliación. Hoy quiero unirme a tu deseo de bendecir nuestra tierra, me coloco de parte tuya, Señor, en la tarea de restaurar mi país. Hoy dispongo mi vida para recorrer el camino que tú me señalas, el de la entrega y el compromiso por mi país”.
Lolita Cruz de Chamorro.
“Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos.” (Isaías 44:3)
PASAJE COMPLEMENTARIO: 2 Crónicas 7:14, Jeremías 31:17
Que fácil es experimentar desánimo y preocupación ante el panorama del mundo actual, y plantearse miles de inquietudes y preguntas acerca del rumbo de las cosas y del futuro, muchas de las cuales quedarán sin respuestas. Sin embargo, hoy podemos contar con una extraordinaria seguridad, la que nos es proporcionada por la fe en las inquebrantables promesas de Dios, llenando de alegría y esperanza al corazón de aquellos que le creen. Él es el único, el Omnipotente Dios, capaz de derramar aguas sobre el sequedal en que se ha convertido nuestra vida y ríos en medio de la aridez que existe en el corazón de muchos seres humanos.
Él es el único capaz de brindar esperanza a nuestros renuevos, que son nuestros hijos, en medio de un mundo al que hemos llenado de tristeza, de injusticia y de dolor.
Buscar a Dios, conocerlo, escudriñar su Palabra, estar dispuestos a obedecerle, constituye la más alta garantía de que Él estará con nosotros, que no nos dejará, que saldrá por nosotros cada día. Esta fue la enseñanza que David, un rey muy famoso y próspero, daba a su hijo, como la más grande herencia que podía dejarle antes de partir; por encima del oro, la plata, la fama y el poder: “Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre.” (1 Crónicas 28:9).
El que se acerca para conocer a Dios, descubrirá la paz que sobrepasa el entendimiento humano, pues entenderá que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta; que sus pensamientos son de bien y de paz, y que Él no desea que ninguno de sus hijos sufra, que ninguno de sus hijos se pierda. Descubrirá que Dios planea bendecir a los pueblos y naciones que a Él se acojan, pues tiene el poder necesario para transformar todas las cosas, por imposibles que parezcan, aún los viejos sistemas que oprimen, engañan y esclavizan.
HABLEMOS CON DIOS
“Señor, hoy comprendo que lo que tú necesitas para transformar un país, es hombres y mujeres que te busquen, que te crean, que te amen y que estén dispuestos a servirte como instrumentos de bendición, de paz y reconciliación. Hoy quiero unirme a tu deseo de bendecir nuestra tierra, me coloco de parte tuya, Señor, en la tarea de restaurar mi país. Hoy dispongo mi vida para recorrer el camino que tú me señalas, el de la entrega y el compromiso por mi país”.
Lolita Cruz de Chamorro.
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