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martes, 14 de febrero de 2012

¿Queremos alcanzar el verdadero fruto de la integridad?

El fruto de la integridad


“Porque sol y escudo es Jehová Dios; gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad. Jehová de los ejércitos, dichoso el hombre que en ti confía.” (Salmo 84:11-12)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 24:1-6; Salmo 73:1-28

Si alguna vez querido amigo, ha pensado que no vale la pena buscar la integridad y la santidad en su vida, porque ve que los malos no reciben su merecido, sino que andan muchas veces en la desfachatez de la impunidad, quiero recordarle que en el Manual de Vida, la Biblia, Dios mismo nos ratifica que hay enormes recompensas para el hombre de bien. Aquel que confía plenamente en Dios, y busca agradarlo, se guarda del mal, retiene su integridad, se mantiene intachable e irreprensible delante de los hombres, y delante de Dios, podrá disfrutar de estas extraordinarias bendiciones:

• Protección: Dios mismo le brindará su protección y su ayuda. Le defenderá y le mantendrá seguro, a salvo de cualquier cosa que pueda dañarle. Su presencia le guiará, le dará calor y le iluminará. No se perderá, no temerá, estará seguro

• Gracia y gloria: Lo pondrá en alto para que sea luz en medio de la oscuridad, para que glorifique a Dios con sus acciones. Le convertirá en un instrumento útil en sus manos para llevar bendición a vidas, familias y naciones enteras

• Bendición integral: No faltará la bendición de Dios que enriquece, prospera y multiplica todo lo que toca. Esta se refiere no sólo a bienes de tipo material, sino a riquezas de carácter integral: Vida espiritual, salud psicológica y emocional, unidad y armonía familiar, respaldo laboral, fortaleza física, correcta y benéfica interacción con el entorno (las personas y el ambiente físico)

• Gozo: Su corazón experimentará la paz al estar en armonía con la perfecta voluntad de Dios. Un regocijo profundo y sobrenatural inundará su ser. A pesar de las circunstancias, tendrá la capacidad de ser feliz

Por el contrario, el Señor advierte a todos aquellos que desviando su camino, pretendan prosperar a través de la violencia, el soborno, la corrupción, o tantas de las actividades ilícitas que hoy conocemos. Aunque por un tiempo las cosas les resulten bien, tarde o temprano caen, son despojados de todo, tienen que huir de sus tierras y dejar a sus familias, y lo que es peor aún, se convierten en vidas sin trascendencia eterna, de repente desaparecen y nadie desea acordarse de ellos.

HABLEMOS CON DIOS

“Oh, Padre maravilloso y fiel, que has dispuesto felicidad y prosperidad para mí, gozo y alegría eterna. Enséñame, por tu Santo Espíritu, a ser sabio(a), a confiar en ti, a guardarme en integridad, comunicando un testimonio vivo y real, que cautive muchos corazones para que se acerquen a ti”.

Lolita Cruz de Chamorro.

lunes, 13 de febrero de 2012

¿Desea usted sentirse libre, sano y con un nuevo corazón capaz de perdonar, de recibir y prodigar amor?

La mas grande salvación



“Jehová redime el alma de sus siervos, y no serán condenados cuantos en él confían” (Salmo 34:22)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Efesios 2:1-22

Hay hermosas historias de valor y de encomiable nobleza, en las que algunos hombres se han comprometido con la vida de otros que no tenían ninguna oportunidad. Parejas que han brindado todo su amor a un niño enfermo o limitado, adoptándolo como hijo; padrinos que han invertido todo lo que tienen para apoyar a un joven científico o artista, o personas que han entregado posesiones por liberar a otros que se encontraban presos o en cadenas de esclavitud.

Pero la más grande redención, entendiendo ésta como el pago de un precio por la libertad, fue aquella en la cual Jesucristo entregó su vida y derramó su preciosa sangre por nosotros, cuando, según la misma palabra de Dios, éramos sus enemigos y vivíamos ajenos a sus enseñanzas y a su amor. Nos encontró aunque no le buscábamos, nos sanó aunque no se lo pedimos, nos salvó aunque no lo merecíamos. Quitó el pecado que nos esclavizaba para poder presentarnos libres al Padre, y ya limpios, sanarnos, restaurarnos y transformarnos en hombres y mujeres nuevas. Además, su propósito es capacitarnos y habilitarnos sobrenaturalmente a través de su Santo Espíritu, para ser sus siervos, sus ministros, sus representantes ante el mundo.

Todo esto sucede a partir de una respuesta del hombre al amor de Dios. Cuando el ser humano se acerca a Dios, conoce y recibe su maravilloso e incomparable amor manifestado en la redención que le trae perdón y libertad, entonces su corazón puede confiar firmemente en sus promesas de bendición y comienza a actuar en obediencia a sus instrucciones, sin apartarse de ellas ni a derecha ni a izquierda. He aquí, la verdadera confianza que Dios premia.

¿Desea usted sentirse libre, sano y con un nuevo corazón capaz de perdonar, de recibir y prodigar amor?

Entonces acérquese con libertad a su Papá Dios, reciba el regalo de su amor y confíe plenamente en sus promesas de bendición.

HABLEMOS CON DIOS

“Señor Jesús, hoy comprendo que Tú pagaste por mi rescate y lo único que debo hacer es apropiarme de la salvación que ganaste para mí en la cruz. Declaro que en tu nombre Jesús y en el poder del Espíritu Santo, ahora soy libre de toda esclavitud, sano de toda herida del pasado, y dispuesto a disfrutar de tu compañía, pues puedo acercarme con confianza cada día a tu regazo de Papá. Amén”

viernes, 10 de febrero de 2012

¿Disfruta usted ser amigo(a) de Dios?

El verdadero amigo


“Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando” (Juan 15:14)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Juan 15:1-17

En una ocasión, un pequeño niño que lustraba zapatos en el centro de la ciudad conversaba con un cliente muy elegante e influyente, quien le preguntó con quién vivía. El niño le respondió que con un amigo lisiado a quien él sostenía con su trabajo. “Debe darte mucho trabajo, ese amigo”- le dijo el hombre-. “¿No sería mejor que estuvieras solo?”. “¡Oh, no!”, le contestó el niño categóricamente. “No tendría a nadie que me esperara en casa al regresar cada día”.

En nuestra época, es común observar cómo la amistad se mide y se calcula, se condiciona muchas veces a un beneficio que se espera obtener o se limita a una conveniencia. Pero la amistad que Dios nos ofrece está muy lejos de ser lo que nosotros conocemos hasta ahora. El manual de vida por excelencia, la Biblia, nos enseña que la verdadera amistad es la que lleva a alguien a poner su vida por otro. Como en la ilustración, este tipo de sacrificio es inconcebible para muchos, pero no para quienes entienden el verdadero significado del amor. Existe alguien que ofrece convertirse en nuestro mejor amigo, un verdadero amigo: Es el señor Jesucristo. Él nos ha demostrado su amor como nadie más lo ha podido ni lo podrá hacer. Él dio su vida por la nuestra, murió en nuestro lugar, pagó en su propio cuerpo el precio por nuestra salud y nuestra paz. Siendo Jesucristo Señor y Creador, debería llamarnos siervos, pero nos llama amigos.

¡Cuánto consuelo y seguridad nos da el Señor al escogernos como sus amigos personales! Cuando descubrí esta verdad me conmoví tanto que las lágrimas rodaron por mis mejillas. Sin embargo, pronto comprendí que si Él era mi mejor amigo, yo también debía ser una verdadera amiga. Descubrí que la inmensa generosidad recibida de parte de Dios sólo puede generar en mí una respuesta que va más allá de cualquier sentimiento o emoción: Amor y gratitud, y que la obediencia es la más grande demostración de nuestro amor y gratitud a Dios. ¿Disfruta usted ser amigo(a) de Dios? El verdadero amigo siempre desea lo mejor para el otro. Lo mejor que el Señor quiere para nosotros es que siempre disfrutemos de tenerlo a nuestro lado, y para ello nos pide fidelidad y obediencia.

HABLEMOS CON DIOS

“Señor gracias por el privilegio maravilloso que me das al llamarme tu amigo(a) y ser el objeto de un amor infinitamente generoso e incondicional. Permíteme responder a este hermoso regalo que me das, obedeciéndote en todo, siguiendo tu ejemplo y permaneciendo fiel a ti. Tu presencia me llena de seguridad porque no me siento solo(a), gracias por tu incomparable amor. Amén”.

jueves, 9 de febrero de 2012

¿Amando los mandamientos de Dios manifestamos nuestro amor a el?

El secreto de la paz


“Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo” (Salmo 119:165)

PASAJE COMPLEMENTARIO Juan 14:15-31

En nuestro diario caminar, por lo general, siempre tendremos motivos para experimentar diferentes estados de ánimo, muchos de los cuales se convierten en verdaderos conflictos que nos abaten y nos quitan la tranquilidad. Pero la promesa del Señor es que en medio de cualquier circunstancia adversa, podemos tener paz en nuestro espíritu, sosiego y equilibrio en nuestra alma y aún, bienestar, fuerza y vigor en nuestro cuerpo; esto es posible porque la presencia de Dios, la cual es la fuente inagotable de todo bien y de todo poder, es una promesa inquebrantable que Jesús nos hizo, con tan sólo creer en Él y amarlo a través de nuestra obediencia a sus principios.

Esta fue la preciosa enseñanza que Jesús dejó a sus discípulos, la cual les llenó de consuelo y esperanza. Si amaban a Jesús realmente, vivirían como Él les enseñó, guardarían sus mandamientos y los pondrían por obra, así reproducirían la vida de Cristo por todas partes. Entonces, fruto de este amor verdadero, el Espíritu Santo haría morada en sus corazones y nunca más se sentirían solos; por el contrario, disfrutarían de una paz indescriptible y sobrenatural que quitaría para siempre su temor y su confusión.

Muchas veces nos preguntamos cómo hacer para no equivocarnos, para no tropezar tanto en la vida; o qué tenemos que hacer para poder experimentar a diario esa paz que intuimos, el mundo no nos puede dar. Esta porción de la Biblia es muy clara: La única manera de vivir y disfrutar esa paz completa y verdadera, es amando, meditando y obedeciendo la ley de nuestro Padre Dios.

Es necesario aprender que los mandamientos de Dios no son un código rígido, sino la voz de un Padre que nos ama. Sus leyes nos guardan de hacer y hacernos daño, nos permiten andar en rectitud e integridad delante de Dios y de los seres humanos, nos dan sabiduría para vivir. Por eso el salmista escribe con tanta gratitud, pues en la palabra de Dios él encuentra más que dirección: Halla a Dios mismo y, donde está Dios no falta nada. Donde está Dios, está la paz que tanto anhelamos. A lo largo de mi vida he encontrado que este es el camino más sencillo para ser feliz, vivir en paz y tenerlo todo, ¿y usted?

HABLEMOS CON DIOS

“Amado Padre, hoy te digo como el salmista: Enséñame tus estatutos. Anhelo mucha paz, pero hoy entiendo que para tenerla debo aprender a amar tus mandamientos y tus preceptos, porque ellos son vida para mí, me llevan por el camino del bien, me guardan de peligros y males, de tropiezos y aflicciones. Ellos me conducen por sendas de excelencia. Hoy decido buscar tu ley, decido buscarte a ti, porque así encontraré tu paz. Amén”.

miércoles, 8 de febrero de 2012

¿Dios recompensa la fidelidad del hombre?

Recompensa a la fidelidad



“Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades” (Lucas 19:17)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Lucas 19:11-27; 1 Corintios 4:1-2

¡Qué sorprendente saber que lo encomendado por este hombre noble a sus siervos equivalía al salario de un obrero por casi cien años de trabajo! Esto nos muestra la confianza que Dios tiene en cada uno de sus hijos al darnos multiplicidad de talentos y esperar de nosotros los mejores resultados. Así mismo, esta conocida enseñanza de Jesús nos revela también el profundo interés del Señor en recompensar toda buena obra, toda actitud de fidelidad y persistencia, todo trabajo dedicado, diligente y efectivo.

El llamado del Señor es a que seamos sabios en el manejo de cada uno de esos talentos que Él mismo nos ha entregado. Lo que Dios espera de nosotros como administradores suyos, es que en el momento de rendir cuentas seamos hallados fieles en todo. Esto se logra cuando reconocemos que la vida puede ser una experiencia donde sólo busquemos nuestro propio bien, o puede ser la oportunidad para que, libres de todo egoísmo, decidamos servirle a Dios

Lo que hacemos dice mucho de lo que somos. Cada trabajo es como un autorretrato de la persona que lo realiza y la verdadera excelencia está en la manera como cumplimos las pequeñas delegaciones y realizamos las tareas más sencillas. Dios nos pide que hagamos las cosas con excelencia y que seamos honestos aún en los más pequeños detalles.

Las riquezas en el cielo son mucho más valiosas que las terrenales y es por esto, que si no somos confiables con éstas (dinero, salud, talentos), sin importar lo mucho o lo poco que tengamos, no estamos en condiciones de encargarnos de las grandes riquezas del Reino de Dios. Valoremos todas aquellas cosas que Dios nos ha dado, seamos agradecidos, fieles y confiables, para que Él nos pueda delegar aún más. Nuestro anhelo y decisión debe ser la actitud que tuvieron los dos hombres que multiplicaron lo recibido: fe, tenacidad, valentía, trabajo, esfuerzo. Si esto hacemos al colocar nuestros talentos al servicio de Dios, también de su mano recibiremos maravillosas y eternas recompensas.

HABLEMOS CON DIOS

“Amado Señor, te doy gracias por confiar en mí al darme tantos dones y talentos, demostrándome una vez más la grandeza de tu amor y tus muchas misericordias. Te pido me enseñes a ser fiel, a ser diligente y esforzado(a) para administrar con sabiduría lo que me has encomendado: Mi salud, mi familia, mi profesión, mi país, mi vida”.

Lolita Cruz de Chamorro.

viernes, 3 de febrero de 2012

Jesucristo nuestro mayor regalo...!

Regalo incomparable



“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23)

PASAJE COMPLEMENTARIO: Juan 3:1-21

Cuando leemos el Manual de la Vida, la Biblia, que Dios nos dio un regalo que no tiene precio, como es la vida de su Hijo Jesucristo, necesariamente tenemos que pensar en el amor incomparable de Papá Dios, que entregó lo más precioso y amado, con el único fin de rescatarnos de la muerte eterna.

La vida eterna es una dádiva, un regalo el cual Dios espera que disfrutemos a plenitud. Se aplica a aquellos que creen en Jesucristo y lo reciben en su corazón como Señor y Salvador. A partir de ese instante, todo lo que es verdad acerca de Cristo, el Padre reconoce que es verdad acerca de nosotros. Debido a que Jesucristo satisfizo la demanda de justicia del Padre, el hombre, en el momento en que cree, es justificado. Esto quiere decir que somos redimidos de nuestros pecados y hechos justos delante de Dios. Recibimos el perdón y comenzamos a disfrutar de la libertad que nos da la seguridad en el amor de Dios y que nada nos puede separar de Él. Se produce la regeneración o nuevo nacimiento, que es una identificación total con Jesucristo, en unión perfecta con Él a través del Espíritu Santo, de tal forma que el creyente ahora es carne de su carne y hueso de sus huesos.

Algo extraordinario sucede respecto a la vida eterna: Cuando la persona cree en Jesucristo, queda incondicionalmente aceptado por Dios, y su salvación no está en peligro. Se produce entonces una vida, no de esfuerzo para ser aceptados por Él, sino de un constante reconocimiento y gratitud por esa aceptación divina.

HABLEMOS CON DIOS

“Padre amado, hoy comprendo que mi llamado es a disfrutar de tan grandioso regalo, recibiendo a Cristo en mi corazón, cediéndole el trono de mi vida y pidiéndole que haga de mí la persona que Él quiere que sea. Hoy me acerco a ti para pedirte que hagas esta hermosa obra en mí, que Cristo viva plenamente en y a través de mí para poder disfrutar así de la maravillosa vida eterna que es desde ahora y para siempre”

Lolita Cruz de Chamorro.

jueves, 2 de febrero de 2012

¿Buscar a Dios, es buscar lo mejor?

Aprendiendo a buscar lo mejor


“Jehová estará con vosotros, si vosotros estuviereis con él; y si le buscareis, será hallado de vosotros” (2 Crónicas 15:2)

PASAJE COMPLEMENTARIO 2 Crónicas 15:1-15; Isaías 55:1-11

Un padre encargó un día a su hijo la tarea de retirar una pesada roca que obstaculizaba el paso por el camino, aclarándole que hiciera uso de todas sus fuerzas. El niño hizo varios intentos sin poder moverla ni un centímetro. Finalmente rendido vino a su padre y le declaró su fracaso. El padre le recordó que le había dicho: “Con todas tus fuerzas” y no había hecho uso de ellas, pues nunca se había acercado a su padre a pedir que le ayudara. “Todas”, quería decir las fuerzas del niño sumadas a las de su padre, quien estaría dispuesto a ayudarle.

Así también nosotros, muchas veces experimentamos desánimo y preocupación ante nuestra situación personal o ante el panorama del mundo actual, sin entender del todo que como hijos de Dios contamos por herencia con todo lo que a Dios le pertenece: Su amor, su paz, su poder. Buscar a Dios, estar con Él, constituye la mayor garantía de que Él estará con nosotros, que no nos dejará solos y que nada nos hará falta.

La palabra de Dios constantemente nos invita a buscar a Dios para depositar en Él nuestras necesidades puesto que es el único que tiene autoridad y control sobre todas las situaciones de nuestra vida, dándonos la seguridad de que le encontraremos. El problema viene cuando corremos a otros caminos y tomamos decisiones no correctas, y desde luego viene el momento que no sabemos qué hacer. Pero, si al reconocer nuestra impotencia venimos a Él, Dios viene en nuestra ayuda.

HABLEMOS CON DIOS

“Mi buen Padre, hoy me acerco a ti como hijo, apropiándome del derecho que el Señor Jesús ganó para mí, de estar contigo, disfrutar de tu tierna compañía y recibir tu bendición. Aunque me diste libertad, yo quiero hacer uso de ella para decidir estar contigo siempre y seguir tu dirección. Cada día te buscaré como el ciervo que clama por las corrientes de las aguas. No quiero estar separado de ti, pues como el pámpano separado de la vid, nada podría hacer”.

Lolita Cruz de Chamorro.